Todos los que vivimos la Fantasía de Verano que propuso el Maestro Igor Corcuera el sábado 18 de julio en el Oratorio San Felipe Neri con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba y sus invitados, llegamos a casa con una energía incontenible y sobre todo, una infinita sonrisa de sosiego.

El concierto como regalo al Día de los Niños —a celebrarse en nuestro país al día siguiente— fue también el cierre de la temporada de la principal institución artística dedicada a la interpretación de obras orquestales de música clásica en Cuba. Y quizás por ese motivo, fue tan bien pensado, y como sucede siempre que se presenta ante el público, muy bien ejecutado.

El programa prometía. En primera instancia, la formación interpretó la Serenata para 13 instrumentos en Si bemol Mayor “Gran Partita” KV. III. Adagio y VII. Rondó (Allegro molto), escrita entre 1781 y 1782 por Wolfgang Amadeus Mozart.

El concierto como regalo al Día de los Niños fue también el cierre de la temporada de la principal institución artística dedicada a la interpretación de obras orquestales de música clásica en Cuba.

Después, la emoción desbordó el escenario cuando el público, también conmovido, regaló aplausos y ovaciones. Ofrecieron el concierto en Si bemol Mayor para Violoncello y Orquesta I. Allegro moderato, II. Andante grazioso y III. Rondó (Allegro), de la autoría de Luigi Boccherini. La solista fue Emily Martina Alfonso Oliva, recién graduada de violonchelo, y ganadora del Concurso Amadeo Roldán de su especialidad y el Gran Premio.

La joven y talentosa intérprete fue certera en cada acorde y con profunda modestia, recibió flores y elogios tras regalar la música que tanto ama. Integrante del conjunto de violonchelos Ecos-Amati, Emily Martina ha obtenido anteriormente en el mismo certamen el Primer Premio (2022) y el Tercer Premio (2024) en la categoría de IV-V año.

La Gran Fantasía Zoológica “El Carnaval de los Animales” llegó después, compuesta por Camille Saint-Säens y con la narradora oral invitada Nubelia Leyva. Fue muy gratificante escuchar leones, gallinas, gallos, antílopes, tortugas, elefantes, canguros, cucos, pájaros, personajes de orejas largas, así como pianistas, acuario, fósiles y el bello cisne, brotando de los instrumentos.

“La joven y talentosa intérprete fue certera en cada acorde y con profunda modestia, recibió flores y elogios tras regalar la música que tanto ama”.

Curiosamente, esta obra fue compuesta en Austria en febrero de 1886, y en vida de su autor solo se interpretó en calidad de estreno ante una audiencia de amigos el 9 de marzo de ese año en París y el 2 de abril siguiente. Solo permitió Saint-Säens que se divulgara “El Cisne”, pieza que se conoce como “Muerte del cisne”, y que nos remite a la maestría danzaria de la bailarina Anna Pávlova.

Hermoso dejarnos llevar por los pianos, las cuerdas, los clarinetes, el contrabajo, la flauta, el armonio, los violines, el violonchelo… y sentirnos en la selva o en cualquier otra geografía natural, menos la que realmente ocupaban nuestros cuerpos. Como aporte para esta ocasión Corcuera explicó que invitó a la narradora oral, quien ejerció como hilo conductor de esta fantástica reunión de animales.

Complacidos estábamos desde las butacas todos los presentes y tras los aplausos finales, el director de la formación instó a sus integrantes a repetir la última entrega, porque evidentemente la vitalidad que sintió derrochar merecía una segunda vez.

Una vez más la música y su disfrute al ofrecerla y al recibirla fueron el vínculo perfecto entre los artistas y los simples mortales que allí acudimos a ser testigos de un espectáculo singular.