Augusto Blanca Gil, nacido en Banes, Holguín, el 24 de junio de 1945, es una figura emblemática dentro del panorama musical insular; aunque principalmente reconocido como compositor y cantante, su talento se extiende también a la pintura, la escritura, la escenografía y la actuación teatral; amén de haber sido fundador del Movimiento de la Nueva Trova, donde contribuyó a la transformación y renovación de la canción cubana junto a figuras señeras como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Cuando se le pregunta con cuál de sus múltiples facetas creativas se siente más satisfecho, Blanca asegura que “no podría decir con cuál me identifico más. Desde muy niño he estado muy vinculado al arte en sentido amplio; mi madre, profesora de dibujo y gran lectora, fue quien sembró en mí el amor por las artes en general”. Esta influencia maternal marcó el inicio de una trayectoria que ha abarcado numerosas manifestaciones artísticas y culturales.

Sus primeras incursiones en la música se remontan a su infancia, cuando cantaba muchas de las canciones que escuchaba por la radio. Este entusiasmo lo llevó a estudiar guitarra con profesores como Pedrito Rodríguez y Zobeida Cotán. Paralelamente, desarrolló una pasión por el teatro, llegando incluso a construir un teatrillo casero con personajes elaborados junto a su madre, desde entonces desarrolló una creatividad multidisciplinaria.

“Me siento realizado y feliz”.

A los 16 años se trasladó a Santiago de Cuba para estudiar pintura, un hecho que diversificó aún más su formación artística. Allí, comenzó a actuar en la orquesta Típica Juventud y descubrió la emblemática Casa de la Trova, un espacio que él describe como “una universidad” y un punto de partida fundamental para su carrera musical. Fue en ese ambiente donde se consolidó su amor por la trova cubana y por las raíces más profundas del género.

Graduado en la escuela de Artes Plásticas, el artista combinó sus intereses escénicos al trabajar como escenógrafo en el Conjunto Dramático de Oriente. A comienzos de la década de 1970, junto al director argentino Adolfo Gutkin y la actriz María Eugenia García, fundó Teatrova, una propuesta innovadora que integraba la palabra hablada y cantada en la trova, fusionando teatro y música de manera armónica. En dicho proyecto, ejerció a la vez como actor y creador escénico.

Sobre esta etapa, el propio músico expresa: “Pude unificar todas mis vocaciones en un todo indivisible —trova, teatro, plástica—. Nuestras presentaciones se realizaban tanto en teatros como al aire libre y logramos una comunicación muy cómplice con públicos que abarcaban desde niños de seis años hasta adultos de noventa y seis. Me apasionan todas mis disciplinas por igual y disfruto enormemente de cada una”.

Su labor artística no se limita a la interpretación musical y escénica, también ha tenido una destacada trayectoria como diseñador integral de teatro, abarcando escenografía, vestuario, iluminación y atrezzo. Su vinculación con grupos como el Conjunto Dramático de Oriente, Teatrova, Teatro Estudio, Teatro Mío, Okantomí y Trébol, entre otros, lo ha llevado a participar en más de noventa obras teatrales destinadas a audiencias de todas las edades.

“…mi madre, profesora de dibujo y gran lectora, fue quien sembró en mí el amor por las artes en general”.

Respecto a su capacidad para compaginar teatro y trova, Blanca dijo: “He podido sobrellevar ambos oficios paralelamente. Continúo componiendo música para el teatro, creando canciones y pintando, aunque nunca he expuesto públicamente. Me siento realizado y feliz. Tal y como solía decir mi viejo amigo Raúl Pomares: ‘lo bueno de esta profesión es que la pasamos re bien y además ¡nos pagan!’. ¿Qué más podría pedir? Soy feliz”.

A lo largo de su vida, ha recibido numerosos reconocimientos que confirman su relevancia dentro de la cultura cubana. Entre estos destacan el Premio de Música Uneac en 2015, las distinciones Por la Cultura Cubana, Raúl Gómez García, Alejo Carpentier y Majadahonda, así como placas honoríficas como las José María Heredia y Nicolás Guillén. El Instituto Superior de Arte le concedió un Diploma al Mérito Artístico, entregado personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, un testimonio más de la estima hacia su obra.

En relación con la gestación del Movimiento de la Nueva Trova, Augusto recuerda con profundidad sus inicios: “A finales de la década del sesenta, mi pasión por la canción trovadoresca era inmensa. Mi vínculo con los viejos trovadores de la Casa de la Trova había impregnado mi alma y comenzaron a brotar las primeras canciones propias. Por aquel entonces, me sentía un poco ‘bicho raro’ porque abordaba temas poco convencionales y muchos de ellos quedaban escondidos por pudor. Sin embargo, supe que existían otros jóvenes con guitarras en toda Cuba creando canciones distintas”.

Este fenómeno cultural alcanzó su apogeo el 2 de diciembre de 1972, durante un encuentro en Manzanillo organizado por las direcciones de la Unión de Jóvenes Comunistas y el Consejo Nacional de Cultura. En esa cita fueron convocados artistas de todo el país, dando origen oficialmente al Movimiento de la Nueva Trova. Blanca relata: “Ya conocía a Noel Nicola, Vicente Feliú, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y en Manzanillo conocí a Sara González, quien se convirtió en una hermana para mí. Allí todos nos hermanamos y se inició una etapa trascendental para la canción cubana”.

La conexión humana y artística ha sido fundamental en la vida de Augusto, y uno de los ejemplos más entrañables fue su relación con la actriz y pedagoga Corina Mestre, a quien conoció en 1976. El maestro la describe como “una jovencita entusiasta que nos acompañaba en cuantas actividades trovadorescas se convocaban, conocía nuestras canciones mejor que nosotros mismos. Con ella trabajé siempre, me sentía seguro y protegido en escena. Su partida me partió el corazón”.

En Santiago de Cuba descubrió la emblemática Casa de la Trova, un espacio que él describe como “una universidad” y un punto de partida fundamental para su carrera musical.

La calidad artística de este prolífico creador ha traspasado fronteras, con presentaciones y reconocimientos en más de veinticinco países de todos los continentes. En 1995 obtuvo un premio en el Festival de Teatro para Niños por la música de la obra La Flor de Cuba, y en otras ocasiones ha sido distinguido con galardones como La Edad de Oro (1989) y el Gran Premio Rita Montaner (1991), este último por su labor actoral y musical en la obra Momo, de Michel Ende.

Recientemente culminó la grabación de un nuevo álbum bajo la discográfica Ojalá, titulado Postergadas, que recopila canciones mayoritariamente compuestas en la década del setenta. Próximamente participará en la reposición de su obra teatral Romance de Arlequín y Corista, con la compañía Teatro de Muñecos Okantomí, grupo con el que sigue trabajando activamente.

Finalmente, Augusto Blanca enfatiza sobre sus proyectos y motivaciones actuales: “Deseo realizar la grabación de varias maquetas que tengo guardadas y continuar componiendo. Como dice el dicho popular: ‘Perro huevero, aunque le quemen el hocico’. La música y el arte son mi vida, y seguiré alimentando esta pasión sin importar las dificultades”.

Discografía de Augusto Blanca:

– Estudios Egrem: Regalo (1978), De regreso (1980), Puñado de Semillas (1985), Definitivamente jueves (2000), Humedades (2019, nominado a Cubadisco 2021), Este árbol que sembramos (Egrem y ALERCE, Chile; Pentagrama, México).

– Colibrí: Luna Trovera (2004), Tarareos para Isabella (2013, música infantil, nominado a Cubadisco 2014).

– Ediciones Pablo de la Torriente Brau: Casi Feliz (1999), La mano amiga.

– Otras editoras: Avvenimenti (Italia), Picap (España), Asterisco (Argentina). Grabaciones adicionales incluyen Luna Trovera (2003, Estudios Eusebio Delfín), No olvides que una vez tú fuiste sol (2003, Estudios Mafalda), Regalo (2006, Trovandante-Pentagrama, México), Felicidades trovador (2007, dos nominaciones Cubadisco), La Fuga de la tarde (Premio de Creación Ojalá, 2010), Poblinas Vols. I y II (Premio Trova Cubadisco, 2015), Indefinidas Confesiones (musicalización de poemas de Antonio Guerrero, Premio Especial Cubadisco, 2016), Poesía, verdad de todo sueño (2023, musicalización de poemas de Carlos Pellicer, México).

Su obra ha sido interpretada por destacados artistas de Argentina, Venezuela, Alemania, Uruguay, Perú, México, Chile y Brasil, además de los principales exponentes cubanos, tales como Juan Carlos Baglietto, Chris Dooer, Nora Blanco y Miriam Quiñones.