Habana a toda cuerda: un álbum que desdibuja la frontera entre lo popular y lo académico
Habana a toda cuerda se escucha como una conversación entre dos mundos que nunca debieron separarse. De un lado, el chachachá, el danzón, el changüí, la guajira, el son y ciertos ecos afrocubanos. Del otro, la escritura minuciosa de la música de concierto, el tratamiento contemporáneo de las cuerdas, la mirada académica que no renuncia al rigor.
El hallazgo del disco —y lo que lo vuelve una pieza tan disfrutable como seria— reside justo en ese balance. No se trata de mezclar por mezclar, sino de abordar los géneros populares desde la óptica de la música de cámara, con toda la intención creativa que eso implica. El resultado ha quedado perfectamente conjugado, confiesa Daiana García, directora de la Orquesta de Cámara de La Habana, después de un proceso de curaduría que tomó tiempo y que no se improvisó de un día para otro.
Este fonograma, que ya cuenta con tres nominaciones en los premios Cubadisco 2026 —Música de Cámara, Diseño de sonido ambiente controlado y Notas discográficas—, representa además la antesala de los primeros veinte años de la orquesta, quince de ellos bajo la batuta de la maestra Daiana.

Grabado en el Estudio 3 de Producciones Abdala, con el ingeniero Giraldo García al frente de los controles y la producción musical de Aldo López-Gavilán y Rodrigo García Ameneiro, el disco continúa la línea abierta por Todo concuerda mejor (Colibrí, 2017). Pero a diferencia de aquel, este nuevo material reúne diez piezas escritas o versionadas expresamente para la orquesta. Todas son inéditas. Ninguna había sonado antes. Los propios autores las concibieron con este formato en mente, lo que les otorga una coherencia poco habitual en proyectos de igual tipo.
El título no surgió por casualidad. Habana a toda cuerda conjuga tres ideas: la ciudad como centro creativo, el formato instrumental de la agrupación (cuerda pura) y la energía de ir “a toda máquina”.
La mayoría de los compositores —ocho de los diez— son habaneros; los dos restantes, aunque nacidos en provincia, desarrollaron sus estudios y su carrera en la capital. Esa concentración geográfica no es un detalle menor. El disco se siente como un producto muy propio, muy cubano, muy de La Habana, pero sin caer en el folclorismo fácil.
Los autores representan diferentes generaciones: repiten respecto al disco anterior Aldo López-Gavilán, Ernesto Oliva y Alejandro Falcón, mientras se suman con creaciones inéditas Rodrigo García Ameneiro, Alejandro “Coqui” Calzadilla, Roberto Carlos “Cucurucho” Valdés, William Roblejo, Marialy Pacheco, Camila Cortina y Jorge Amado.
“Para el público internacional, Habana a toda cuerda resultará una puerta de entrada a la música cubana bien escrita, fresca y ritmática. Para los cubanos, además, será un motivo de orgullo”.
La apertura del disco no está escogida al azar. “Agila”, de Ernesto Oliva, irrumpe con un changüí escrito para cuerdas que desborda energía y sabor. Esa pieza funciona como declaración de intenciones: aquí no habrá solemnidad vacía, pero tampoco concesiones gratuitas.
El resto del repertorio mantiene la misma tensión fértil. William Roblejo, además de firmar uno de los temas, ejecuta un solo en su propia obra. Irving Frontela también brilla con su violín en otra de las pistas. Y los solos no quedan únicamente en manos de los invitados: la concertino Brenda Chávez (primer violín) y Tania Hasse (violín) intervienen en las composiciones de Falcón y García Ameneiro, respectivamente. Esa decisión refuerza la sonoridad de las cuerdas dentro del disco y le otorga un carácter orgánico, casi familiar.
Fundada en 2006 por el maestro Iván del Prado como homenaje a la agrupación homónima creada en 1934 por José Ardévol, la orquesta ha mantenido, desde que Daiana García asumió la dirección en 2011, un repertorio volcado en la defensa de la identidad desde el rigor.
“Habana a toda cuerda se escucha como una conversación entre dos mundos que nunca debieron separarse. De un lado, el chachachá, el danzón, el changüí, la guajira, el son y ciertos ecos afrocubanos”.
Actualmente compuesta por veinte músicos —diecisiete mujeres y tres hombres—, la Orquesta de Cámara de La Habana actualiza sonoridades que beben tanto de lo clásico como de lo absolutamente popular. Esa mixtura, que refleja como somos los cubanos en nuestro incesante proceso renovador, encuentra en Habana a toda cuerda uno de sus momentos más logrados.
Para el público internacional, Habana a toda cuerda resultará una puerta de entrada a la música cubana bien escrita, fresca y ritmática. Para los cubanos, además, será un motivo de orgullo: lo que hoy se escucha en el disco ya forma parte del repertorio activo de la orquesta, y permanecerá por mucho tiempo en sus presentaciones en vivo.
Cualquier momento del día sirve para disfrutarlo, aunque quizás convenga hacerlo con los oídos atentos: lo que suena sencillo y bailable es, en realidad, el fruto de una escritura muy seria. Ese es el milagro de Habana a toda cuerda.

