Hace veintiséis años, Vicente Feliú (La Habana, 1947-2021) dio forma a una idea que venía madurando desde su paso por el Movimiento de la Nueva Trova. Se trataba de Canto de Todos, una iniciativa que buscaba tender puentes de canción en Iberoamérica, frente a una industria que despoja a la música de sus raíces.

El proyecto, asentado desde hace quince años en una oficina dentro de la Casa del Alba Cultural, se propuso conectar a trovadores de la nueva canción, la protesta y la autoría; impulsar festivales y encuentros —internacionales, nacionales y bilaterales—, y descubrir a quienes, surgidos en los 90, aún no se conocían entre sí ni con las generaciones anteriores.

Iván Soca Pascual, fotógrafo y coordinador del proyecto, recuerda que la concepción inicial se ha mantenido hasta la fecha. “Solo que al no estar Vicente físicamente hemos tenido que cambiar la forma de liderazgo. Antes era vertical, ahora es horizontal”. Feliú es hoy, según sus palabras, “un grupo, un colectivo de trovadores que llevan en sí su espíritu”. Por eso insiste en que la esencia no cambió; lo que se transformó fue “la manera de generar los nuevos horizontes”.

Sobre el significado de la trova para la cultura cubana, Soca no duda: “Es la banda sonora de la nación. Ya con eso todo lo que te diga está implícito”. Una definición que condensa una historia larga, tejida por voces que han acompañado el devenir del país.

El proyecto nació un 11 de septiembre en la Casa de las Américas. Allí, mediante una jornada convocada por esa institución, se dieron cita 82 trovadores y trovadoras de diferentes confines. Al frente estaba Feliú. Aquel concierto se llamó Un canto de todos.

“…la canción de autor sigue siendo un puente entre pueblos, un espacio donde las raíces culturales se defienden y la unidad latinoamericana se cultiva”.

Desde entonces, han ocurrido muchas cosas. Vicente estuvo todo el tiempo conectando gente y procesos, desde su participación en foros mundiales sociales, cumbres y eventos internacionales, hasta su propia obra consecuente. “Siempre al frente de la batalla, en la trinchera”, comenta Soca.

Para Iván Soca, la experiencia ha sido transformadora. Estudió fuera de Cuba y, al regresar, se desempeñó en el área de telecomunicaciones en un acápite importantísimo: el acceso a internet. Allí se cruzó con Vicente Feliú, quien le propuso hacer el Centro Iberoamericano para la Canción.

“Así nacimos un 11 de septiembre, un día como hoy”, rememora. Para él, siendo gerente de una Empresa de Telecomunicaciones, siempre estuvo claro que la información, y en especial la de la cultura cubana, era lo más importante que debía mover a través de esa infraestructura. Esa relación con todas las áreas de la cultura, en particular con los trovadores, resultó fundamental.

Además, su formación en Leningrado —un lugar, dice, donde prácticamente todos eran fotógrafos— alimentó una afición que pudo profesionalizar al llegar a Cuba. Así, además de coordinar el proyecto, se dedicó a trabajar todas las memorias de este centro creado por Feliú. “Mi obra ha sido importante para guardar esas memorias, esos instantes, esa impronta”, afirma. Y menciona acompañamientos a agrupaciones como Los Van Van y a trovadores como Silvio Rodríguez, con quien estuvo en todos sus conciertos de barrio, salvo uno o dos.

El aporte de Canto de Todos a la cultura cubana se resume, para Soca, en una imagen que Vicente solía citar: la del colibrí, el animal más pequeño, pero el más persistente. “Eso hemos aportado: con nuestra persistencia y nuestra consecuencia ideológica, política y cultural, hemos estado en los momentos más importantes de nuestra nación y estaremos. Esto se acaba solo cuando se acabe”.

Feliú es hoy, “un grupo, un colectivo de trovadores que llevan en sí su espíritu”. Foto: Juan Miguel Morales / Tomada de Granma

Hoy, al cumplir 26 años, el proyecto celebra estar en la Casa del Alba, donde habita desde hace tres lustros. “No estamos ahí porque nadie nos pidió que estuviéramos. Estamos porque Vicente decidió estar ahí y yo con él. Y estamos porque nuestro espíritu es el mismo espíritu de la Casa del Alba”.

Así, Canto de Todos llega a este aniversario con un liderazgo horizontal, un colectivo de trovadores que sostiene el legado de Feliú y una certeza: la canción de autor sigue siendo un puente entre pueblos, un espacio donde las raíces culturales se defienden y la unidad latinoamericana se cultiva.

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