Parece que Domingo Alfonso trató durante toda su vida de encontrar un estilo que se identificara con su destino [1], y lo halló, porque supo admirar en sí mismo “precisamente, la congruencia con su poesía, al avenirse perfectamente, en cuanto persona, a su poesía. Y al revés, por supuesto: el que su poesía sea de tal manera suya, genuina, nacida de la verdad de la vida,” [2] como lo manifiesta en su poemario Historia de una persona (1968) que aquí comentaremos, y en los cuadernos que le siguieron. Allí es tangible la economía de recursos en su poesía y un sentido directo que garantizan la eficacia, originalidad y agudeza, como su exergo sugiere: “Cuando tres líneas bastan, cinco significan siempre estupidez”, de Frank Lloyd Wright. Allí la pasión amorosa materializada en el contacto físico de los cuerpos es presentada ya como una verdad irruptiva y suprema, y el elemento fantástico puede aflorar para dar vía y consistencia a un acercamiento bien objetivo a la realidad. La plenitud del placer físico y la angustia son cantadas en este poemario donde se emplea la fantasía a veces como una forma de comprender el mundo:

“Minio rojo”

Tus labios son minio rojo.
 Tus senos paralelos,
Tus grupas color de potro alazán,
Tu modo feroz de hacer el amor
Me causan más impacto
Que veinte catedrales.
(p. 43)

Véanse también los poemas “Después de catorce jaiboles” (p. 44), “Mujer con minifalda” (p. 27) y “El vendedor de jabones” (p. 23). En su poesía la pasión erótica en su dimensión física es algo que prima sobre todos los sentidos y fundamentos:

“Después del amor” (p. 45)

Esta mujer y yo terminamos.
Ahora, dejando el desorden de las sábanas
hemos mirado por la ventana hacia la calle.

Un poco a la derecha
unos obreros componen una enorme valla
que dice: Todos con boinas rojas a la Plaza de la Revolución.

Ella se vuelve al interior del cuarto de hotel.
Yo miro sus nalgas color de tinta de imprenta.
Siento lo que los hombres normales ante tal espectáculo:
Doy gracias a quien corresponda por encontrarme vivo.

En el poema anterior, que es uno de los mejores poemas escritos por Domingo, observo similitud con el planteo del poema “Historia de una persona”, que cierra el poemario, teniendo este un detalle contextual animado por el rojo que contrasta con el negro de las nalgas de la mujer, en un inesperado cromatismo. Parece que los dos poemas fueron escritos en fechas cercanas. Allí se enuncia que el fundamento, el sentido de una vida humilde ha sido, es y será el amor con toda la expectación, angustia y ansiedad que tal suceso despierta en los humanos:

“Historia de una persona” (p. 81)

Ante los senos de esta mujer,
ante su cuerpo tremendamente negro
me justifico.
Nací para este minuto,
para este minuto padecí,
para este minuto se arrastró mi sangre por galeones y
                                           colonias de esclavos,
para este minuto durante mi infancia, delante de un plato
                                            con el esmalte azul
muchas veces comí harina y aguacate con repugnancia;
para este minuto las noches del cinematógrafo cogido
                 de la mano de mi tío, con pantalones cortos,
para este minuto el beso primero de la primera novia,
en una noche oscura, en un portal oscuro,
para este minuto la arena desnuda debajo del pie
                             desnudo como una mujer desnuda,
para este minuto aquellos años en que cagaba encima
               de la porquería de 60 o 50 subseres humanos,
para este minuto me bañaba en baños sin azulejos con
                                 las paredes apestando a humedad,
para este minuto la noche primera del primer amor en
                                           un burdel de la calle Zanja,
para este minuto se fue construyendo durante más de
                                                             veintinueve años
una persona de carne y de hueso como cualquier otra.

En tal sentido también encontramos aquí un poema donde se apresa expresamente la ternura de un instante pese a la arrolladora que puede ser la pasión física:

“Como dos ángeles” (p. 50)

Vamos a ver el mundo, vamos amiga,
vamos a donde el cielo comienza
cogidos por el brazo, con ramilletes azules,
como hermana y hermano, como dos ángeles
olvidando tu vientre, tu pareja de muslos,
el río de fuego que rompe tu espalda.

Cultiva aquí ya con gusto y éxito el poema objetivo que no teme apelar al elemento fantástico como dador de algún sentido. Léase “Poema pop 1967” (p. 16). Objetivismo que a veces matiza con la fantasía o como en el siguiente caso con el inevitable paso del tiempo y la muerte rodeada de la vida. Véase el poema “La mesa” [3] (p. 64). Y nos hace saber que la cualidad humana debe primar, y de hecho prima, por encima de los nombramientos, porque ante la ley de la existencia todos los hombres somos iguales. Léase “Escrito contra el Rey” (p. 17) El tema de la muerte, que será reiterativo en su obra en los últimos diez años de su vida, ya aparece aquí- “En medio de la espera” (p. 24) – Junto al curioso diagrama que va trazando el hombre en su existencia entre expectativa y realidad, así como retratos sutiles de la realidad cotidiana. Consúltese “Romance a los cuarenta” (p. 59) o “Duro como yo mismo” (p.66), retrato del hombre que es el poeta. Acaso el más ambicioso sea el siguiente:

“El hombre que se reparte” (p. 67)

Hay rastro de mí en el nitrógeno del aire,
en el órgano genita de algunas mujeres,
bajo la piel ondulante que ciñe la isla,
en viejas casas que dejaron de ser,
en pensamientos que duermen,
o son olvido, o una llama que arde muy bajo.

Estoy en el futuro de seres que me ignoran,
Una partícula de mi vida reposa bajo la tierra, bajo el mar,
en forma de saliva, de orina, de excretas;
yo, el difundido en miradas, en voces, en partes infinitesimales
espero el minuto de repartirme totalmente.

Donde asciende la perfección del universo porque no es más que una parte activa, indetenible de él, mostrando así lo dialéctico de la existencia. Y el más singular y curioso es este donde una vida es recordada en la antesala de la muerte, donde a través del elemento fantástico se describe lo impactante de un suceso real:

“Candelario Jiménez cayendo al abismo” (p. 80)

En su descendimiento ha visto colores verdes, carmelitas, pardos,
ocres, sienas de diferente graduación, ocasionalmente blancos,
una ráfaga de formas imprecisas.
De su vida uniforme
recuerda en un solo segundo multitud de pensamientos
ha amado infinitamente la media hora primera de su matrimonio,
la blancura reluciente de las sábanas del hotel,
la timidez de la novia,
luego los cuatro años de mediana dicha que no supo
                                                     aquilatar como debía,
ahora vislumbra un pedazo de cielo
se ha preguntado si Dios estará allá arriba,
se acuerda de sus padres, del abuelo ya muerto,
una rama golpea su rostro y ha perdido el conocimiento
Media hora más tarde, su hermano, sus compañeros de excursión
han llegado hasta el fondo del abismo
donde yace la cabeza rota de Candelario Jiménez.

Llama poderosamente nuestra atención la presencia de textos de poética en el cuaderno, donde se presenta al poema como un hecho de profunda vibración humana que trasciende el instante y el momento en que es concebido, porque el poema es algo vivo que va mostrando su poder y realeza independientemente de la literatura. Véase el poema “Manifiesto” (p. 15). Porque nos dice que la poesía es más importante y necesaria que el poeta, y para explicar sus argumentos, su lógica, acude a la fantasía. Consúltese “Elogio del arquitecto” (p. 22). Porque todo puede ser tema de la poesía ya que, como dijo Martí, acercarse a la vida es el objeto de la literatura. Léase “Arte poética (II)” (p. 34).  Entonces canta a la belleza tangible, física de una mujer, no a los símbolos o motivos que en la historia han hecho grande a la poesía:

“Lizanka” (p. 73)

Lizanka es débil como las flores,
Su frente de porcelana, está teñida de café
Lizanka almuerza, come, desayuna,
en ciertas ocasiones imprescindibles
vierte un líquido amarillo de pésimo olor;
pero aún así la prefiero a la copa de alabastro,
o a la cinta de siete colores que teje la lluvia en el cielo.

Canta los instantes efímeros, fugaces donde vibra el amor. Ya en este libro están completamente definidos los temas fundamentales de su poesía. Se anudan en ella biografía, angustia y pasión física y erótica, y el poeta se afina porque “transforma en valores estéticos sus debilidades, como quien violenta y ajusta sus gestos a una composición que crea para entenderse” [4].  Estos poemas nos recuerdan aquella idea de Louise Glück donde se explica que la ventaja de la poesía sobre la vida es que la poesía, si es lo suficientemente aguda, puede durar.


Notas:

[1] Idea de Pablo de Rokha.

[2] Roberto Fernández Retamar. “El hombre que es Domingo”. Prólogo a Historia de una persona, La Habana, 1968, Colección al cuidado de Fayad Jamís, Cuadernos de poesía 19, Ediciones La Tertulia, p. 11.

[3] A este poema en otras ediciones posteriores el poeta le suprimió el segundo verso.

[4] María Negroni.