La cultura cubana, la imbricación en ella de diferentes próceres por la independencia y el rol en ese proceso del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, fueron algunos de los aspectos abordados en el primer encuentro de La Tertulia en 2026, un espacio de debate y reflexión auspiciado por la Uneac. Celebrada en la Sala Villena de esa institución, la cita tuvo como tema central “La cultura histórica en Revolución. El legado de Fidel”, a propósito de las celebraciones por el centenario del natalicio de líder cubano, y contó con participación de los historiadores Alberto Prieto Rozos y Ernesto Limia.

En el espacio se analizó igualmente la arremetida de Estados Unidos en la región, en particular tras el secuestro del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, acción en la cual perdieron la vida 32 internacionalistas cubanos.

Durante su intervención Prieto Rozos refirió la importancia que Fidel le otorgó a la cultura no solo como un medio de formación, sino para otorgar las herramientas necesarias a quienes defienden y deben acompañar el proyecto. Asimismo, expuso cómo ello y las transformaciones desarrolladas estimularon el surgimiento de una conciencia nueva, acompañada de una revolución cultural profunda. “Esa revolución cultural fue la que definitivamente consolidó la transformación de la rebeldía en revolución. Si no hay cambio de conciencia, no hay cambio definitivo de sociedad”, recalcó.

En tal sentido el investigador rememoró el rol del líder cubano en las misiones internacionalistas acaecidas en diversos países y regiones con particular énfasis en la colaboración cubana en África, con los casos de Argelia, Namibia y Angola y destacó la integración al llamado internacionalismo solidario de varios sectores sociales.

“Esa revolución cultural fue la que definitivamente consolidó la transformación de la rebeldía en revolución”.

También recordó el rol de Fidel en la articulación de espacios de intercambio y diálogo a nivel regional, como fue el caso del Foro de São Paulo luego del derrumbe del campo socialista, y la concreción de otros tras el arribo de la Revolución bolivariana, con la creación del ALBA. “Estos grandes aportes de Fidel en la ideología, la política, lo militar, lo cultural y la medicina es lo que permite afirmar que es la figura más trascendente de América Latina en el siglo XX”, afirmó el académico.

Refiriéndose a lo acontecido en la nación suramericana, el moderador del encuentro y Doctor en Ciencias Políticas, Abel González Santamaría, destacó y reconoció la valentía y el coraje de los colaboradores cubanos que perdieron la vida en la incursión militar estadounidense. Llamó a no olvidar lo acontecido, de velar porque se aclaren los sucesos del 3 de enero y denunciar las acciones del que llamó gobierno fascista estadounidense. En la formación de la nacionalidad del pueblo cubano, sostuvo, tiene intrínseco el internacionalismo, lo cual fue compartido a un nivel más amplio con el triunfo de la Revolución: “Hay que seguir dando la pelea, hay que levantar la moral”, refirió González Santamaría, quien además declaró la mezcla de dolor, indignación e impotencia ante lo acontecido en suelo venezolano.

Ernesto Lima, por su parte, criticó las tendencias que favorecen un clima anticultural y llaman a apagar el pensamiento crítico, y agregó: “El día que sepultemos a la Uneac estaremos sepultando a la Revolución porque no hay Revolución sin cultura de la revolución”.

En dicho contexto, añadió, están las dimensiones de la Historia como construcción simbólica, como aprendizaje y como construcción de la cubanía. Desde esas referencias Limia valoró la impronta de figuras de la historia nacional como José Antonio Aponte y José de la Luz y Caballero, y significó la construcción de una cultura desde los valores compartidos y la participación popular: “En la Revolución la unidad no se construye sobre la base de la disciplina porque los yanquis pueden atacarla; la unidad se construye sobre la base del consenso, sobre la constitución crítica de una espiritualidad que tiene que ver con los intereses de la patria, no de una persona”.

“De nada nos valen los estudios si no nos ayudan a construir patria…”

También subrayó cómo al analizar Palabras a los intelectuales muchas instituciones culturales suelen ignorar la parte en ese discurso que les atañe y cuán necesario es aclarar lo hechos para enfrentar un pensamiento neoliberal que impone servidumbre y sometimiento: “[Es] Terrible como Occidente logró que la academia histórica se convirtiera en cosa de élite, apartada de nuestros pueblos. Si la cultura, si la historia, si las ciencias políticas, si la academia no construye con nuestro pueblo no sirve para nada”, y añadió: “De nada nos valen los estudios si no nos ayudan a construir patria en instantes en que la ideología neoliberal se empeña en convertir al ciudadano en un estúpido, en un consumidor, capaz de someterse al primer soplido”.

Desde dicho empeño valoró que la Historia como aprendizaje y construcción de cubanía es un gran legado del líder cubano. “Utilizó la historia para construir Patria, para construir Revolución, para sostener la hidalguía y la determinación de un pueblo que ha tenido como adversario por más de 200 años al imperio más grande que ha conocido la historia moderna”.