Los mapas de la memoria: cartografía de una nación
La memoria crítica no es un libro de fácil definición, sus límites genéricos resultan desafiantes, o incluso subjetivos, según la pretensión del lector. Pudiera ser, en su formato más superficial, una antología. Para quien estudie una zona específica de la historia o la literatura cubana, tomaría sin dudas la apariencia de libro de consulta. Si dedicamos las horas justas al total de sus páginas entonces nos volvemos expectadores cercanos de las líneas investigativas que lideran la carrera de su autor. Pero lo cierto es, en cualquiera de los casos, que Rafael Acosta de Arriba consigue en este volumen ofrecer un libro necesario, revisitar espacios imprescindibles y poner luz en zonas oscuras de la historiografía cubana. Lo hace desde un espectro fluido, versátil, desplegando todos los roles posibles de su trayectoria intelectual. Cuando nos hemos habituado al investigador riguroso, aparece el biógrafo dispuesto a mostrar al hombre en su dimensión, el curador de arte, el humanista con mirada de sociólogo, el entrevistador… el estudioso de una historia a la que siempre le urge desmantelar fronteras.
Da Arriba pretende apartarse de los acontecimientos entendidos como centrales en la historia de Cuba, así como regresar sobre aquellos a los que se les asignó una versión sesgada. Nuestro país, y en general Latinoamérica toda, ha transitado por períodos donde la memoria se vuelve rígida, el imaginario colectivo registra una verdad mutilada y es, mediante ejercicios intelectuales como La memoria crítica que se le honra con la oportuna pluralidad de voces. El trotskismo, el Congreso Cultural de 1968 en La Habana, las relaciones entre los intelectuales y el poder, las cuestiones raciales, los intersticios entre literatura e historia, las zonas identitarias tabú, las grandes personalidades que poco a poco pierden su humanidad y quedan despojadas de matices: espacios todos donde la cultura se torna reveladora y clave para una mirada más real.

El libro abre con el siglo XIX se pasea con soltura por puntos neurálgicos ubicados desde las luchas independentistas hasta la más cruda contemporaneidad. Cierra con una sección de reseñas y prólogos dedicados al acto mismo de pensar el arte, la historia y la nación. Un recorrido redondo que comienza con la fundación de lo cubano para coronar con reflexiones sobre los mecanismos mediante los cuales esa sociedad se representa y se comprende a sí misma hoy.
Toda antología (si decidimos llamarla así) entraña un riesgo. Reunir textos escritos en distintos momentos y en circunstancias diversas puede dar lugar a un conjunto fragmentario, una suma de piezas cuyo único punto de contacto sea el nombre del autor. Sin embargo, Rafael Acosta da Arriba logra transmitir, en esta compilación, la existencia de un mapa. Como editora, he podido asistir a ese itinerario que dibuja con claridad las líneas entre puntos que, tal vez, no se sabían parte de un mecanismo mayor en su concepción original.
La colección de Ediciones Matanzas se enriquece con este título que tiene como centro la voluntad de comprender la cultura cubana en su complejidad. La propuesta deriva en un acercamiento sincero al entramado de ideas, sensibilidades, símbolos y conflictos que adquieren un mayor sentido al ser examinados desde la madurez que aporta el tiempo. Aquí la memoria toma consciencia, aparece entendida como constante reinterpretación o cuestionamiento y no como un simple depósito de hechos.
“(…) este título que tiene como centro la voluntad de comprender la cultura cubana en su complejidad”.
Los ensayos dedicados al siglo decimonónico permiten apreciar el interés de su autor por las tensiones decisivas en la formación de la nación, el diálogo fresco sobre eventos tan manidos como la Asamblea de Guáimaro o los primeros ciudadanos cubanos completa piezas de nuestro rompecabezas identitario. Se recupera la figura de Carlos Manuel de Céspedes para trascender con toda intención al Padre de la Patria y cederle el privilegio de ser un hombre enfrentado a las contradicciones de su contexto. Los territorios conocidos abren puertas a nuevas interrogantes. Algo similar ocurre ante la vorágine del siglo XX y la relevancia de pensarnos como hijos de una República Española, herederos incluso de los estragos de su Guerra Civil.
Este rescate de zonas inexploradas y puestas sobre la mesa del debate contemporáneo toca asuntos sensibles como “el congreso que no existió”. Los derroteros que marcan en los años 60 de la Isla estuvieron determinados, sin duda, por esas tiranteces entre experiencia individual y destino colectivo, donde hubo decisores para la memoria y también para el olvido. La política vs la cultura figura como línea recurrente para Rafael, por eso (y por su formación académica) no es casual que el arte se alce como arma principal en sus trabajos.
La fotografía y la cuestión racial tienen un apartado en La memoria crítica. El ensayista conecta con su autenticidad respecto a la experiencia estética y los modos de percibir y representar al cuerpo, llegando a disertar con gran coherencia acerca del poder de la sexualidad y la imagen. “Del fauno al sexting, un húmedo y promiscuo viaje” es ese texto que nos aterriza, a través de algo tan antiguo y universal como lo porno, en el abismo desde el cual las sociedades se observan a sí mismas; elaborando relatos del deseo, la realidad y su propia construcción individual. Con una experiencia tan vasta del autor en el arte y la fotografía en Cuba, estos artículos se revelan medulares para un análisis actual que no huya de los resquicios.
“La política vs la cultura figura como línea recurrente para Rafael, por eso (y por su formación académica) no es casual que el arte se alce como arma principal en sus trabajos”.
Quise dejar para el final uno de los apartados que sospecho será de los más populares, me refiero a las entrevistas. Leonardo Padura, Juan Valdés Paz, León Ferrera (testigo y sobreviviente del trotskismo), Jesús y Julio César Guanche son los interlocutores de Rafael. Se consigue en este intercambio otro modo de pensar la historia. Las voces directas de protagonistas, la ventaja de regresar en el tiempo, una oportunidad guiada por las preguntas hábiles de quien permanece, en esta ocasión, del otro lado de los acontecimientos. El lector encontrará aquí una mina de informaciones pendientes, de anécdotas esperadas y algunas olvidadas.
Su reciente entrada a la Academia Cubana de la Lengua está avalada por una carrera que no necesita voceros, no obstante, creo que este libro viene a bordar de un modo especial dicho nombramiento. Cada memoria supone una elección, un ordenamiento y cada crítica implica, a su vez, el ejercicio de esa memoria; entre ambas se establece una relación de mutua dependencia que Acosta da Arriba ha sabido aprovechar y cultivar. Aquí se lega el testimonio de ese empeño, el logro de interrogar al pasado sin convertirlo en un objeto venerable o estático. Los libros de esta naturaleza poseen la virtud de advertir la continuidad allí donde, en un primer momento, solo parecía haber dispersión.

