De entre las numerosas declaraciones de principios que en forma de poemas aparecen en Abismo legendario, poemario de Dimarys Águila publicado por Ruth Casa Editorial, destacaría “Sin hacer ruidos”, precisamente la que inicia el conjunto:

Amo mi soledad como ninguna
con su sola verdad más implacable
que al silencio llenó con la incansable
sosegada humedad de la laguna.

Amo mi soledad, la justiciera
que como perro fiel sin hacer ruido
se echa cerca de mí cuando has partido
y que a la bestia mansa torna en fiera.

Por esta soledad tan indomable
que no cedió jamás ante hombre alguno,
por este ramadán en donde ayuno

despeño en un mutismo irreparable
cuando aquí en mi garganta, lengua muda,
se da a morir la voz sin más ayuda.

Anuncian ya estos versos varios elementos presentes en el libro. El primero que quiero resaltar es la constante lucha por un reconocimiento a la igualdad de género; tanto igualdad respecto al derecho a conductas de propia y libre elección, como, y fundamentalmente, en el reclamo a los juicios éticos y morales que la autora defiende desde un sujeto lírico de humilde individualidad, un tanto ajeno al ego enunciatario de la poesía. Con desafiante modestia acomete esta defensa, “sin hacer ruidos”, aunque se exprese firme en cada enunciación que alude a declaraciones de principios. Por esta línea temática se desliza el desbordado, desinhibido erotismo que recorre el poemario. Aquello que, no sin ironía eufemística, pudiéramos llamar fuentes de experiencia natural, trasciende lo anecdótico, lo descriptivo, para asumir el derecho al desafío, a la vindicación de los comportamientos.

El título aspira a convertir la lectura en objeto de placer y reflexión.

Comprender este tópico es clave para reconocer los valores poéticos de Abismo legendario, y de la poesía de esta autora en general, de ahí que partiera en este acercamiento de una interpretación sociológica de su propuesta. Cuando la literatura nos convoca a “qué se dice”, a la par del “cómo se ha dicho”, ha conseguido una simbiosis importante, imprescindible para disfrutarla. Una apuesta que, no por consabida, se consigue con facilidad.

Treinta sonetos se hilvanan en la primera sección de Abismo legendario. En ellos, la autora saltará por entre la tradición que la precede para marcar el terreno ya ganado en sus disímiles ejercicios de versificación. Remedando quizás a un animal territorial, Dimarys se ubicará en el deseo y la necesidad humana para invocar el desprejuicio. Si bien hay alusiones a referentes negativos que son enérgicamente refutados a la hora de emplear el “qué digo”, la enunciación privilegia el aquí, ahora y en futuro individual de esa autora que poco se camufla tras la categoría literaria de sujeto lírico. De ahí que el tono testimonial, de orgullo confesional, o revelación desenfadada, marque las claves de la norma poiésica. Dado el espectro de prejuicios que nuestra civilización aún no consigue expulsar, sus llamados eróticos guardan algo de carga subversiva, revoltosa, audaz no solo en la naturaleza de la acción que se describe, o evoca, sino en su contenido axiológico, en su perspectiva de mejoramiento humano.

Si el erotismo se conforma con circunscribirse a la descripción de acciones emotivas intensas que sonsaquen la empatía del receptor, es poco más que una lección de sexología aplicada. Mucha literatura que se atiene a ese objetivo se publica, y se difunde. La tradición francesa, para acudir solo a un ejemplo emblemático, demuestra hasta qué punto muchos de sus más encumbrados autores se esforzaron por hallar explicaciones existenciales trascendentes a través de lo erótico. Con la modernidad, algunas mujeres sumarían su aporte a esa tradición. La industria cultural se ha encargado de separar a conveniencia este fenómeno, apartando para el consumidor masivo las normas puramente descriptivas, y aplicando una implícita coyunda de interpretación al receptor de más complejos referentes de interpretación. Por suerte para sus lectores, de unos y otros intereses de consumo, la poesía de Dimarys Águila se mueve libremente entre ambas.

También en la poesía hispanoamericana los modos eróticos cuentan con sus momentos de ruptura y desafío. De esa tradición se alimentan los sonetos de Abismo legendario. No escribe Dimarys a la manera de un referente específico, ni siquiera al modo de Carilda Oliver Labra, la más importante sombra tutelar que la acompaña, sino que retoma a cuenta propia las rutas de composición que han legado relevantes poetas cubanos, entre los que se puede vislumbrar el privilegio que reciben estilos como los de Rubén Martínez Villena y Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, o el del inconmensurable Pablo Neruda, cuya herencia la autora despoja de machismo y entramado simbólico.

“La figuración de sentidos se da en los poemas de Abismo legendario a través de giros metafóricos, o metonímicos, por lo general de sutil analogía (…)”.

En la segunda y última parte de Abismo legendario, compuesta por once sonetos que se agrupan bajo el título “Ecos del abismo”, damos la vuelta a la moneda y hallamos una efigie humana desgarrada, soñadora, sacudida a veces por la incertidumbre y el dolor. Del poderoso erotismo, ese infinito salón donde la autora reina, pasamos a un recorrido existencial que invoca a la familia, las amistades y las preocupaciones patrióticas y sociales. En el penúltimo poema, “Soy/Soneto irreparable”, vuelve al tono de declaración de principio con el que se había presentado y que de vez en vez salpica el poemario. En un giro un tanto radical de perspectiva, brota un reverso humano de duda y de tristeza, de existencia sufrida en honda intimidad, ajeno a la performance poderosa que marca el verso erótico; revelador, en fin, de quién se ha protegido detrás de aquel sujeto lírico.

La figuración de sentidos se da en los poemas de Abismo legendario a través de giros metafóricos, o metonímicos, por lo general de sutil analogía, y sobre todo en diálogos de imágenes que se deslizan entre el ritmo cadencioso del verso rimado, medido tanto en su totalidad como en sus pausas interiores. Si al elegir el soneto como modalidad única Dimarys Águila se arriesga a crear su propia coyunda, dependiente del rigor de la estrofa y en paradójico contraste con la libertad de conducta que predica, salva este obstáculo a través de experimentaciones con la versificación, ya sea en rupturas o encabalgamientos, ya con los juegos variables de las rimas, más sutiles y por eso mismo también más exquisitos. Motivos y búsquedas juegan su rol en esas variaciones.

Abismo legendario no es solo un libro de versos, o un sonetario, como por ahí podría decirse; es también un llamado a desnudarse, de ropas y prejuicios, a convertir la lectura en objeto de placer y reflexión, en orgullo de ser tal como se muestra la autora en sus definiciones de principio. Estas, virtudes a mi juicio, se verían como execrables defectos para conservadoras mentes, o para receptores que han renunciado a la cadencia de la composición poética convencional y se niegan a aceptar como posible su reconstitución y consumo. Ese contraste entre la tradición convencional del verso y de la estrofa, y la renovadora ruptura en la conducta, sirve de imagen de valor para este libro con el que Dimarys “se inmola” a pleno orgullo. Me inmolo por mi parte a asegurar que bienvenido sea ese tenaz espectáculo al que su restallante crujidera llama.

* Palabras de presentación del libro en la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana.