Graziella Pogolotti después de llegar con plena lucidez pasados los noventa… se ha ido apagando, o tal vez se ha convertido en una peregrina en su fragmentado monólogo interno que solo ella y quienes la cuidan amorosamente como la mejor familia —Celina y Juan—, pueden descifrar. Reviviendo en un regreso a los orígenes de sus padres, a su familia italiana, a sus contemporáneos, y con ellos todo lo que ha vivido, rumiando sus eternos recuerdos de testigo y protagonista como sobreviviente –Dinosauria soy llamó con sabiduría a sus memorias— de diferentes épocas de la sociedad y la cultura cubana y universal. Como decía su admirado Gramsci, con el pesimismo de la mente y el optimismo del corazón. Cuando la visité en enero de este año el día que cumplía sus longevos 94, nos sorprendió a los tres entonando para ella, como si estuviera sola, recogida y con voz queda, el himno del Quinto Regimiento, que memorizaba desde el hogar libre pensador de su primera infancia, en el París natal.

El andaluz Manuel Carnero Muñoz fue precursor de la Segunda República Española, periodista de izquierda durante la Guerra Civil fundador y comandante del Quinto Regimiento, y más tarde reconcentrado en los campos de refugiados en Francia. Conoció un exilio militante de treinta y seis años en Cuba y casi medio siglo de residencia en la Isla, donde fundó una generosa familia y fomentó una impronta profesional y espiritual como otros muchos de sus compatriotas y compañeros de causa, que animaron con su conciencia y trabajo, como diría un cronista, “la memoria de un país que se extendió más allá del mar”.

Durante casi toda su estancia en la mayor de las Antillas, fue redactor, editor y director de publicaciones periódicas republicanas, de las que fue colofón España Republicana, un quincenario que resultó emblemático de ese éxodo antifranquista. Fui testigo de su consagración a esa aventura intelectual y de vida. Él representó uno de los incontables ejemplos significativos de la diáspora republicana en América Latina, una emigración —a la que el poeta León Felipe bautizara definitivamente como “españoles del éxodo y del llanto”—, que se integró a sus países de adopción, donde fueron acogidos como hijos legítimos, avalados por una lengua, una identidad y una vocación ciudadana común.

“El testimonio de este protagonista casi anónimo, sus recuerdos de un capítulo fundamental de la Guerra Civil, y su posterior exilio cubano, que lo llevó a integrarse a un país que sintió auténticamente como suyo, son las motivaciones de este texto (…)”.

Carnero, quien además contribuyó en general al periodismo de su patria de acogida, tanto en su oposición a la dictadura de Fulgencio Batista como en su identificación posterior con los postulados de la revolución triunfante, nos dejó entre otras historias de vida una memoria breve pero medular, que dio en llamar Del Cuartel de la Montaña al Quinto Regimiento. El testimonio de este protagonista casi anónimo, sus recuerdos de un capítulo fundamental de la Guerra Civil, y su posterior exilio cubano, que lo llevó a integrarse a un país que sintió auténticamente como suyo, son las motivaciones de este texto que propongo para reconocernos en la memoria histórica y divulgar en parte “la intrahistoria” de una de esas silenciosas existencias que, sin embargo, hicieron aportes hoy casi completamente ignorados.

Mi agradecimiento a Jorge Domingo Cuadriello, amigo de muchos años y estudioso como nadie del exilio republicano español en Cuba, por la ayuda y la puntual información que han nutrido estas páginas. Y a la Fundación “Nicolás Guillén” por la posibilidad de darlas a conocer en las dos patrias de Manuel Carnero Muñoz.

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Manuel Carnero Muñoz nació en diciembre de 1911 en Andújar (Jaén, Andalucía), tierra de aquellos “andaluces de Jaén, aceituneros altivos”, al decir de uno de sus poetas preferidos y quien fuera su compañero de lucha e ideas, Miguel Hernández [1]. Manuel Carnero Escribano, su padre, era profesor de Instrucción Pública; su madre, Dolores Muñoz Sevilla, se dedicaba a sus labores [2]. Poco se sabe de su niñez y del resto de su familia [3] en esa época; solo que cuando tenía diez años junto a los suyos se estableció en Madrid. Realizó estudios de Derecho en la universidad madrileña, y desde su primera juventud se relacionó con el ideario marxista. Su carácter rebelde lo llevó a unirse a cualquier iniciativa en que pudiera desplegar su simpatía por las causas que consideró justas.

Carnero Muñoz nació en diciembre de 1911 en Andújar (Jaén, Andalucía), tierra de aquellos “andaluces de Jaén, aceituneros altivos”.

En 1930 junto a un grupo de obreros y estudiantes funda el semanario Rebelión, de corte marxista, y en ese año, en su primera acción de rebeldía voluntaria, se une al capitán Fermín Galán, quien organizó, junto a otros oficiales y ciudadanos rebeldes, la sublevación de Jaca, iniciada con la proclamación de la República desde los balcones del ayuntamiento y con el nombramiento de la primera alcaldía republicana. Organizan dos columnas que parten hacia Huesca, pero esta acción fracasa y Galán es fusilado.

En 1931 el advenimiento de la Segunda República Española lo encuentra trabajando en los diarios El Sol y La Voz, y también en la agencia informativa Febus. En este año ingresa en el Partido Comunista de España. En 1933 trabaja como secretario de redacción en el diario El Imparcial. En 1935 el Comité Provincial del PCE crea el semanario Pueblo donde se desempeña como redactor jefe. En 1936 forma parte del grupo que funda el 5º Regimiento de Milicias Populares —su tarjeta de identidad en el mismo lo registra con el grado de capitán ayudante, fechada el 9 de septiembre y firmada por el legendario comandante-jefe Enrique Líster—, y hasta 1939 lo encontramos al mando de distintas unidades militares.

El asedio al Cuartel de la Montaña, en Madrid.

En el colegio salesiano de Francos Rodríguez, cuyas instalaciones comenzaron a funcionar como centro de operaciones, se iban juntando voluntarios deseosos de colaborar en la defensa de Madrid. Entre unos y otros, comunistas, socialistas, troskistas, anarquistas, librepensadores, republicanos todos ellos, nació el embrión de lo que sería más tarde el Quinto Regimiento. Allí acudió Carnero, junto a otros compañeros con los que había combatido en Jaca y ayudó a la instrucción militar de obreros y campesinos. “Creció el número de alistados, según se fueron desarrollando las acciones bélicas […] pasando de 6,000 a 20,000 milicianos entre los meses de agosto y noviembre. Para finales de julio ya habían partido al frente al menos unos 1,000 miembros, mientras una gran parte permanecía en la retaguardia bajo instrucción o en otras misiones”. [4]

El joven estudiante de convicciones revolucionarias fue uno de los protagonistas de esa epopeya, que más de cuatro décadas después evocaría en entrañable crónica. Una información, tal vez por especulativa poco conocida, la recoge el sitio digital http://enciclopedia.elgrancapitan.org/index: “Surge el Quinto Batallón de Milicias que organizó el 19 de julio el comandante Fernández Navarro. Su fundador y primer dirigente fue Enrique Castro Delgado [5], quien a las pocas semanas dejó paso a Vittorio Vidali (comandante Carlos Contreras), como líder de la organización. Sin embargo, parece que quien tuvo la idea de formar esta unidad fue un estudiante comunista llamado Manuel Carnero Muñoz [6]. La denominación se debe a que la guarnición de Madrid tradicionalmente se componía de cuatro regimientos”.[7]

Participaría después en diversas acciones de combate y propaganda, y termina la guerra como mayor de infantería, 2º Jefe de Estado Mayor del XII Cuerpo de Ejército y su jefe de información. La voz de los poetas recogió como nadie la gesta de aquellos milicianos. Como asevera la escritora y crítica madrileña Marta Sanz: [8]

Durante la guerra de España, los poetas, impelidos por los rigores de la actualidad, se habían dedicado a hacer lo que sabían: ahí están los textos de Alberti, Hernández, María Teresa León, Altolaguirre, Neruda, Huidobro en El Mono Azul; más tarde, los versos de Ángela Figuera contra los poetas de la rosa en una posguerra de orfandad, represión y hambruna. La literatura de urgencia cree en la palabra —bella o fracturada— como acción. Se aproxima de un modo no escéptico al lenguaje. La poesía es arma cargada de futuro y en cada representación de la realidad alguien toma partido. Cuando vacila, teme, sospecha. También cuando legítimamente afirma.

El 5to Regimiento de milicias populares.

Así inmortalizó Pablo Neruda la convocatoria de aquel regimiento de izquierda en defensa de la república:

Yo conocí a Bolívar una mañana larga/ en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento./ “Padre”, le dije, “¿eres o no eres, o quién eres?/ Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo “Despierto/ cada cien años, cuando despierta el pueblo”.

Y uno de sus integrantes, el poeta Rafael Alberti, nos ofrece un retrato vívido:

Mañana dejo mi casa, / dejo los bueyes y el pueblo. / ¡Salud! ¿A dónde vas, dime?/ –Voy al Quinto Regimiento. / Caminar sin agua, a pie. / Monte arriba, campo abierto. / Voces de gloria y de triunfo. / –¡Soy del Quinto Regimiento!.

Derrotada la causa republicana, rotos los sueños y las esperanzas, el combatiente andujareño cruza en 1939 la frontera con Francia y es enviado al Campo de Concentración no. 17 (Saint Cyprien). En una larga entrevista que le hice a Félix Pita Rodriguez, [9] el poeta bautizó a León Blum, jefe del Gobierno galo, como “un hijo de la gran guayaba”, a tenor de la complicidad pasiva de su régimen durante la guerra civil y la intervención del eje nazi-fascista, y del posterior engendro por la administración francesa de estos aparentes “campos de refugiados” que no eran más que de retención (se reconocerían de “concentración”), donde fueron confinados los hasta ayer defensores de un Gobierno legítimo.

El legendario comandante-jefe Enrique Líster, en el frente.

En otro testimonio, que recoge su viuda, la poeta Ángela de Melo, Félix cita el campo de Saint Cyprien, entre otros, como ejemplo de esos nefastos centros de internamiento, donde las pésimas condiciones sanitarias y la desnutrición campeaban por su respeto.

Para los republicanos de cualquier nacionalidad, como los brigadistas internacionales, que habían podido cruzar a manera de viacrucis los Pirineos, escapando a territorio francés, Saint Cyprien era un dramático escenario de reconcentración identificado como “una franja a orillas del mar cercada con alambre de espino, sin ni siquiera barracones donde guarecerse ni agua potable, con los refugiados peleando por sobrevivir en la arena”. [10]

De esa dolorosa experiencia tengo también los recuerdos del amigo y escritor venezolano Juan Riquelme, cuyos padres padecieron ese atormentado cautiverio. En uno de esos campamentos nació su hermana mayor y como consecuencia de las serias deficiencias del régimen alimenticio que padecieron sus progenitores, ella y él mismo, ya nacido en el exilio venezolano, heredaron una insuficiencia vitamínica con afectaciones óseas.

Uno de los nefastos campos de concentración franceses adonde enviaron a los exiliados españoles. Las pésimas condiciones sanitarias y la desnutrición campeaban por su respeto.

Con posterioridad, ya en una Francia ocupada por los nazis, los sobrevivientes que no pudieron escapar tuvieron otra suerte trágica, como “…los centros de refugiados de Argelès-sur Mer y Gurs, (donde fueron destinados) a trabajos forzados en el campo de Saint-Mèdard, controlado por el Gobierno de Vichy”. [11] Otros corrieron igual o peor suerte, pues fueron entregados por la policía alemana a las autoridades franquistas, con el destino de, en el mejor de los casos, terminar en los centros de represión y trabajo forzado que se localizaban en la propia España.

Existieron además, para exiliados españoles en Francia, campos de concentración nazis, donde serían represaliados cerca de diez mil republicanos [12]. Se registran otras cifras, pero por lo demás con un rango de coincidencia, como cuando en enero de 2005 se rindió homenaje por primera vez ante el Congreso de los Diputados “a los casi nueve mil republicanos españoles deportados por el Tercer Reich”. [13]

Cualquiera que se saliera de la línea o criticara al régimen franquista se arriesgaba a una “custodia protectora” en el entonces recién creado campo de prisioneros políticos de Dachau. Estudios recientes registran que más de 7 500 prisioneros peninsulares morirían en los principales reclusorios de exterminio hitlerianos. [14]


Referencias:

[1] Del trágico fin de Miguel diría Manuel Vázquez Montalbán, “murió de tuberculosis y comunismo, es decir, por mantenerse firme en la defensa de sus ideas y por una enfermedad acrecentada”. (David Becerra. “La biografía que al fin sitúa a Miguel Hernández…”. elDiario.es. 25 de mayo de 2026).

[2] Juan Rubio Fernández. “El amigo de Fidel en Andújar” (Diario Jaén, 23 de marzo 2018, versión digital).

[3] Posteriormente un sobrino suyo, Guillermo Carnero Arbat —hijo de su hermano menor, Guillermo, quien fuera capitán del ejército de la República—, sobresaldría en las letras españolas contemporáneas como poeta, ensayista, académico de renombre, e integrante de la corriente de los “Novísimos”, tras su inclusión en la antología canónica de José María Castellet en 1970.

[4] Juan Rubio Fernández. Ob. cit.

[5] Manuel Carnero fue uno de sus hombres de confianza.

[6] “De hecho, hay quien afirma que el “alma mater” de este cuerpo de ejército popular fue el propio Carnero” (citado en nombresparalahistoriadeandujar.blogspot.com/2016/)

[7] Quinto Regimiento. De Enciclopedia Militar El Gran Capitán. http://enciclopedia.elgrancapitan.org/index.

[8] Marta Sanz. “¿Es posible una literatura de urgencia?” (El País digital, sábado 26 de agosto de 2017).

[9] Norberto Codina. “La buena memoria”. Entrevista a Félix Pita Rodríguez. (La Gaceta de Cuba, no. 3, La Habana, mayo-junio, 1995, pp. 12-17).

[10] David Granda. “Amor entre el horror de Auschwitz” (El País digital, viernes 22 de julio de 2022).

[11] Cristian Segura. “Un reclutador de españoles para los campos nazis” (El País digital, 28 de abril de 2018).

[12] Edmundo Fayanás Escuer. “Los campos de concentración de Franco” (El Público digital, 12 de agosto de 2021).

[13] Javier Cercas. No callar (Tusquets Editores, 2023), p. 495.

[14] Manuel Morales. “Últimas noticias desde el infierno: 7500 españoles murieron en los campos nazis”. (El País, versión digital, 27 de mayo de 2024)