Escuchando a los Muertos (Notas sobre espíritus y Espiritismo) (V). Francisco I. Madero: líder de la Revolución Mexicana, “Apóstol de la Democracia” y fervoroso espiritista
“Mi verso es un ciervo herido que busca en el monte amparo”
Martí escribió estos versos en las montañas de Castkill, en el estado de Nueva York, en 1890, mientras se encontraba reponiéndose de graves problemas de salud. Su agotamiento físico y nervioso habían sido causados, al parecer, por las tensiones vividas durante la Primera Conferencia de los Estados Americanos, celebrada en Washington, “bajo el águila temible”, donde se enfrentaron la utopía bolivariana de Nuestra América y el proyecto panamericanista impulsado por el Imperio yanqui.
La metáfora de un ciervo humanizado y doliente tenía ya una larga historia poética, desde el Salmo 42 (“como el ciervo brama por las corrientes de las aguas”) hasta San Juan de la Cruz y poetas como Garcilaso, Lope y Góngora. Y, por supuesto, Virgilio, cuando describe en La Eneida a la reina Dido vagando enloquecida por el flechazo del amor que le ha infligido Eneas.
Pero, como siempre pasa con Martí, los tópicos literarios se nos muestran renacidos en sus textos, inéditos, súbitos, recién creados. No por azar Lezama sentenció que Martí “es un misterio que nos acompaña”. Y en los Versos sencillos esos enigmas martianos nos visitan con una limpieza y una aparente simplicidad que les permiten quedarse habitando en la memoria de los lectores y nutriéndolos una y otra vez.
Quizás hay otra imagen tan memorable como el ciervo de Martí: el que pintó Frida Kahlo en 1946, cuando había fracasado otra cirugía de su columna vertebral. Se titula “El venado herido”.
“El venado herido”, Frida Kahlo, 1946. Imágenes: Cortesía de los autores
El venado está huyendo, atravesando un bosque, quizás “buscando en el monte amparo”. Lleva en su rostro humano las inconfundibles facciones de Frida y, clavadas en el lomo, como maldiciones, cinco flechas implacables. Aluden seguramente a los golpes de la vida, tan crueles, que habían dañado una y otra vez el cuerpo y el alma de la gran artista, desde la poliomelitis que contrajo a los seis años de edad hasta la amputación de su pierna derecha en 1953, pasando por el terrible accidente sufrido en 1925.
Francisco I. Madero nació en 1873, veinte años después que Martí y treinta y cuatro antes que Frida. Los une inesperadamente, como un relámpago, la imagen del venado herido. Otra sorpresa del “azar concurrente” de Lezama.
Una mañana, en el rancho de su familia en Coahuila, México, Madero, siendo un adolescente, le disparó con su escopeta a un venado que pasó corriendo. El animal cayó al suelo, y el jovencito tomó un cuchillo para rematarlo:
…cuando logró acercarse al venado, lo vio a los ojos y fue experimentando una sensación de arrepentimiento. Fue así como sus miradas se encontraron en un instante de revelación y la presencia mística del animal agónico hizo que su verdugo arrojara la daga.[1]
La madre de aquel adolescente tan sensible recordaría después cómo, a partir de ese momento, su hijo se lanzó a una búsqueda espiritual muy intensa. La imagen del ciervo agonizante lo había transformado definitivamente.
Las doctrinas de Allan Kardec “tan racionales, tan bellas, tan nuevas, me sedujeron, y desde entonces me considero espírita”[2]
Madero escribió estas palabras en su libro Mis memorias, aludiendo a su estancia en París, donde leyó los textos kardecianos y participó en sesiones espiritistas.
Había nacido el 30 de octubre de 1873 en Parras de la Fuente, Coahuila, en el seno de una familia acaudalada. Espiritista y masón, sintió una conexión muy profunda entre sus convicciones espirituales y su vocación política.
En su tesis “Un espírita traduce su creencia en hechos políticos: Francisco I. Madero (1873–1913)”, Yolia Tortolero Cervantes explica cómo el espiritismo moldeó la visión y la práctica política de Madero. Señala que muchos estudios históricos han ignorado o minimizado esta afiliación, quizá por temor a restarle “seriedad académica” o por considerarla irrelevante.
La investigación de Tortolero Cervantes muestra que Madero construyó su manera de entender el mundo a partir de los principios del espiritismo y la masonería y de su visión de los ideales democráticos. Estas fuentes, sumadas a su sensibilidad por “los pobres de la tierra” y a principios éticos muy firmes, nutrieron su conducta personal y como político.
El espiritismo francés había llegado a México entre 1870 y 1872 a través de traducciones de libros y revistas.
En el terreno político, los espiritistas compartieron el anticlericalismo de protestantes y masones y se posicionaron contra el gobierno de Porfirio Díaz cuando este estrechó sus relaciones con la Iglesia Católica. En 1880 se publicaron decenas de cartas pastorales en las que se atacaban la propagación de ideas liberales como el laicismo en la educación y se satanizaba al espiritismo, a la masonería y al protestantismo.
Madero estudió en París entre 1886 y 1892. Allí cursó la preparatoria en el Lycée Hoche de Versalles y peritaje mercantil en la École des hautes études comerciales(HEC), leyó vorazmente la Revue Spirite, las obras de Allan Kardec, y empezó a escuchar a los muertos.
En París algunos médiums le dijeron al joven mexicano que percibían en él señales de mediumnidad y que, con toda seguridad, era, sin saberlo aún, “médium mecánico escribiente”. Sin dudarlo, Madero trató de comunicarse con los espíritus desencarnados siguiendo las indicaciones de El Libro de los Médiums; pero, después de algunos intentos, abandonó estos ensayos.
Sin embargo —cuenta— una vez que estaba enfermo de mal amarillo o fiebre gástrica Manuel Madero (su tío paterno), que se encontraba en mi casa (…), se me ocurrió́ renovar mis tentativas con verdadera constancia, y a los muy pocos experimentos empecé́ a sentir que una fuerza ajena a mi voluntad movía mi mano con gran rapidez. Como sabía de qué se trataba, no solamente no me alarmé sino que me sentí́ vivamente satisfecho y muy animado para proseguir mis experimentos. A los pocos días escribí́ con una letra grande y temblorosa: “Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Esta sentencia me causó honda impresión…
…Al día siguiente volví a escribir lo mismo, así como al tercero, pero entonces ya escribí un poco más, recomendándome el ser invisible que orara. Esto me impresionó aún más, porque, si debo confesar la verdad, diré que muy rara era la vez que procuraba elevar mi espíritu por medio de la oración.[3]
Francisco I. Madero se inició en el espiritismo en Francia, adonde había ido a estudiar entre los años 1886 y 1892.
Madero funda un centro espiritista y habla con su hermanito muerto y con otros espíritus desencarnados
En 1900, fundó el Círculo de Estudios Psicológicos de San Pedro, Coahuila, y fue su presidente. Por entonces, percibió que una entidad invisible lo visitaba para transmitirle consejos y recomendaciones, y Madero trataba de anotarlo todo en unos cuadernos que serían conocidos luego como Diarios Espiritistas. Una noche se dio cuenta de que quien le hablaba en realidad era una persona muy cercana: su hermanito Raúl, muerto con solo cuatro años en un accidente dramático.
Más tarde empezó a recibir comunicaciones de otro espíritu, que firmaba como “José”. Según algunos estudiosos como José Natividad Rosales, “José” era el espíritu de José María Morelos y Pavón, líder insurgente de la independencia de México (1811-1815); otros refieren que se trataba de José Ramiro Madero, otro hermano suyo, y Alejandro Rosas afirma que se refiere a un bisabuelo.[4] Tanto Raúl como José le recomendaban ser siempre bondadoso y noble, como persona y como político.
Con el tiempo, Madero se perfeccionó como médium escribiente. Según decía, las comunicaciones se referían a cuestiones filosóficas y morales muy sustanciosas y “siempre eran tratadas todas ellas con gran competencia y con belleza de lenguaje que me sorprendía y sorprendía a todos los que conocían mis escasas dotes literarias».[5]
Describió su caligrafía en esa etapa como “hecha muy de prisa, muchas veces casi ilegible”. Al propio tiempo, eran mensajes que lo ayudaron a entender la hondura de la doctrina codificada por Allan Kardec:
Estas comunicaciones me hicieron comprender a fondo la filosofía espírita y sobre todo, su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con gran claridad los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia honrado, que se preocupa por el bien de la Patria y que tiende a servirla en la medida de lo posible.[6]
El espíritu de su hermanito Raúl, muerto a los 4 años, aparece permanentemente en las comunicaciones de Madero con el Más Allá
El espíritu de Raúl se preocupaba en particular por los más pobres. Para cumplir un encargo suyo, Madero fundó un comedor público para obreros y peones.
Luego el espíritu José, asumiendo el papel de un hermano, les exige a Madero y a su padre soluciones para toda la población de San Pedro:
Monterrey, enero 7 de 1902 Queridos papá y hermano:
Quería hablar con ustedes para decirles que deben de pensar seriamente cómo aliviar un poco al pobre pueblo de San Pedro en que la falta de trabajo ha causado tanta miseria.
Ya con el comedor público que han ayudado a sostener han causado un gran alivio a los pobres que no pueden trabajar, pero a los que sí lo pueden hacer y que no lo consiguen, a esos, ¿que han hecho por ellos? (…) Ustedes que son espiritistas saben perfectamente que si Dios les ha dado una gran fortuna no es para que satisfagan con ella todas sus necesidades reales y ficticias, digo ficticias, porque muchas cosas que creen ustedes necesarias, lo son porque su vanidad se las ha impuesto pero realmente son superfluas y ustedes deben de saber que a nadie le está permitido tener lo superfluo cuando hay alguien a quien falta lo necesario.[7]
Otros mensajes le proponen métodos propios de la homeopatía y del magnetismo para curar varias enfermedades. Se llegó a decir que Madero curaba a los enfermos con la energía que irradiaban sus manos, y mucha gente se le acercaba como si fuera un santo milagroso. Para Madero, el magnetismo “es el fluido vital de la persona” y ese fluido “ejerce una reacción en el organismo de la persona enferma”.
Aplicó el magnetismo para curar desde 1901 y llevaba un registro de los síntomas de sus pacientes para diagnosticar sus males y sus tratamientos, ya fuera homeopático o por medio de curación magnética. Se convirtió en un activo promotor del espiritismo a nivel local y nacional, publicó numerosos artículos en revistas espíritas y apoyó económicamente a varias de estas publicaciones.
Facsímil de un mensaje autógrafo de Madero donde solicita libros de Kardec.
Lucha, libertad, justicia y patria
Entre 1907 y 1908, el espíritu de José le anunció que debía encabezar una gran cruzada. Se trataba de una empresa que requería disciplina máxima y dominio de sus pasiones. Como emblema, estaría iluminada por palabras como lucha, libertad, justicia y patria.
José le recomendó una preparación rigurosa: estudiar la historia, seguir las noticias, llevar un diario y tomar notas, todo en favor de su doble misión, política y espiritual.
Según el espíritu de José, había que salvar a México del régimen porfirista y buscar la democratización del país. Y lo exhorta a que escriba un libro que sería clave en la historia mexicana: La sucesión presidencial de 1910.
Salvar a México del régimen porfirista y buscar la democratización del país.
Tu destino es grandioso; tienes una importantísima misión que cumplir. Es preciso que en todos tus actos estés a la altura necesaria. Sobre ti pesa una responsabilidad enorme, has visto gracias a la iluminación espiritual que de nosotros recibes el precipicio hacia donde se precipita tu patria, cobarde de ti si no la previenes, has visto igualmente el camino que debe seguir para salvarse, desventurado de ti si por tu debilidad, tu flaqueza, tu falta de energía, no la guías valerosamente por ese camino, ten fe, ten valor, ten constancia y vencerás.
José
En el preámbulo a Mis memorias, fechado en enero de 1909, Madero reiteró:
Para llevar adelante una obra magna, no solamente se necesita entusiasmo, abnegación y una fuerza de voluntad a toda prueba, sino también un gran talento para dirigir hábilmente esos esfuerzos (…) estoy francamente convencido de que nuestro espíritu evoluciona, pasando a través de innumerables envolturas carnales.
Por estos motivos no está en nuestro poder improvisar grandes hombres, pero si queremos llegar a serlo alguna vez, en el transcurso de nuestras encarnaciones, necesitamos desde ahora abrazar con entusiasmo alguna causa noble, identificarnos con ella, considerar que hemos venido al mundo para trabajar por ella, y dirigir todos nuestros esfuerzos hacia su triunfo definitivo.
Entre 1904 y 1907, Madero llevó a la par la promoción del espiritismo y sus actividades políticas. Mantiene contactos con espiritistas de Guadalajara, Veracruz y Ciudad de México para crear una organización nacional. Ayuda a financiar los dos Congresos Nacionales Espiritistas celebrados en México, en 1906 y en 1908. Según él, el verdadero espiritista “debe identificarse con las aspiraciones generales del pueblo en donde vive y tomar participación importante en las luchas que tengan por objeto mejorar la situación de la colectividad”.[9]
El 20 de diciembre de 1908 escribió a su padre para ratificarle que prefiere dedicarse al servicio de su patria, “de mis conciudadanos y de la humanidad en general” antes que procurar “mi engrandecimiento personal”. Y manifestó su repudio a todo lo que está “basado en el egoísmo y en el vacío que esta forma a su alrededor”.
En carta a José Salvadores Botas, fechada el 2 de enero de 1909, aseveró:
Aquí en México no podrá prosperar el espiritismo mientras las clases ricas no tengan otro ideal ni otra ocupación que la de enriquecerse y gastar su dinero en la satisfacción de sus placeres y mientras el pueblo no salga de las tinieblas de la ignorancia, ni de las garras del alcoholismo. Una sociedad así, no puede comprender las bellezas de nuestra doctrina, pues está además materializada y envilecida por sus vicios para pensar en algo noble. Creo que es cumplir con los verdaderos deberes de un espírita, procurar modificar las tendencias de la sociedad en esas condiciones y allá van mis esfuerzos.
Una de las comunicaciones más significativas corresponde al 16 de noviembre de 1908, donde un espíritu que firmó con las iniciales B. J. —que se ha especulado pudo ser Benito Juárez[10]—, le dijo:
Principiaré por felicitarlo muy cordialmente por los triunfos que ha obtenido sobre usted, los cuales lo ponen en condiciones de emprender con éxito la obra colosal de reestablecer la libertad de México. […] El triunfo de usted va a ser brillantísimo y de consecuencias incalculables para nuestro querido México. Su libro va a hacer furor por toda la república: como una corriente eléctrica que va a impresionar fuerte y profundamente, a todos los sacará del letargo donde están sumidos. […] Usted comprenderá que si trajo esa misión es porque habíamos acordado desde antes que usted viniera al mundo (con) los medios necesarios para que se lleve a cabo con éxito.
En 1909 ve la luz su libro La sucesión presidencial en 1910 y hace giras por toda la República para fundar clubes antirreeleccionistas.
Revolución, presidencia y traición
Madero fundó en 1909 el Partido Antirreeleccionista. Fue nombrado candidato a la Presidencia de la República y alcanzó de inmediato una enorme popularidad.
En las elecciones de 1910, Porfirio Díaz se declaró reelecto y ordenó que Madero fuera encarcelado y obligado a marchar al exilio, por “fomento a la rebelión e insulto a la autoridad”. Desde Estados Unidos organiza y publica el Plan de San Luis de Potosí: un llamado a las armas contra el gobierno programado para el 20 de noviembre de 1910.
A partir de ahí, se producen levantamientos armados en distintos puntos de la nación, protagonizados por campesinos y encabezados por líderes revolucionarios como Pascual Orozco y Pancho Villa, quienes tomaron Ciudad Juárez en 1911. La renuncia de Porfirio Díaz abrió paso a la elección de Madero como presidente, en comicios que se consideraron los más limpios de la época.
Madero en las elecciones de 1911.
Fue Presidente de la República entre 1911 y 1913. Promovió reformas democráticas y en defensa de los derechos laborales, elevó considerablemente el presupuesto para la educación, fomentó la enseñanza para adultos, multiplicó los comedores destinados a los pobres, combatió el alcoholismo y trató de difundir valores basados en la solidaridad y el humanismo.
En el propio año 1911 publicó su Manual Espíritacon el seudónimo de Bhima, en el que explica el significado de la doctrina kardeciana, con un énfasis particular en sus aspectos morales. De un total de cinco mil ejemplares, Madero obsequió cuatro mil a la Junta Central Permanente del segundo Congreso Espírita de México y le cedió los derechos de autor y la posibilidad de hacer todas las reimpresiones que desearan.
También publicó en 1911, siendo presidente, El Evangelio del Espiritismo, donde fusionó la comunicación con los muertos, la ética y la práctica del bien.
Madero, errores y traiciones
La breve historia de Madero como presidente de México es muy triste y muy trágica.
De un lado, desde la derecha, recibió el ataque feroz de los sectores más reaccionarios, de la prensa conservadora, empeñada siempre en ridiculizarlo a través de caricaturas y de apelativos hirientes (lo apodaban “el enano del tapanco”), de la oligarquía, del clero católico, de la casta militar porfirista, de aquellos que no toleraban su interés por los humildes y se sentían irritados ante su nobleza esencial y desconcertados por su militancia en un movimiento tan herético e indescifrable como el Espiritismo y —no podía faltar— por el embajador de los Estados Unidos en México, Henry Lane Wilson, a quien Paco Ignacio Taibo II considera una verdadera “fuerza del mal”. Sus enemigos lo descalificaron como “ingenuo y falto de mano dura” y como alguien que, por su idealismo, estuvo a punto de llevar al país a la anarquía.
Del otro lado, desde la izquierda, fue también criticado por las bases radicales del maderismo, por gente que esperaba de su gobierno transformaciones sociales audaces y por líderes revolucionarios como el propio Emiliano Zapata, que le exigía una Reforma Agraria con todas las de la ley, en respuesta al reclamo legítimo de los campesinos, y no el reparto de tierras “gradual y ordenado” que se propuso hacer Madero. Según Paco Ignacio, el programa social de Madero era “incoherente”.
De Madero se decía que, por escuchar a los muertos, sufría una «funesta dolencia mental». Otros, en cambio, lo consideraron “un visionario”, “un predestinado”, “incorruptible”, “inmaculado”, “redentor”, e incluso como “el Apóstol de la Democracia”.
Un hermano del presidente Madero, Gustavo, supo ver los indicios de una conspiración contra el gobierno en torno a dos generales porfiristas prisioneros, Bernardo Reyes y Félix Diaz, a la figura del general Victoriano Huerta y a gente adinerada y poderosa. Alertó a Madero; pero este no hizo caso. Le sobraban nobleza y generosidad, y carecía del instinto necesario para detectar las miserias humanas.
Tras el estallido del golpe militar, Madero llegó a encargar a Huerta la dirección de las operaciones militares para sofocar la revuelta.
“En febrero de 1913 bandadas de zopilotes poblaron la Ciudad de México”
Con estas palabras da inicio un documental imprescindible de Paco Ignacio Taibo II sobre Madero. Se titula Temporada de zopilotes: la decena trágica[11]. La presencia de esas aves carroñeras se asocia en la mitología popular con malos presagios. Fueron, de hecho, según Paco Ignacio, un anuncio simbólico de los acontecimientos que sobrevendrían poco después.
La presidencia de Madero termina dramáticamente el 19 de febrero de 1913, con un sangriento golpe de Estado encabezado por el general Victoriano Huerta, con el respaldo de las fuerzas reaccionarias que tanto odiaban a Madero y del embajador yanqui.
Sucede entonces lo que se conoce como “Decena trágica”, que fueron 15 días en realidad, cuando estallan combates dentro de la ciudad, donde mueren, sobre todo, víctimas inocentes. Madero, hecho prisionero, es obligado a renunciar para convertir en su sucesor a Victoriano Huerta, gracias a una jugarreta con la complicidad de senadores y diputados.
La primera medida tomada por Huerta fue ordenar la ejecución de Madero y de su vicepresidente Pino Suárez. El Mayor Francisco Cárdenas debe ocuparse del trabajo sucio. Los asesina el 22 de febrero en el área exterior de la Prisión de Lecumberri, no sin acudir al gastado montaje teatral de que los dos prisioneros se habían dado a la fuga.
Madero muere asesinado por orden de Huerta el 22 de febrero de 1913 en un supuesto intento de fuga.
En el sitio donde cayó Madero, la gente, de manera espontánea, fue acumulando piedras. Se forma una especie de túmulo improvisado, y se crea algo más, según Paco Ignacio, “un culto laico funerario del Presidente asesinado”.
“Ese Madero no queremos que se pierda, queremos que siga entre nosotros”
El 22 de febrero de 2019, junto al presidente Andrés Manuel López Obrador, se rindió homenaje a Francisco I. Madero en el mismo lugar del crimen[12]. Habló Paco Ignacio, en su estilo único, ajeno a toda retórica, y se preguntó qué queda de Madero para los mexicanos de hoy:
¿Qué queda para los mexicanos de hoy, en nuestras manos?, el sobrio cariño y aprecio por la figura de Madero, un hombre valiente, sorprendentemente valiente, un hombre que le dijo a su hermano diez veces “Respetemos la legalidad, cuidémosla”, mientras Gustavo decía “Cuidado”. “Porque estos curros te quieren matar”, le dijo Villa, con la sabiduría popular que siempre tuvo.
De Madero queda su vocación democrática profunda, sí, queda su entrega hasta la muerte a un proyecto de reconstrucción de la nación, queda en el corazón de los rebeldes que el 13 se levantan para tirar la dictadura de Victoriano Huerta.
Conmemorar es hacer historia, no estatuas, es volver a verlo. Ver a Madero, chaparrito, débil, extremadamente valiente, bajando del elevador para enfrentarse a los soldados, sin armas, es verlo encerrado en un cuarto ahí con tres catres donde dormían él y Pino Suárez, y Pino Suárez decía “Nos van a matar” y él decía “No, no”.
Queda nuestra relación emocional con el pasado, queda nuestra vocación de ver en Madero, en Francisco I. Madero, la siembra de futuros mejores para vivir, que han hecho ellos y millones más de mexicanos construyendo un país mejor.
[1] Revista Letra en Psicoanálisis (LeP) / Vol.9, No 2, julio-diciembre 2023 / Armando Israel Escandón Muñoz / Notas para una metapsicobiografía de Francisco Ignacio Madero González
[9] Apunte de Francisco I. Madero sobre los malos gobernantes que entorpecen toda acción altruista. Sin fecha. AFM, SHCP, contenedor 3/4, caja 20, expediente 82, folio 10017.
[10] Es de señalar que atribuir la presencia de los espíritus de “B.J.” como el del Benemérito Benito Juárez y “José,” como José María Morelos, era utilizado por algunos cronistas y opositores de madero, especialmente en la prensa porfirista, buscando ridiculizarlo como un “visionario” que recibía dictados de próceres muertos.