Adela es un parteaguas en las nuevas búsquedas que, desde la actuación, experimentó la cinematografía nacional en la década del sesenta; uno de sus rostros más singulares, sinceros y naturales. Adela fue fuerza y ruptura; y eso lo supo bien Humberto Solás quien fijo su rostro en la gran pantalla con Manuela y Lucía. Adela fue muchas mujeres en el cine, pero siempre fue Adela.

“Lo primero, naturalmente, fue su mirada. Despejada, descarnada, abrasiva. Ese espíritu indomable de Adela Legrá-Lucía, esa cobija debajo del sombrero, conquistó las pantallas del mundo. Es curioso, es singular, que justamente aquella chica descubierta por Solás, Oriente adentro, haya logrado convertir ese instante en la imagen icónica por antonomasia de nuestro cine”, escribió el periodista y escritor Reinaldo Cedeño.

“Adela fue muchas mujeres en el cine, pero siempre fue Adela”.

Un homenaje a Adela López Legrá, recientemente fallecida, se realizó como parte del evento Cámara Azul, cita audiovisual de las Romerías de Mayo, en Holguín, que este año dedica sus jornadas, precisamente, a la actriz cubana, con un panel integrado por los profesores, investigadores y críticos José Rojas Bez y Lino Ernesto Verdecia, quienes dialogaron sobre su impronta.

“De origen campesino y sin formación académica, Adela Legrá tuvo una vida marcada por el trabajo humilde y la autenticidad que luego trasladó a la pantalla”, subrayó Lino. Y agregó: “Antes de llegar al cine, las labores hogareñas y agrícolas marcaron su vida en la antigua provincia de Oriente”. Adela, de “una belleza agreste, con la viveza de una lumbre”, destaca Cedeño, y unos de los rostros femeninos de nuestro cine nacional, sin embargo, y aunque mucho lo merecía, no recibió el Premio Nacional de Cine, a pesar de que fue propuesta más de una vez. Una deuda de nuestro cine, de nuestra cultura.

Rojas, por su parte, insistió: “Su rostro fuerte y auténticamente bello, junto a su sinceridad y naturalidad interpretativa, la convirtieron en la elección ideal para encarnar a la Lucía del tercer cuento del filme Lucía, obra cumbre del cine cubano y latinoamericano”. Desde entonces, Adela Legrá quedó inscrita para siempre en la historia cultural de la nación.

En el evento Cámara Azul, los investigadores José Rojas Bez y Lino Ernesto Verdecia dialogaron sobre la impronta de la reconocida actriz cubana. Foto: Cortesía de Oscar Flores

A lo largo de su carrera participó en filmes fundamentales del cine cubano, entre ellos los mencionados Manuela (1966) y Lucía (1968), así como Rancheador (1976), El brigadista (1977), Aquella larga noche (1979), Polvo Rojo (1981), Miel para Oshún (2001) y Barrio Cuba (2005), además de trabajos para la Televisión Cubana. Filmografía que refleja una trayectoria coherente, vinculada a personajes populares y a los procesos sociales e históricos de nuestro país.

Entre otros reconocimientos, recibió la entrega de la Placa Heredia, el Premio Lucía de Honor y varios homenajes, entre los que sobresalen el del Havana Film Festival New York 2002 y el del I Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara, 2003. Asimismo le dedicaron los documentales Adela un nombre de mujer (1999), de J. Rodríguez y Quién me quita lo bailao (2000) de G. de la Rosa y José A. Estrada; a su vez, ofreció sus testimonios en Ecos de un final (2002) y Memorias de Lucía (2002), ambos de Carlos Barba, así como en Lucía y el tiempo (2003) de Alain Rodríguez.

En la madrugada del 2 de enero de 2026 falleció Adela Legrá. Tenía 86 años. Cuba despedía a una actriz auténtica, símbolo de una época fundacional del cine revolucionario, y a una mujer cuya presencia en la pantalla seguirá siendo una referencia obligada de nuestra memoria cultural.