Con motivo del Día de la Prensa Cubana y el 134 aniversario del periódico Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí en Nueva York, el 14 de marzo de 1892, tuvo lugar en la céntrica galería de arte de 23 y 12, en El Vedado capitalino, la inauguración de la exposición El humor no se puede bloquear.
Cuarenta obras hicieron la muestra de humor gráfico, en la que participaron ocho creadores representativos de este género de la comunicación visual cubana. A saber: Arístides Hernández (Ares), Ismael Lema, Adán Iglesias, Enrique Lacoste, José Luis López, Osvaldo Gutiérrez, Alfredo Martirena y Avilarte.
La exposición se caracteriza por la unidad formal y conceptual, en lógica consonancia con una temática como el Bloqueo que, a más de su continuidad en el tiempo, no ha dejado de arreciar en los últimos años, haciéndose sus negativas consecuencias parte del cotidiano de vida del país. Esta situación, sin embargo, violatoria del derecho internacional, no ha dejado de propiciar una condición muy propia de nuestra idiosincrasia: cuanto más aprieta el zapato, más se suelta el humor. Lo que también puede interpretarse de la siguiente manera: entre cubanos, mientras más serio es el humor, más calidad tiene.

La importancia del tema, sin duda, impide su banalización, por lo que cada obra deviene denuncia de una de las tantas violaciones de tal política impositiva. La misma que no tiene miramiento alguno en maniatar y poner de rodillas a la Estatua de la Libertad, o de tapiarle su límpida expresión de bienvenida, por solo citar dos de las obras expuestas por nuestros humoristas relacionada con este icono de la nación estadounidense. O la madre que empuja el coche de su hijo por sobre la agresiva irregularidad de una calle adoquinada por la palabra bloqueo.
En fin, cuando el poder del humor se deja ver, la deshonestidad se agazapa detrás de una transparente puerta; mucho más cuando ese poder es ya parte inalienable de la forma de ser de todo un pueblo, que se enorgullece de su historia pasada y reciente, desde la cual construirse un futuro más cierto. Tampoco escatima sonrisas, incluso, carcajadas, cuando de festejar la verdad se trata…, sobre todo, si es a expensas de los que, con sus oprobiosos actos, la ultrajan. Tal es, en resumen, el mensaje último y mayor de la presente muestra expositiva que nos ha ocupado. No deje de visitarla, estimado lector, mi semejante: El humor no se puede bloquear.
