Fidel Castro es un coloso de la Historia, no por gran conquistador como Alejandro Magno y Julio César o Napoleón, sino –como Bolívar- debido a sus empeños libertadores. En el desarrollo de sus concepciones, Fidel hizo notables aportes teóricos y realizó una extraordinariaactividad práctica revolucionaria. Por ello devino en la personalidad más trascendente de la América Latina en el siglo XX.    

Transformó el concepto clásico de Revolución, al plantear que “Revolución es el arte de aglutinar fuerzas para luchar contra el imperialismo y sus aliados internos”. La consecución de esos objetivos implicaba unir dirigencias diferentes, tanto por sus orígenes como por sus intereses, lo cual sólo podía lograrse por la negación, es decir: unidad contra lo que no se deseaba. Y Fidel logró dicha alianza en nombre de los intereses generales de la sociedad, no para enaltecer a una clase o grupo social determinado. Su gran éxito se debió, en buena parte, a un profundo conocimiento de la sociedad cubana, como lo plasmó en su alegato-programa de autodefensa conocido como “La Historia me absolverá”, que pronunció tras su fallido ataque al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. En dicha alocución, el apresado joven convocó a crear un amplio frente anti-dictatorial, que condujese al pueblo a una multifacética rebeldía hasta el triunfo, aunque dentro de esa disímil alianza unos buscaran retornar al status anterior mientras otros querían una revolución.      

“Fidel Castro es un coloso de la Historia”.

Tras dos años de guerra en montañas y llanos con el insurrecto Ejército Rebelde, Fidel tomó el poder y planteó sustituir las viejas estructuras mediante modificaciones al Derecho y consecuentemente las formas de propiedad, ya que al expropiar a imperialistas, terratenientes y grandes burgueses, se eliminaría la sustentación socio-económica de la ideología dominante. De esa manera emergería una conciencia nueva, en un proceso que Fidel auspició recurriendo a las tradiciones revolucionarias y a la historia de la nación. Por ello proclamó que el Grito independentista del 10 de Octubre de 1868, era el inicio de cien años de lucha para que triunfase la Revolución. Al mismo tiempo Fidel acometió la transformación cultural, cuya primera fase fue la Campaña de Alfabetización. Concebida no solo para eliminar el analfabetismo, sino para metamorfosear las concepciones de los jóvenes –y sus familias- que participaran en ella. Miles de adolescentes dejaron sus hogares y partieron a lugares remotos o inhóspitos, para educar a la población rural inculta. Así se forjó la nueva moral, y definitivamente se transformó la rebeldía en Revolución.

Fidel adecuó también el internacionalismo, de “proletario” a “revolucionario”, para incluir a los países de América Latina y África con poca o ninguna clase obrera. Y desde su triunfo el primero de enero de 1959, brindó su ayuda a quienes deseaban luchar para emanciparse. En América Latina colaboró con los patriotas que deseaban derrocar las tiranías de Trujillo, Duvalier y Somoza, en República Dominicana, Haití y Nicaragua, mientras preparaba la defensa de la Revolución con la creación de Milicias Populares –de obreros, campesinos, estudiantes y profesionales-, quienes derrotaron en Playa Girón la invasión mercenaria auspiciada por el imperialismo estadounidense, en abril de 1961.

Fidel proclamó que el Grito independentista del 10 de Octubre de 1868, era el inicio de cien años de lucha para que triunfase la Revolución.

Después de tan significativa victoria, Fidel lanzó –en 1962- su trascendental Segunda Declaración de La Habana, en la que afirmaba que el triunfo del movimiento de liberación latinoamericano dependía de que se vertebraran los esfuerzos de obreros, campesinos, intelectuales, pequeño burgueses y capas progresistas de la burguesía nacional, sin prejuicios ni divisiones o sectarismos, dirigidos por los mejores revolucionarios de la sociedad. En dicho movimiento –precisaba-, debían luchar juntos desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero, así como los elementos avanzados de las fuerzas armadas.

Entonces en el subcontinente entraron en crisis los acuerdos del VII Congreso de la Tercera Internacional, sobre la estrategia de los Frentes Populares encabezados por la burguesía. Y dos años más tarde convocó a la Tercera Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina, con el propósito de que esa militancia se sumara a la novedosa estrategia. En 1967, estructuró la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), para vincular entre sí a todos los revolucionarios y facilitar una colaboración más eficaz con quienes luchaban en Nicaragua, Venezuela, Colombia, Argentina y Bolivia. En esta última república los guerrilleros estuvieron encabezados por el Ché, hasta su captura y asesinato en el pueblo de Higueras.  

Con la Campaña de Alfabetización se forjó la nueva moral, y definitivamente se transformó la rebeldía en Revolución.

En Centroamérica, el 19 de julio de 1979, triunfó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) nicaragüense, que instituyó una Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, la cual solicitó a Cuba colaboración para el desarrollo socioeconómico del país. Fidel envió numerosos contingentes de médicos, maestros y técnicos en diversas especialidades. El referido y contiguo gran éxito revolucionario incentivó la lucha armada del FMLN en El Salvador, a cuyos combatientes Fidel envió un buque con las armas estadounidenses capturadas por los vietnamitas, luego de que ocuparan Saigón.

En Granada, pequeña isla del Caribe, militantes armados del New Jewel Movement (NJM) tomaron la sede del Ejército y ocuparon el poder en 1979. El gobierno revolucionario encabezado por Maurice Bishop realizó profundas transformaciones socioeconómicas y pidió ayuda a Cuba para la construcción de un aeropuerto internacional. Fidel envió un contingente de médicos así como una brigada de constructores. Sin embargo, la ultraizquierda del Partido destituyó a Bishop y lo encarceló, hasta que liberado por las masas populares marcharon hacia la principal instalación militar del país. Allí fueron masacrados, lo que indujo al presidente estadounidense a ordenar la invasión de la ínsula con pretextos baladíes. Los colaboradores internacionalistas prepararon su defensa por si eran agredidos. El 25 de octubre de 1983, comenzó el ataque imperialista. Los cubanos combatieron con fervor hasta el día siguiente en la última trinchera, que tardó más de veinticuatro horas en ser tomada por los soldados de la 82 División Aerotransportada de Estados Unidos.

Al mismo tiempo que Fidel ayudaba a los movimientos de liberación, también acometió una intensa ayuda en brigadas de médicos a quienes hubiesen sufrido catástrofes naturales –terremotos, huracanes-, o a poblaciones que necesitasen alguna colaboración en aspectos de salud, debido a que vivían en sitios remotos o lugares intrincados y peligrosos. Debido a su concepción, Cuba envió 185,000 médicos a 103 países, y donó 59 centros oftalmológicos a 15 naciones. De esa manera, países tan distintos como Paquistán y Guatemala, o Argelia y Nicaragua, o Angola y Perú se beneficiaron con la cooperación de la medicina cubana.

El internacionalismo de Fidel también llegó al África desde 1959, cuando envió al Che hacia Egipto para entrevistarse con Gamal Abdel Nasser y allí relacionarse con los distintos revolucionarios africanos exiliados en el Cairo. Éstos dirigían su atención hacia Argelia, en lucha por emanciparse del colonialismo francés, a los cuales Fidel más tarde envió un barco lleno de armas, capturadas a los mercenarios de la Central Intelligence Agency (CIA) en Playa Girón. El Ché regresó a África en 1964, donde recibió el agradecimiento del presidente de la República Argelina por la ayuda en tanques y soldados cubanos que un año antes Fidel había enviado, para su defensa del ataque del vecino Reino de Marruecos. Durante tres meses el Ché fungió como embajador de Fidel ante los gobiernos y movimientos progresistas del continente africano. Se relacionó en especial con los guerrilleros del Partido por la Independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde (PAIGCV) y los del Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA), que luchaban contra el colonialismo portugués. A ambas organizaciones Fidel les envió expertos en el combate irregular, así como armas y municiones que fueron descargadas en Conakry.

“…países tan distintos como Paquistán y Guatemala, o Argelia y Nicaragua, o Angola y Perú se beneficiaron con la cooperación de la medicina cubana”.

En Portugal, en 1974, el gobierno de la Revolución de los Claveles reconoció la independencia de Angola, que inmediatamente fue invadida por las tropas de la Sudáfrica del Apartheid. Entonces la novel república pidió ayuda a Fidel, quien hacia allá trasladó varios cientos de los instructores del PAIGCV, seguidos por 36,000 voluntarios cubanos que hicieron retroceder a los agresores racistas hasta la frontera con Namibia, colonia de Sudáfrica. Después Fidel dispuso que 20,000 militantes del movimiento independentista namibio SWAPO y del African National Congress (ANC) –de los negros sudafricanos-, fueran entrenados militarmente. Y en 1978, envió a 12,000 cubanos hacia Etiopía, que luego de su exitosa revolución había sido invadida por la vecina Somalia, cuyas tropas fueron derrotadas por los internacionalistas antillanos en 42 días de combate.

En Angola la situación militar cambió sensiblemente en 1987, cuando el ejército sudafricano avanzó hasta acorralar a las más capacitadas unidades angolanas en Cuito Cuanavale. Fidel entonces envió como refuerzo a los mejores efectivos de las Fuerzas Armadas cubanas, cuyo número llegó a totalizar 52,000 soldados. Éstos, junto con los referidos contingentes africanos, lanzaron una impetuosa ofensiva relámpago hacia el sur, quizás indetenible en la frontera. Entonces Sudáfrica clamó por negociaciones. Los Acuerdos de Paz de diciembre de 1988, reconocieron la independencia de Namibia y de hecho condenaron a muerte el régimen del apartheid. Por ello Nelson Mandela, líder del ANC, fue excarcelado después de 27 años en prisión. Rápidamente voló para entrevistarse con Fidel, a quien expresó: “Ningún otro país del mundo tiene una historia de altruismo, como la puesta en manifiesto por Cuba en sus relaciones con África”. Manifestaba así su agradecimiento, a los más de 300,000 cubanos, que durante décadas combatieron en los contingentes militares internacionalistas, enviados por Fidel a Argelia, Angola, Etiopía y otros territorios africanos, a luchar por su emancipación.

“El internacionalismo de Fidel también llegó al África desde 1959”.

En 1990, Fidel se propuso que América Latina superase las consecuencias políticas de la desintegración de la URSS. Para lograrlo, concibió un movimiento que aglutinase a la mayor cantidad posible de revolucionarios y demócratas. Por eso invitó a Cuba al prestigioso Luiz Inácio “Lula” da Silva, fundador del Partido de los Trabajadores del Brasil (PT), para juntos convocar un encuentro de organizaciones políticas de izquierda latinoamericanas y caribeñas, cuya primera reunión se realizó en Sao Paulo. Su principal objetivo consistía en demostrar que en la región había posibilidades para impulsar procesos de mayor justicia social e igualdad de oportunidades, y que el recurso estratégico para preservar los referidos cambios debería ser la integración plena de los países latino-caribeños, concepción que Fidel defendía desde 1959. Así, desde entonces el Foro de Sao Paulo se convirtió en el principal instrumento de articulación progresista en el mundo.

Este conjunto de factores –ideológicos, políticos,culturales, militares, médicos- constituye el legado de Fidel Castro, quien pervivirá en la Historia como un coloso de la solidaridad y la revolución. Su herencia teórico-práctica es guía vigente para los revolucionarios que luchen por transformar la América Latina y el Caribe.

Bibliografía:

Prieto Rozos, Alberto: “Fidel Castro y la Revolución”, Ediciones Alejandro, La Habana, 2022.

………………………: “Las luchas por el socialismo en América Latina y el Caribe”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2021.

………………………: “Visión íntegra de América” (en tres tomos), Editorial  Ocean Sur, China, 2013.