El cine ruso llega a La Habana con magia, fantasía y un osito llamado Cheburashka
Hay algo profundamente conmovedor en la imagen de un pequeño osito orejudo y peludo que llega a Cuba en una lluvia de naranjas. Ese es Cheburashka, el entrañable personaje creado por Eduard Uspenski, que cruzó generaciones y océanos para instalarse en el corazón de los niños cubanos nacidos en las décadas de los 70 y 80. Ahora, en el marco de la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana, el célebre osito regresa a las pantallas cubanas con Cheburashka 2, un estreno que forma parte de los Días del Cine Ruso, una muestra paralela al programa literario que la Federación de Rusia, país invitado de honor, ofrece al público cubano del 10 al 16 de agosto.
“La cultura rusa no se cancela”, ha dicho el embajador Viktor Koronelli. “Es imposible cancelar a Pushkin y Lermontov, a Dostoievski, Tolstói y Bulgakov”. Esa misma convicción impulsa la presencia de la delegación rusa en la Feria, que trasciende lo literario para celebrar también el 66 aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Y el cine, ese arte que convoca multitudes y traspasa fronteras, se convierte en uno de los puentes más efectivos para tender lazos entre dos culturas que, pese a la distancia geográfica, comparten una historia de solidaridad y resistencia.
Los Días del Cine Ruso, muestra paralela al programa literario que la Federación de Rusia, país invitado de honor a la FILH, ofrece al público cubano, se hará presente en nuestras pantallas del 10 al 16 de agosto.
La muestra cinematográfica rusa está integrada por seis largometrajes, cuatro de ellos animados, en los que la fantasía tiene un peso especial. La programación arrancó el mismo 10 de agosto a las 3:30 p.m. en el cine Yara con la proyección de un clásico de la literatura universal llevado a la pantalla: Don Quijote (1957), del director Grigori Kozíntsev. La cinta celebra el poder de la imaginación, la nobleza de espíritu y la eterna búsqueda de los sueños, valores que resuenan con especial fuerza en el contexto de una Feria dedicada al centenario de Fidel Castro, aquel lector insaciable que también supo soñar y convertir sus sueños en realidad.
El plato fuerte de la muestra es, sin duda, el estreno en Cuba de Cheburashka 2 (2025), del director Dmitri Dyachenko. La película, que se proyectará el viernes 14 en el Yara, continúa la historia del pequeño osito orejudo que llegó a la isla el pasado año gracias al Festival de Cine Ruso organizado por la productora Roskino. En esta segunda entrega, Cheburashka está creciendo y, como suele ocurrir, comienzan los desacuerdos con su entrañable amigo Guena: el osito quiere ser cada vez más independiente y suele meterse en travesuras, mientras Guena intenta educarlo. La historia, llena de humor y ternura, aborda el valor de la familia, la amistad y la importancia de escucharse y comprenderse mutuamente.

La programación incluye también una selección de películas de fantasía y aventuras que invitan a toda la familia a soñar. El Caballito Jorobado (2020), de Oleg Pogodin, narra la historia de Iván, un joven considerado un tonto por sus hermanos mayores, que encuentra en un pequeño pero inteligente y valiente caballo a su fiel compañero. Juntos enfrentarán a un astuto adversario, superarán desafíos extraordinarios y descubrirán un amor por el que vale la pena arriesgarlo casi todo. Por el deseo del pez (2023), de Aleksandr Voytinskiy, es una aventura mágica donde un lucio capaz de conceder tres deseos acompaña a Yemelia en un viaje lleno de maravillas para conquistar el corazón de la princesa Anfisa. Y Hago el paso (2023), de Olga Akátieva, un melodrama sobre Sasha Makárov, un profesor que sueña con trabajar en Moscú pero debe permanecer en su ciudad natal, donde el amor puede sanar las heridas más profundas.

Las proyecciones tendrán lugar no solo en los cines Yara y La Rampa, sino también en espacios alternativos que recuperan la experiencia del cine móvil. En las afueras del Yara y de la Estación Cultural Línea y 18, se instalarán pantallas para llevar el cine ruso a un público más amplio, en un gesto de democratización cultural como lo es en sí misma la Feria Internacional del Libro.
En palabras del embajador Koronelli, “la presencia rusa en La Habana es una respuesta a quienes pretenden borrar su legado cultural”. Y Cuba, fiel a su vocación de puente, le abre las puertas.







