Azari Plisetski y el ballet cubano: merecido homenaje
El pasado 10 de septiembre la sede de la Embajada cubana en la Confederación Suiza y el Principado de Liechstentein, en la ciudad de Berna, fue el marco propicio para rendir merecido homenaje a una figura de extraordinario relieve en la historia del ballet cubano: el bailarín, maestro y coreógrafo ruso Azari Plisetski Messerer. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba, representada en dicha ocasión por Marta Bonet y Magda Resik, presidenta y vicepresidenta primera, respectivamente, de esa organización, le hicieron entrega del Premio Internacional “Josefina Méndez”, la más alta distinción de su Asociación de Artistas Escénicos, a figuras extranjeras de especial relieve en el ámbito de la danza.
Procedente de una familia de artistas por la vía materna (su madre, Rajila Messerer, fue una afamada actriz de cine y sus tíos Sulamith y Asaf, notables bailarines y maestros del elenco del prestigioso Ballet Bolshói de Moscú), Azari tuvo su formación profesional en tan especial entorno.
El bailarín y coreógrafo ruso Azari Plisetski recibió en Berna, Suiza, el Premio Internacional “Josefina Méndez”, alta distinción que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
Azari llegó a Cuba en 1963, donde permaneció hasta 1973 y fue partenaire habitual de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, aunque también acompañó a otras primeras figuras del elenco, entre ellas las llamadas “Cuatro joyas”: Loipa Araújo, Aurora Bosch, Josefina Méndez y Mirta Pla.
De gran trascendencia fue también su desempeño como maestro, tanto en la Escuela Nacional de Ballet como en la propia compañía, donde contribuyó especialmente al desarrollo del elenco masculino.
El Premio, consistente en una obra original realizada por la Premio Nacional de Artes Plásticas Lesbia Vent Dumois, le fue entregado como reconocimiento a su fecunda labor en Cuba.
En sus palabras de elogio, para explicar los motivos por los cuales se había decidido otorgar tan importante reconocimiento, Magda Resik aseguró que el galardonado no solamente era “un artista excepcional, sino también un gran amigo de Cuba”.
Durante la ceremonia, la embajadora Laura Pujol resaltó la dimensión humana y artística del homenaje, señalando que Azari no era solo un maestro excepcional, sino “un siglo de historia viva”, un hombre que atravesó tragedias, transformaciones y escenarios diversos, y que demostró —con entereza, disciplina y talento— que esas virtudes son la llave maestra de cualquier puerta.
En la emotiva ceremonia estuvo presente el embajador de la Federación de Rusia en Suiza, Sergei Garmonin, cuya participación subrayó el vínculo histórico del maestro Plisetski con el Ballet Bolshói, en cuya escuela se formó y donde inició su exitosa carrera como bailarín.
Al agasajo a Plisetski se sumaron numerosos artistas cubanos residentes en Suiza, entre ellos Inés Marchena, junto a Catherine Zuaznabar y Julio Arozarena, ambos exprimeras figuras del Ballet Nacional de Cuba, quienes han desarrollado brillantes carreras como integrantes del Ballet Bejart de Laussana, y el investigador y realizador digital Miguel Ángel García Velasco, junto a otros creadores vinculados a diferentes manifestaciones.

Durante el acto se presentó el documental Dos patrias, una danza, realizado por García Velasco, que recoge momentos significativos de la vida del maestro y su relación con Cuba y Suiza.
La obra creadora de Plisetski en Cuba incluye, además del ballet Canto Vital (1973), Primer concierto, creado en 1971 y el pas de deux Espartaco, que en 1978 fuera estrenado por la Alonso y Jorge Esquivel durante la celebración del 6to. Festival Internacional de Ballet de La Habana.
Una vez más la Danza ha sido no solamente Arte sino también puente de amistad entre los seres humanos.

