El centenario del tétrico Presidio Modelo
Tal vez los lectores se pregunten si vale la pena recordar el centenario de la inauguración del Presidio Modelo, pero es tal la historia de crímenes cometidos en él, que consideramos necesario no olvidar la fecha.
El Presidio Modelo, muy próximo a la ciudad de Nueva Gerona, quedó inaugurado, aun cuando quedaban obras por hacer, el 1 de febrero de 1926 por el presidente Gerardo Machado. El capitán Pedro Abraham Castells asumió la dirección del presidio en 1928 hasta la caída de Machado. Personaje controvertido, el capitán Castells fue definido así por Pablo de la Torriente Brau:
Castells fue un asesino con un plan, aunque cometió algunos crímenes fuera de él, impulsado ya por el montón de muertos. Castells creyó, al atornillarse como un diente más al molino triturador de Machado, que su misión era clara y evangélica: extirpar de la sociedad cubana al hombre criminal (…). Y hombre de una energía sobrehumana casi, cayó sobre el presidio, primero como un desplome y después como la peste.
Finalmente reconocida apenas un año antes ─al entrar en vigor el Tratado Hay-Quesada suscrito en 1925─ la soberanía de la República de Cuba sobre la Isla de Pinos, la elección de dicho escenario, fuera de la isla grande, para construir un presidio, era reflejo de gran malevolencia: cualquier intento de fuga resultaba casi imposible de materializar con tanta agua de por medio, y para los familiares de los reclusos, visitarlos devenía una odisea. Ya existía una cárcel en Nueva Gerona, por lo que “la seguridad” del lugar estaba comprobada.

El proyecto corrió a cargo del ingeniero César E. Guerra, se inspiraba en el modelo de una prisión norteamericana erigida en Illinois y el tan sarcástico nombre de Presidio Modelo se justificaba porque, supuestamente, en él el recluso estaría sometido a un plan de reeducación atendido por un cuerpo de juristas, pedagogos, psicólogos, médicos, etc., de tal modo que el penal funcionara como un laboratorio antropológico sin injusticia ni espanto, para regresar al preso rehabilitado totalmente a la sociedad. El nombre de modelo respondía también al nuevo tipo de arquitectura y las mejores condiciones de alojamiento.
Se utilizó el sistema panóptico o de circulares, construidas de forma tal que desde un punto dado, pueda verse todo su interior y la vigilancia puede ejercerse con pocos guardias. Cada circular tiene 30 m de altura, 53 m de diámetro y 455 celdas (a dos presos por celda, para una capacidad de 930 cada una), dispuestas en 6 pisos y se asciende por dos escaleras de mármol. Se estima que el período en que más muertes hubo en Presidio Modelo fue el del machadato: alrededor de 430 presos: 192 blancos, 150 negros, 86 mestizos y 2 cuya raza no consta en los documentos consultados. Se cuentan entre los fallecidos poco más de 100 de nacionalidad extranjera. En su espeluznante libro testimonial Presidio Modelo, el periodista Pablo de la Torriente Brau denuncia y registra los nombres y apellidos de cada uno de los reclusos comunes allí asesinados o informados como “desaparecidos” durante los años finales de los veinte e inicios de los treinta.
En su libro testimonial Presidio Modelo, Pablo de la Torriente Brau denuncia y registra los nombres y apellidos de cada uno de los reclusos comunes asesinados o informados como “desaparecidos”.
Entre los cientos de reclusos ─políticos estos─ que allí fueron confinados en la década del 30 estuvieron Ramón Grau San Martín, Carlos Prío Socarrás, Aureliano Sánchez Arango, Gabriel Barceló, Mario Fortuny, Eduardo Chibás, Ramiro Valdés Daussá, Juan Marinello, Rubén de León, Menelao Mora, Juan Mariano González Rubiera, Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa…, por lo que cuanto opositor político, fuera de derecha o de izquierda, osó criticar o conspirar contra Machado fue enviado a este lugar.
En 1938 el Presidio Modelo cambió oficialmente de nombre, pasando a denominarse Reclusorio Nacional para Hombres, aunque en la práctica prevaleció el nombre anterior. Allí fueron recluidos, una vez juzgados, los jóvenes asaltantes del Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, en 1953, aunque no fueron destinados a las circulares de tan triste celebridad, como tampoco lo fueron los opositores políticos, ya citados, de los años treinta del pasado siglo.

