Historia del clítoris
El autor de Historia del clítoris declara en su Introito que no es este un libro a catalogar como “ciencia”, pues será, “en cualquier caso”, “de la admiración y la duda. Una manera de hacer preguntas e imaginar cómo sería el ser humano si aquello o lo otro, no hubiera sido del modo que fue”. De ahí que predomine un discurso ensayístico heredero Montaigne, por momentos monográfico, aunque el modo enciclopédico sea preponderante. Se vale para ello tanto de fuentes lingüísticas o históricas como de fuentes científicas con muy buen tino elegidas, hasta llegar al uso de la interpretación personal, en la que privilegia el razonamiento lógico. En lugar de crear una ruptura con la nomenclatura metodológica académica, el orden del discurso expositivo se desentiende de ella y de sus métodos. Un libro, en preanuncio del autor, más cerca del arrobamiento y la perplejidad de Leonardo Da Vinci que de sus cálculos matemáticos.
Se aprecia en él, no obstante, la preponderancia de un método que entre dos líneas propone su equilibrio: la percepción semiótica de los significados, y el ejercicio sistemático del razonamiento lógico cuyas bases conclusivas parten de una estirpe renacentista, de bagaje clásico, como lo hicieran Alfonso Reyes o Robert Graves. Acumula así apuntes enciclopédicos y va aportando conclusiones parciales que son a su vez un llamado a razonar por propia cuenta. En asunto de método, esto es un desafío a la tradición académica moderna, que estrecha el marco de razonamiento a favor de la demostración, y suprime el de la especulación. A su aire, Rodríguez Salvador especula, o conjetura, convencido de que todo fragmento de saber puede comunicar mediante la figuración de sentido que deviene al asociarse con otro fragmento de saber yuxtapuesto. De ahí que, previendo que pudiera tener más oposición que apoyo, apunte este axioma que mucho revela de su método: “conjetura contra conjetura iguala el debate”.
“En lugar de crear una ruptura con la nomenclatura metodológica académica, el orden del discurso expositivo se desentiende de ella y de sus métodos. Un libro, en preanuncio del autor, más cerca del arrobamiento y la perplejidad de Leonardo Da Vinci que de sus cálculos matemáticos”.
Este debate, o discurso polémico, hace aparición también al comentar las fuentes que le sirven de base para sus análisis. Lo da por hecho, ya como punto de partida, el título del capítulo primero, donde actualiza semiológicamente la importancia que le confiere a la figuración lingüística. Al titularlo “El clítoris en la lengua”, el doble sentido semántico trasciende a un “doble sentido” semiótico de carácter erótico, dejando a la percepción humorística las marcas primigenias de la interpretación.
El análisis de Rodríguez Salvador va de la etimología a la semiótica para obtener el sentido, la significación que subyace en los vocablos comunes y los términos científicos, o como tales expuestos. Los cinco capítulos del libro —I. “El clítoris en la lengua”, II. “Apuntes para una discusión teológica sobre el clítoris”, III. “La antigüedad clásica del clítoris”, IV. “El clítoris en el armario de la Edad Media” y V. “Del clítoris a la democracia”—, tienen entre ellos una relación más sincrónica que diacrónica. Va y viene de los diversos periodos históricos según su propia tesis lo reclama o lo exige. La relación entre la cita de referencia, o la alusión a la investigación precedente, se da en el propio desarrollo del discurso expositivo y prefiere exponer antes que narrar, técnica esta última que se ha infiltrado en el ensayo posmoderno.

Por tentador que pueda ser para quien padezca del vicio de la erudición, no es necesario abandonar temporalmente el texto para profundizar. Rodríguez Salvador sabe cómo poner a su servicio todo ese amplio y difuso contexto referente. Un discurrir enciclopédico que encadena sus términos y tópicos para conseguir lo que el autor se ha propuesto: escribir un ensayo que invite a dialogar, a comentar al margen y, sobre todo, a sorprendernos con el dato erudito, en lugar de abrumarnos con su acumulación, como lo haría cualquier disciplinado investigador que espera concluir su doctorado.
Lamentablemente, esta capacidad fluida y coloquial del discurso sufre interrupciones esporádicas por un uso arbitrario de la coma, o cierto vicio circunloquial en la oración. Algo que una próxima edición debiera revisar, así como, imprescindible además, las erratas que terminan en faltas ortográficas, sobre todo en el uso o desuso de la tilde o acento.
Lo más relevante de Historia del clítoris es, a mi juicio, su valentía y desenfado para abordar temas que aún arrastran tabúes y enconadas luchas de criterios relativos a posturas éticas y morales. (El propio autor resulta víctima de alguna de ellas cuando tercamente persiste en nombrar a la humanidad con el tradicional y ya inoperante calificativo de “Hombre”). A pesar de esto, Rodríguez Salvador no rezuma prejuicios ni se reserva el derecho de omisión en cuestiones polémicas; por el contrario, las trata con naturalidad y comprensiva aceptación de sus variables. Su criterio, que se desliza a través de las partículas de todo el ensayo, convive con los juicios precedentes y elige seducir y convencer, antes que imponerse.
