La verdadera originalidad de una Constitución es hacer feliz a su pueblo, aun cuando en nuestro caso —pues ya sabemos cuántas presiones externas hay— la felicidad no solo depende de una Constitución.
Hay silencios difíciles de explicar, sobre todo ese: el que proviene de la desesperación, de la muerte, de la tristeza colectiva. Vimos en Cuba la bandera a media asta.