“[Cual incensario roto]”: metatextualidad y autobiografía espiritual en José Martí
Luego de un fecundo viaje por algunas creaciones inéditas en vida de José Martí y algo olvidadas, arribamos al análisis del poema “[Cual incensario roto]”, en mi opinión el texto de más largo aliento entre los que integran “Versos varios”, poemas escritos por el escritor en la década de 1880 que no fueron publicados. Es un poema eminentemente confesional sobre la poesía, la escritura, dispuesto en serventesios. [1] Merodea la “zone d’ écriture si difficile d’ accès, nue au bas de l’ abrupt, mais retirée á lui”. [2] Como hemos dicho en otra parte, el texto se inicia con un símil, [3] tan abundante y variado en la poesía de este tiempo. Para Martí la extensión de la imagen en otra imagen provoca la fijación:
Cual de incensario roto huye el perfume
Así de mi dolor se escapa el verso:
Me nutro del dolor que me consume.
De donde vine, ahí voy: al Universo.
Cirio soy encendido en la tormenta:
El fuego con que brillo, me devora [4]
Y en lugar de apagarme me alimenta
El vendaval que al temeroso azora.
En esta ansia de conexiones, se equipara el dolor con lo sagrado, lo purificador, lo fuerte y lo bruñido, [5] y al verso se le atribuyen cualidades exhaladoras, viajantes. Martí nos descubre que el verso nace herido y penetrante. Asistimos al brote en nueva forma de la idea del verso como fruto y superación del dolor, como cultivador de la virtud, pero ahora transido también de otras pretensiones. [6]
Luego de apelar a imágenes recurrentes de lo propio en lo propio (versos subrayados en la cita anterior) y a estructuras antitéticas, manifiesta su “apetencia de muerte”, aquí con el “deseo de unión con la naturaleza y con su apertura cósmica”, [7] enuncia que la poesía permite la vuelta a la unidad del origen, [8] al fundamento cíclico del destino. “En vez de la ironía del polvo definitivo prefiere entroncar como hombre vivo en movimiento”. [9] El texto prosigue con invocaciones al poema, al numen, a la poesía hasta llegar a revelaciones como esta:
Ya no me quejo, no, como solía,
De mi dolor callado e infecundo:
Cumplo con el deber de cada día
Y miro herir y mejorarse el mundo
Ya no me aflijo, no, ni me desolo
De verme aislado en mi difícil lucha.
Va con la eternidad el que va solo,
Que todos oyen cuando nadie escucha. [10]
En la primera estrofa de las citadas asistimos a la inundación del pensamiento analógico en su visión del mundo. Así como el yo lírico se transforma ante el poder irradiante del dolor, el mundo también al ser herido se mejora [11]: por una acción regenerativa y una relación causal. [12] A través de esta fuerza transformadora: el dolor, se le atribuyen cualidades espirituales a la naturaleza, a la materia. Se reconoce que el espíritu es un principio universal.

Esa cualidad mutante del dolor, ese fluir del extremo de una realidad al extremo de otra, ese nivel de conexión y ciclo entre las caras negativas y positivas del mundo anuncia también lo dialéctico, no solo la creencia en un ser ultraterrenal. El poeta comienza a “callar y comprender”. Ya no se asusta porque, recordando la idea del pintor Francis Bacon, sabe que el arte verdadero siempre obliga al artista a enfrentarse a la vulnerabilidad de la condición humana.
En la segunda estrofa, de profundo misticismo, el yo lírico es un espejo, léase imagen activa de ese mundo. El hombre no imita más a la naturaleza, la significa, por trazos, por arranques. [13]
“Despliega con sutileza su funcionamiento… convocar al azar, insistir en lo imperceptible, privilegiar lo inacabado. Alternar lo fuerte., continuo y viril con lo interrumpido y femenino. Teatralizar la unidad de todos los fenómenos. Olvidar el resto. Pero no hay resto”. [14] El hombre es un signo nucleador de lo analógico. Hay en la estrofa un verso magistral que define al poeta: “Va con la eternidad el que va solo”. El bardo está hablando al universo. El percibe “los hilos, la juntura”. Todo es atravesado por una cuerda idéntica y un tanto sagrada. Al aludir a la eternidad no tan solo hay referencia velada a Dios. [15]
La capacidad de irradiación y expansión de la poesía vuelve a ser referida en la siguiente estrofa:
Vano es que amor solloce o interceda,
Al limpio sol mis armas he jurado
Y subiré en la sombra hasta que pueda
Mi acero en pleno sol dejar clavado. [16]
CHAPEAU: “El poeta muestra confianza en una armonía superior, en algo que le trasciende y a la vez le contiene. Descubre que todo fluye, todo se corresponde, todo deviene…”.
Aflora aquí la dicotomía sombra / luz, procedimiento típico de sus Versos libres y una imagen (la que yace en los versos subrayados) afín al prólogo de dicho libro, aquella del “guerrero que va camino al cielo y al envainar” “la espada reluciente” “en el sol se rompe en alas.” El poeta es testigo de una difícil pero purificadora misión. Luego el escritor acude a la potenciación de su ego, enarbola la omnipotencia amorosa, humana de su verso:
Qué fue, no sé: pero yo he dado un beso
A una gigante y bondadosa mano
y desde entonces, por donde hablo, impreso
Queda en los hombres el amor humano.
Andrés Iduarte señala que en esta estrofa “su mesianismo se revela más claro”. Culmina entonces tentando al equilibrio:
Ya no me importa que la frase ardiente
Muera en silencio, o ande en casa oscura,
Amo y trabajo: así calladamente
Nutre el río a la selva en la espesura. [17]
El poeta muestra confianza en una armonía superior, [18] en algo que le trasciende y a la vez le contiene. Descubre que todo fluye, todo se corresponde, todo deviene. Tiene lugar la consolidación de lo analógico en el centro de lo poético —lo poético no como lo escritural, sino como concepción del mundo—. Descubre que todo tiene sentido, todo se enlaza, todo es armonía. Como poeta al fin, “ve lo sucesivo como lo simultáneo”. [19]

Ya conoce las fuerzas que permiten la consecución del mundo: el amor —elemento cardinal en su visión cosmovisiva—, situado aquí también como fundamento de la poesía, y el trabajo: la acción creativa y regenerativa del hombre sobre el medio. A través de estos conceptos es evidente que la naturaleza ha sido significada por el hombre. La comunidad entre ambos es tácita. Para Martí ya ha ocurrido la revelación. Ya puede callar y comprender. Al demandar al mundo su secreto, este se lo ha revelado luego de continuas elevaciones del espíritu del poeta —asimilaciones, aprehensiones, pugnas—. Surcan así algunos de sus mejores versos que acuñan lo analógico. El nivel filosófico confesional de esta última estrofa coincide con el que ostenta el poema I de Versos sencillos. [20]
Observamos así cómo se ha esfumado el universo analógico-irónico que aflora en algunos poemas de la muestra, y en muchísimos de Versos libres, por lo que nos inclinamos a pensar que el texto fue concebido bien entrada la década del 80. Estamos ante otro texto transicional por excelencia: la forma grave, pretenciosa en un pensamiento armónico, que accede definitivamente a la visión analógica; poema a caballo entre Versos libres y Versos sencillos. [21] “[Cual incensario roto…]” es un poema cuajado de confesiones místicas que, como ya hemos dicho, tiene su fundamento en una concepción armónica del universo. Los elementos de poética que contiene el mismo pueden resumirse en el siguiente esquema:
Texto místico y gozoso
– Cómo nace su verso
– Carácter agonal del mismo
– Preocupación por la procedencia del numen o el vehículo de la inspiración
Cambio marcado del tono (A partir de la sexta estrofa)
– Reconocimiento de la capacidad transformadora, dialéctica del dolor.
– El dolor que es principio que atraviesa al universo—fuerza analógica—.
– Humanismo, altruismo del poeta ungido de una fuerza divina
– Reconocimiento de la capacidad purificadora de la poesía.
– Arriba a la conclusión de que el universo es poético, por eso la poesía es universal. Por eso la poesía pervive más allá de la escritura, del texto. [22]
Este poema, como muchísimos otros del autor, prueba que “si la gran poesía ha de ser testimonio irrecusable de la misteriosa armonía humana y universal”, [23] la de Martí se ha granjeado el calificativo desde hace bastante tiempo.
Referencias:
[1] Estrofas de cuatro versos de arte mayor que tienen rima cruzada y consonante.
[2] René Char, Elogio de una sospechosa. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1977, p. 15.
[3] Obsérvense las coincidencias entre la primera estrofa de “[Cual incensario roto…]” y la primera de “[Como nacen las palmas en la arena]”, Versos Libres (Poesía completa, edición Crítica, T. I, p. 103.
Cual de incensario roto huye el perfume
Así de mi dolor se escapa el verso:
Me nutro del dolor que me consume.
De donde vine, ahí voy: al Universo
En ambos textos está presente la idea del verso como fruto y superación del dolor. Son versos sufrientes, supersentidos, singulares, raros, productos de una experiencia difícil. En ambos el símil preside al poema.
[4] En su poema “Dolor, dolor, eterna vida mía”, escrito en España, Martí emplea una imagen estilísticamente relacionada con esta: “yo embriagado en mis penas me devoro”.
[5] Los incensarios son generalmente de metales, por demás, preciosos: oro, plata, bronce.
[6] …solo es poeta, en cualquier época y en el ámbito de cualquier escuela, aquel que se vuelve hacia la materialidad sígnica, la “forma significante”, en la elaboración de su poema. La poesía no revela —por ejemplo— el dolor real, el dolor que el poeta “de veras siente”. Importa, sí, el “dolor ficticio”, el “dolor fingido”, es decir formalmente configurado en las palabras del poema. Es lo que supo ver mejor que nadie Fernando Pessoa, que también escribió: “todo lo que en mí siente está pensando”. Haroldo de Campos. “La certeza de la influencia”. Revista Cuadernos Hispanoamericanos, nro. 568, octubre de 1997, España, Madrid, p. 82.
[7] Ada Teja. Ob. Cit. p. 146. Ese deseo de unión con la naturaleza —“De donde vine, ahí voy: al Universo”— es también expresado en el siguiente verso del poema XVII de Versos sencillos: “Vengo del sol, y al sol voy”, y en el verso del poema I “Yo vengo de todas partes / y hacia todas partes voy”, emparentado también estilísticamente con el verso anteriormente citado de “Cual incensario roto…”
[8] “La unidad se da en un movimiento circular cuyo punto de partida tradicional se invierte y aligera, así las nubes son madres de la tierra:
Cual de incensario roto huye el perfume
Así de mi dolor se escapa el verso.
Me nutro del dolor que me consume,
De donde vine, ahí voy, al universo.
Ada Teja, Ob. Cit., p. 211.
[9] Ada Teja, Ob. Cit., p. 211.
[10] Emilio de Armas comenta que estos últimos dos versos citados “anuncian el advenimiento de otra voz poética esencial: la de Antonio Machado”. Ver Un deslinde necesario…. Editorial Arte y Literatura, 1978, La Habana, p. 133. Incitada por el juicio acometí la pesquisa. Al llevar a cabo la confrontación entre “[Cual incensario roto]” y el poema “Retrato “afloraron las coincidencias:
“[Cual incensario roto]”
Ya no me aflijo, no, ni me desolo
De verme aislado en mi difícil lucha.
Va con la eternidad el que va solo,
Que todos oyen cuando nadie escucha.
José Martí
“Retrato”
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día;
Mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Antonio Machado
Campos de Castilla (1907-1917) Poesías Completas.
Editorial Losada, Buenos Aires, 1943, p. 87.
Se pudieron observar similitudes también entre las tres últimas estrofas de ambos poemas. Ambas poseen un aire familiar. Son textos confesionales, plenos de elementos poético-estilísticos y elementos testamentales. Los atraviesan el mismo sentido de despojamiento y la misma confianza en una armonía que les trasciende a la vez que les contiene.
Por otra parte el enigmático verso: “Que todos oyen cuando nadie escucha” nos recuerda la siguiente afirmación martiana: “…la naturaleza… maga que hace entender lo que no dice”. “El poema del Niágara”. Obras Completas, Editorial Nacional, La Habana, 1963-1973, T. 7, p. 231.
[11] Su estudioso y discípulo, Cintio Vitier, llegando a la misma senda o dándole continuidad, reconoce: “El simple transcurso del tiempo añade dolor”. “Raíz Diaria” en Poética, Obras I, Editorial Letras Cubanas, 1997, p. 176.
[12] A través de esta fuerza transformadora: el dolor, se le atribuyen cualidades espirituales a la naturaleza, a la materia. Se reconoce que el espíritu es un principio universal. Esa cualidad mutante del dolor, ese fluir del extremo de una realidad al extremo de la otra, ese nivel de conexión y ciclo entre las caras negativas y positivas del mundo anuncia también lo dialéctico, y no sólo la creencia en un ser terrenal.
[13] Ver Henri Michaux. “Ideogramas en China”. Diario de Poesía, nº. 44, Verano 1997-1998, Argentina, p. 7.
[14] Severo Sarduy. Epitafios (1994), citado en “Los gestos compulsivos de Sarduy”, Babelia, 10 de enero de 1998, Madrid, p. 7.
[15] En dicha estrofa es apreciable “el empleo de la poesía como retrato lírico de la vida. La poesía como el más íntimo de los amigos, a ella se confían los secretos pensamientos, con ella se habla y ella contesta”. Ver Ángel Rama. “Luz y sombra en la poesía de Martí”, Revista ASIR, marzoabril, 1953, nro. 30-31, Uruguay, p. 44, Montevideo.
[16] Una idea muy similar se expresa en el siguiente verso del texto de Versos libres “[Por Dios que cansa]”: “guía al Sol, el verso sea” Ver José Martí. Poesía Completa, Edición Crítica, T. I, p. 137.
[17] Una idea similar a la que se trasluce de esta estrofa la hallamos en la siguiente, de su magnífico poema “Dos Patrias”:
Ya es hora
De empezar a morir. La noche es buena
Para decir adiós. La luz estorba
Y la palabra humana. El universo
Habla mejor que el hombre.
José Martí. Poesía Completa,
Edición Crítica. T. I, p. 127.
[18] Precisa, y, en este mismo tono es la idea que sobre la armonía universal contiene el siguiente texto de Emily Dickinson (1830-1886):
Nature is what we Know –
Yet have no art to say –
So imponent Our Wisdom is
To her Simplicity – “Nature” is what we see –
The Hill – the Afternoon –
Squirrel – Eclipse – the Bumble bee –
Nay – Nature is Heaven –
Nature is what we hear –
The Bobolink – the Sea –
Thunder – the Cricket –
Nay – Nature is Harmony –
(1863)
Emily Dickinson. Poemas, 668, p. 217,
Editorial Cátedra, Madrid, España.
[19] José Lezama Lima, “Diario”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, mayo-agosto de 1988, nº. 2, Ciudad Habana, p. 149.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor.
[21] Sin poner en dudas la condición eminentemente transicional de textos como este o “A la palabra” —con las formas de Ismaelillo y un tema propio
de Versos libres—, creemos que “en Martí tanto la complejidad evidente como la aparente simplicidad son buscadas. Son, además, producto de un oficio preciso y de una voluntad creadora ejemplar”. Ver Guillermo Cabrera Infante, “Un Diario que dura más de cien años”. Babelia, 10 de enero de 1998, Madrid, p. 19.
[22] “Una frase de Martí nos revela” la transformación de lo vivido por la poesía: “Mi maestro Rafael Mendive ha dicho que por el dolor se entra a la vida, por la poesía se sale de ella”.
“Este tránsito a la poesía produce una verdadera transustanciación. Merced a ella no se descualifica el objeto ni su realidad pero esta deriva hacia una nueva categoría, adquiere nuevo cuerpo, vive mediante una luz distinta”. Ángel Rama. Análisis de “La niña de Guatemala”, Revista ASIR, nro. 30-31, marzo-abril, 1953, Uruguay, p. 78.
[23] Carlos Ortega. “Poesía por y para la mujer”, Babelia, 10 de enero de 1998, Madrid, p. 14.

