Buenavista Social Club: La historia interminable que siempre debió ser (cambiando vereda por trillo)
Si algo nos ha impuesto la industria cultural contemporánea son los conceptos de secuela y precuela (por cierto, esta última definición parece salida de un bocadillo escrito por Alberto Luberta para el personaje de “el encargado” que hiciera el actor José Antonio Coro en el ya desaparecido programa Alegrías de Sobremesa). En nuestro hablar, estos conceptos se traducen en uno solo: la zaga; o para ser más criollos lo podemos resumir en una frase: el culebrón.
Escribo, pienso y digo estas ideas mientras leo la noticia que desde estas páginas habíamos adelantado meses antes: solo faltaba la gira del espectáculo Buenavista Social Club de Broadway para el mundo. Solo que la primera etapa se reduce a presentaciones en más de 18 ciudades de los Estados Unidos.
“La puesta en escena va camino a difundir mucho más de lo que podamos imaginar un pasaje de nuestra historia —muy a la americana— y a sembrar el bicho de la música cubana en públicos muy heterogéneos para los que ‘lo latino’ también incluye lo cubano”.
Ello después de un año en cartelera a lleno total cada función, incluida las dobles de los fines de semana; tras haber ofrecido talleres en los barrios y escuelas para garantizar un flujo de asistentes a las funciones, de haber invitado a estrellas de Hollywood a interpretar personajes en algunas funciones y haber ganado premios en cuanta convocatoria se ha presentado (incluyendo la creación de una categoría especifica en los premios Tony)… Ha llegado la hora de abandonar la comodidad de la ciudad de Nueva York, hacer las maletas y recorrer el mundo.
Como diría un buen músico cubano: “… el Buenavista se va de faster…”.
La puesta en escena va camino a difundir mucho más de lo que podamos imaginar un pasaje de nuestra historia —muy a la americana— y a sembrar el bicho de la música cubana en públicos muy heterogéneos para los que “lo latino” también incluye lo cubano.
Entre los posibles y probables destinatarios de este tour interno está un número importante de compatriotas que gracias a la música —que está en su ADN— harán ese necesario viaje introspectivo a sus lugares de origen y se reconectarán con su pasado y lo ensalzarán con orgullo en sus comunidades, centros de trabajo y religiosos ante conocidos y neófitos.

Nuestros compatriotas cantarán a toda voz cada tema y harán una segunda voz y hasta coro llegado el momento a las voces principales —alguno la habrá de sobrepasar levantando exclamaciones de sus vecinos de butaca—, o saltará de alegría ante los solos de Renecito Avich.
Curiosamente, el musical de marras es ahora mismo nuestro embajador cultural y social en un país donde ser emigrante es un gran pecado. Tanto que una de las frases más usadas dentro del argot popular de Nueva York en estos tiempos proviene de ese musical: “…me quemo aé…” ¿No les suena conocida?
Buenavista Social Club, el musical, va camino a su gran prueba de fuego: conquistar la costa oeste del país. Es decir, California y Los Ángeles… Ya veremos qué pasa. De momento la música cubana rueda por la mítica Ruta 66.

