Un cuento mal contado
El 24 de febrero de 1996 Cuba se vio obligada a adoptar una medida que, si bien generó una fuerte campaña internacional contra el Gobierno Revolucionario, demostró la determinación de la nación a defender su soberanía nacional.
La organización terrorista “Hermanos al Rescate”, después de realizar provocaciones al violar de manera reiterada el soberano espacio aéreo de Cuba, envió tres avionetas para continuar sobrevolando la capital y diseminar propaganda subversiva incitando a la violencia. En legítima respuesta, dos de ellas fueron derribadas. En el hecho murieron los cuatro tripulantes.
Pero, ¿quiénes eran los mal llamados “Hermanos al Rescate”?
Es una organización contrarrevolucionaria que surgió el 15 de mayo de 1991 en Estados Unidos. Su propósito inicial era supuestamente encontrar en alta mar a balseros cubanos que intentaban arribar de forma ilegal a ese país alentados por la Ley de Ajuste Cubano. En realidad, su accionar provocativo estuvo muy vinculado al largo historial terrorista desarrollado desde ese país contra Cuba.
“La organización terrorista ‘Hermanos al Rescate’, después de realizar provocaciones al violar de manera reiterada el soberano espacio aéreo de Cuba, envió tres avionetas para continuar sobrevolando la capital y diseminar propaganda subversiva incitando a la violencia. En legítima respuesta, dos de ellas fueron derribadas…”
Su cabecilla, José Basulto León, prestó servicios a la CIA y a la mafia de Miami, y ha planeado y ejecutado acciones de infiltración, terrorismo, actos de piratería aérea y naval, planes de atentados a dirigentes de la Revolución Cubana, sabotajes y otras actividades criminales.
Desde el año 1994 comenzaron a sobrevolar ilegalmente el espacio aéreo cubano violando las leyes internacionales, las cubanas y las reglas de la Administración Federal de Aviación.
Richard Nuccio, asesor del presidente Bill Clinton, reconoció que las acciones de “Hermanos al Rescate” se tornaron más provocadoras y políticas, después de la implementación de la política inmigratoria de “pies mojados/ pies secos”.
Comenzaron a redefinir su misión, no para ayudar a personas inocentes que corrían riesgos para sus vidas, sino para llevar a cabo una agenda política de acoso y amenazas al Gobierno cubano con más vuelos sobre el territorio de la Isla y lanzamiento de octavillas desde el aire. En ocasiones volaban sobre La Habana a baja altura, con riesgo de choque e interrumpiendo las frecuencias de radio de la capital; utilizando, además, las frecuencias de control de tráfico aéreo para propagandas políticas.
El Gobierno cubano envió disímiles advertencias a la Administración de Aviación Federal, alertando que existía la posibilidad de ser derribados si insistían en violar el espacio aéreo cubano.
Nuccio le confesó al periodista brasileño Fernando Morais que logró que la autoridad para la Aviación Civil de los Estados Unidos suspendiera la licencia de vuelo a Basulto: “Hice todo lo que podía, pero quisiera haber hecho más que escribir memorandos, mandar faxes, hacer llamadas telefónicas, activar alarmas. Yo debería haber saltado, gritado, berreado, invadido el Gabinete del Presidente”. En los días previos al 24 de febrero de 1996, el Gobierno de los Estados Unidos señaló en una nota oficial que “la libertad para viajar, reconocida por acuerdo internacional, no da a nadie derecho de entrar en un país en particular, incluida Cuba, sin autorización previa. Todos los viajeros están sujetos a las autoridades aduaneras y de inmigración, y a otras leyes del país en cuestión”.[1]
El 24 de febrero Cuba oficialmente había alertado al aeropuerto de Opa-Locka que se desarrollarían maniobras militares y lanzamiento de misiles tierra-aire durante los siguientes cuatro días. Aun así, despegaron desde ese mismo lugar tres avionetas, una de ellas piloteada por el propio Basulto.
“En los días previos al 24 de febrero de 1996, el Gobierno de los Estados Unidos señaló en una nota oficial que ‘la libertad para viajar, reconocida por acuerdo internacional, no da a nadie derecho de entrar en un país en particular, incluida Cuba, sin autorización previa’”.
Ese día fueron derribadas dos de los tres aviones. En el tercero, viajaba el capitán araña Basulto, quien logró escapar de regreso a la Florida.
La Casa Blanca culpó del hecho a la Fuerza Aérea Cubana. Y aunque no reconoció en su momento que la organización terrorista llevaba más de dos años violando el espacio aéreo cubano, hoy se sabe que en reiteradas ocasiones el Gobierno cubano le advirtió que no toleraría por más tiempo esa amenaza a su seguridad e integridad territorial.
Documentos gubernamentales norteamericanos muestran que un año antes del suceso, la Administración Federal de Aviación estuvo intentando quitarle a José Basulto la licencia de piloto por volar sobre Cuba ilegalmente. Un año y medio antes del derribo se produjeron conversaciones entre la Administración del presidente Clinton y sus funcionarios de La Habana, quienes criticaron los vuelos de “Hermanos al Rescate”.
“El hecho de no querer mostrar las pruebas que darían la razón a Cuba demuestra una vez más que Cuba actuó acorde a la ley y en defensa de la soberanía nacional”.
No obstante, tras el derribo de las avionetas se generó una feroz campaña de manipulación alegando que este había tenido lugar en aguas internacionales. Ante la solicitud de Cuba para acceder a las fotografías de satélite tomadas el 24 de febrero de 1996, en un área cercana a la costa norte de Cuba, donde los Migs cubanos derribaron las avionetas, se recibió la negativa del Gobierno estadounidense. El hecho de no querer mostrar las pruebas que darían la razón a Cuba demuestra una vez más que Cuba actuó acorde a la ley y en defensa de la soberanía nacional. Treinta años después, los terroristas y el lobby anticubano de Miami se aferran a continuar manipulando la historia.
Notas
[1] Fernando Morais en Los últimos soldados de la guerra fría. La Habana, Editorial Arte y Literatura, 2013.

