En el hecho de que el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos pueda ser considerado como moderno influye de manera decisiva no solo la excelencia de su estilo, sino también, y de manera medular, el carácter descolonizador de dicho diario, con la irrupción y consagración de lo cubano como emblema en sus páginas.

A dicho tema dedica su muy bien escrito ensayo “El Diario de Campaña de José Martí como discurso descolonizador y canto de vida”[1] la profesora e investigadora cubana Ada Teja, quien ha impartido docencia universitaria en Italia. Es un estudio muy rico y, a la vez, difícil de resumir. Es, entre los ensayos escritos sobre el tema de la recepción de los Diarios…, de los más reveladores y raigales. A sus contrastes magistrales alude, como por ejemplo al hecho de que, aunque está escrito con aguda objetividad, también está preñado de emoción, de que constituye una meditación activa: mientras realiza la misión de su vida, la lucha por la independencia, lo que entrega es frescura del campo vital, de las experiencias concretas y una visión maravillada.

La autora se refiere a que los textos martianos anteriores a este están presos en la polaridad alto / bajo, bueno / malo, luz / oscuridad. Sin embargo, el Diario… no, pues lo que exhala es unidad, su mirada acoge todo y le da relieve poético, con el amor permeándola. Y en las líneas de lo paradójico apunta que esta meditación es su testamento y también un texto fundacional. Entonces ilumina las tesis de su ensayo comparando este diario con el de Cristóbal Colón.

“Martí no se siente rey de todo lo que ve, es parte del espacio que narra”. Imagen: Tomada de Web CubaTv

A su consideración, el diario del descubridor es colonizador porque remite a un reino que está en otra parte: España; busca otra cosa diferente de lo que ve: oro, propone sojuzgar a los indios. El Diario… de Martí es descolonizador pues muestra los tanteos del proceso de conocimiento de lo desconocido, interrumpe un curso histórico y crea una nueva causalidad histórica, diría Lezama, pero a diferencia de Colón, la finalidad que él le impone —la independencia—, no es extraña a Cuba, sino madurada por su historia y su crecimiento.

Para él la independencia significaba rescatar el curso histórico de América, interrumpido por la colonización. No hay yuxtaposición de culturas y tradiciones foráneas. Si hay “traducción”, no es a un destinatario externo, sino a lo poético. Martí está fundando su paisaje nacional —describe el paisaje como inmanencia—, funda literariamente al cubano como hombre sencillo que también es héroe, realzado por la idea de que Martí planteó siempre la necesidad de que América se reconozca a sí misma. El Diario… es la crónica dentro de la liberación de un pueblo que muestra también sus impurezas, y del proceso de liberación del paisaje y el hombre.

El Diario… exhala unidad, su mirada acoge todo y le da relieve poético, con el amor permeándola.

En tal sentido, establece las diferencias entre las crónicas norteamericanas respecto al Diario… y los Versos Sencillos. Si a aquellas las caracterizaba la desnudez y el impresionismo rico, a Versos Sencillos y al Diario… los define el despojamiento. Afirma que tanto a Versos Sencillos como a este Diario… los une una profundización de lo real donde se consuma la vida, su destino, y se hace realidad su poesía.

La ensayista cubana califica a este Diario… como género híbrido: no es un documento militar, ni diario íntimo, ni público, es un diario de campaña y una crónica de hechos históricos y del gozo por la naturaleza. Magistralmente afirma que el Diario… “es la vivencia sin comentarios” (p. 210), y que en él se crea una variante tropical del locus amoenus: “lugar ameno o bonito de la naturaleza”, donde en la representación del paisaje hay una elucubración interior que concede cercanía y distancia a la vez. Para ella su tema es “estar en la naturaleza y realizar la historia”.

La ensayista cubana califica a este Diario… como género híbrido: no es un documento militar, ni diario íntimo, ni público, es un diario de campaña y una crónica de hechos históricos y del gozo por la naturaleza.

También contrapone este Diario… al Diario de Cristóbal Colón el profesor costarricense Esteban Barboza Núñez en su novedoso ensayo “La subversión al discurso colonial en la construcción del espacio en el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos[2], en el que aplica las teorías sobre el discurso colonial a este diario. Barboza suscribe que el documento escrito por Martí se opone a esa literatura de viaje de fines del siglo XIX, que tendía a interpretar los espacios coloniales como inherentemente funcionales al poder hegemónico europeo a través de su conquista y colonización, porque es capaz de construir un espacio que va más allá del utilitarismo colonial típico en la escritura de grandes exploradores y cronistas de viaje, así como narradores.

Asevera que con ello se adelanta a su tiempo, porque es posible notar cómo quien narra absorbe el paisaje, y este se convierte en parte de él. Para probarlo, cita el conocido pasaje del Diario… donde se alaba el bosque y la noche, y estos tienen su propia vida y su propia dinámica, independiente del canon semántico de Martí.

El Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos se opone también a esos diarios de viaje porque no establece una relación de autoridad, dominación y superioridad de parte del que mira sobre lo que describe, porque no hay connotaciones negativas del paisaje en Martí, dígase lo incierto, la barbarie, lo desconocido, el peligro.

El Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos se opone también a esos diarios de viaje porque no establece una relación de autoridad, dominación y superioridad de parte del que mira sobre lo que describe, porque no hay connotaciones negativas del paisaje en Martí, dígase lo incierto, la barbarie, lo desconocido, el peligro. El paisaje ya no es una posible fuente de riqueza para el explorador a través del sometimiento y transformación como en el Diario de Colón. Martí no se siente rey de todo lo que ve, es parte del espacio que narra, y está vinculado e inspirado e incluso protegido por este.

La condición anticolonial del Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos pone en evidencia los valores históricos y sociológicos —con el consiguiente ajuste entre formas y esencias— que posee esta obra martiana inclasificable, llena de contrastes magistrales que, por todo ello, ha llegado a ser considerada como un clásico de la lengua española.

Notas:

[1] Ada María Teja. “El Diario de campaña de José Martí como discurso descolonizador y canto de vida”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, n. 16, La Habana, pp. 199-221, 1993. La autora es cubana y ha sido profesora de la Universidad de Siena, Arezzo, en Italia, y posee un importante currículum investigativo sobre la obra literaria de José Martí.

[2] Esteban Barbosa Núñez. “La subversión al discurso colonial en la construcción del espacio en el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, n. 38, La Habana, pp. 128–138, 2015. Su autor es profesor de la Universidad Nacional de Costa Rica. Se ha especializado en estudios poscoloniales, investigaciones culturales y literatura costarricense.

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