La precisión de un cartel cinematográfico cobra mayor importancia cuando, aislado o en una exposición colectiva, resalta por sus valores autónomos. He aquí, con Kinocúlate, una representación de lo expresado previamente.

Kinocúlate no es un concepto, es una intención, una invitación a ver cine. La ambición de introducir un deseo, un gusto, algo que crecerá y, con suerte, se reproducirá. El ingenioso juego de palabras entre kino (cinema o película de cine, en alemán) e inocular (contagiar, transmitir, infectar) da título a la singular exposición colectiva de carteles que llama la atención por estos días en la galería Fresa y Chocolate.

Kinocúlate no es un concepto, es una intención, una invitación a ver cine.

La exhibición es resultado de varios meses de trabajo para promover el 5to Festival de Cine de Verano, a partir de una colaboración entre el proyecto La Jeringa y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). El original concepto curatorial, a cargo de María Victoria Pérez Rodríguez, nos traslada en la galería por los distintos cines donde estuvieron programados los ciclos temáticos.

A partir de la fachada dibujada en la pared de lugares emblemáticos de la ciudad como el Yara, Acapulco y Riviera, cada afiche parece ser una extensión de la marquesina de los cines, para recalcar esa función intrínseca del cartel cinematográfico: publicitar. Asimismo, la ficha técnica de cada obra incluye una breve sinopsis sobre el ciclo temático al cual dieron imagen.

La exhibición es resultado de varios meses de trabajo para promover el 5to Festival de Cine de Verano, a partir de una colaboración entre el proyecto La Jeringa y el Icaic.

Un total de 12 carteles conforman la selección bajo el sello de los diseñadores Julio Montesino, Alex Zaldívar, Javier Valdés, Joan Labrada, Darien Sánchez, Alejo R. Romero, Yoan Rivero, Alejandro Cuervo, Arístides Torres, Yanaisy Puentes, Karen Rivero y Emilio Cruañas. Jóvenes que independientemente de sus plurales estéticas supieron plasmar un elemento común: la pasión por el cine.

Entre los carteles que merecen ser destacados se encuentra Willem Dafoe: oficio de camaleón,del diseñador Yoan Rivero,el cual sintetiza de una manera muy acertada la esencia del ciclo cinematográfico al que representa. Sobre un fondo negro se inserta el rostro del actor. Solo unas líneas onduladas señalan su pelo. No hay ojos, ni nariz o boca, cualquier signo de expresión ha sido borrado. En el contorno, unas líneas discontinuas y una tijera; a su lado se lee el rótulo “Corte y rellene aquí”. Junto al rostro hay cinco posibilidades en forma circular para rellenar: “Anamorph” (en azul), “Anticristo” (en verde), “Pasolini” (en blanco), “Su último deseo” (en rojo) y “La última tentación de Cristo” (en naranja).

La imagen hace alusión a la versatilidad del intérprete, ese oficio de camaleón al que se refiere el ciclo. El fondo negro, a semejanza del set fílmico a oscuras, en espera de que el reflector ilumine una de las posibilidades. ¿Será Jesús de Nazaret, el detective Stan Aubrey o Pier Paolo Pasolini? ¿Qué personaje debe interpretar Willem Dafoe?

El ingenioso juego de palabras entre kino (cinema o película de cine, en alemán) e inocular (contagiar, transmitir, infectar) da título a esta singular exposición.

Otro de los ciclos dedicados a un actor fue “Secundarios de lujo: Harvey Keitel”, ilustrado por Alejandro Cuervo. El cartel está acentuado por un fuerte contraste entre dos tonalidades de naranja, una estridente (para la base y algunos detalles) y otra más tenue. La forma invade todo ese fondo de naranja vibrante, la figura del actor desproporcionada se levanta vestida de saco y corbata. El cuerpo y la mano que alza el revólver son más grandes que la cabeza. Mientras alrededor de ella se disponen barras que disminuyen en grosor según se acercan al resto del cuerpo.

Aunque la cabeza se restringe en tamaño es resaltada; las barras que se disponen a su alrededor recuerdan las imágenes icónicas del Cristo pantocrátor.  Pantocrátor es una de las formas más comunes de representar a Cristo en el arte románico y bizantino, donde se personifica con la mano derecha levantada en actitud de bendecir. En esta ocasión, a semejanza de dicha postura, Keitel levanta su brazo derecho pero para disparar un arma.

Este gesto nos sugiere esos personajes de gánster que han marcado la carrera del actor, un dios de los secundarios de lujo. Quizás por eso se agiganta el cuerpo y parece salirse del marco. El mismo brazo que levanta un arma también sostiene un carrete de películas, y es que Keitel figura en más de 130 largometrajes a lo largo de su trayectoria actoral.

El original concepto curatorial nos traslada en la galería por los distintos cines donde estuvieron programados los ciclos temáticos.

El cartel cinematográfico ha sido y es un soporte en el que confluyen dos maneras de hacer arte: el diseño gráfico y el cine. Kinocúlate estará abierta al público hasta el 24 de diciembre de este propio año. La parada en Fresa y Chocolate se hace casi obligatoria para los amantes del cine que estarán dándose cita para el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, cuyos filmes se  proyectarán principalmente en los cines del Proyecto 23.

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