Peligrosas mentiras
13/2/2019
El excelente artículo de la joven periodista Beatriz Albert Pino, publicado en Cubadebate, llamado “Retiran libro por su contenido machista, inaceptable y ofensivo de Feria de La Habana”, ha suscitado un sinfín de opiniones, la mayoría de las cuales resulta tan preocupante como la existencia en Cuba del despreciable libro 100 maneras de ser machista y no avergonzarse por ello, del autor español José Antonio Solís.
¿Puede hablarse de “tolerancia” ante la diversidad?
Increíblemente, muchísimos lectores abogan por la venta de ese engendro, que fuera publicado en el año 2002 por la editorial peruana El arca de papel, e introducido en La Habana de manera engañosa, retorcida. Más que hurgar en cómo se logró colocar dicho libro en un stand de nuestra feria, debemos preguntarnos cuánto nos falta por hacer en materia de concientización del público acerca de discriminaciones como el racismo, la xenofobia y la misoginia.
Si me preguntaran qué hacer en casos como este, propondría multar a la editorial tramposa, y destinaría el dinero a los damnificados de La Habana, pero no me corresponde tomar ninguna decisión más allá de mi deber de comentar lo que me resulta inaceptable. La Feria del Libro transcurre con normalidad, con sus altas y sus bajas, con lanzamientos abundantes en títulos, con la presencia argelina entre nosotros, con el justo homenaje al narrador Eduardo Heras León, y con la reverencia a La Habana, próxima a su aniversario 500.
Insistir, por tanto, en la comprensible irritación que provocó entre nosotros el libro repugnante que fuera retirado en cuanto se dio la alarma, responde únicamente a dos propósitos: valorar la importancia de las redes sociales (plataforma donde varios activistas se mostraron ofendidos, entre quienes me incluyo, y donde se ofreció la primera de las explicaciones por parte del Instituto Cubano del Libro), y alarmarnos (todos) por el escaso nivel de comprensión que demuestra la inmensa mayoría de los comentarios, cuya avalancha sorprende.
Transcribo uno, como botón de muestra, y aclaro que todos están disponibles en Cubadebate: “Si hay que tolerar la homosexualidad, los raperos, los reguetoneros, los choferes de las guaguas, hay que tolerar y respetar a los machistas. A mí me gustaría leer ese libro”.
Me asaltan varias dudas, cada una más preocupante: ¿De veras hay que “tolerar” el homosexualismo? ¿Puede hablarse de “tolerancia” ante la diversidad? ¿Es válido colocar en la misma balanza una inclinación sexual, la música y un oficio, o estamos ante un disparate mayúsculo, y por tanto inaceptable?
Parece mentira que a estas alturas, con tanto esfuerzo desplegado en términos ideológicos, masivos, educativos y formadores, exista semejante atraso de pensamiento y semejante actitud denigrante. La pregunta que más me inquieta es: ¿Será que de tanto aspirar a que las más abyectas discriminaciones —léase contra el negro, contra la mujer, contra los homosexuales—, sean superadas luego de 60 años de revolución, llegamos a creer que era cierto el logro de dichas aspiraciones, y que los índices alcanzados permitían dar por hecho el aniquilamiento de la discriminación? Obviamente, esa ilusión, como todas, pasa factura, y ello explica que ahora mismo, en el 2019, más de una treintena de lectores opine que debe permitirse la circulación del repugnante libro de marras. Esto, escudado tras la falacia de una supuesta democratización de la lectura, y el reclamo de que “todo debe permitirse”, solo demuestra el profundo machismo, la siempre palpitante homofobia, y la misoginia que padecemos como sociedad.
El camino es mucho más largo de lo que previmos, la ignorancia es mil veces más profunda de lo que se pensaba, y la labor educativa reclama mayor presencia, más espacio y debates que de verdad tengan objetivos, propósitos y resultados concretos. Hablando en plata: la realidad nos golpea, como diciendo “aquí estamos de fiesta los machistas, los racistas, y los homófobos de siempre”. Suscribo la frase que acompaña este artículo, extraída de Facebook, y agrego que no se trata solo de opiniones, sino de actitudes, de conductas, y del enorme daño que causa la injusticia.
Es una peligrosa mentira eso de que “toda
opinión es respetable”; el racismo no es
respetable, la xenofobia no es respetable,
la misoginia no es respetable.
No, no toda opinión es respetable.
Desgraciadamente, Laidi, no me sorprende el fenómeno. En Cuba, con el Período Especial, el nivel de la educación básica decayó de manera alarmante, y los paliativos de urgencia, como los “valientes” y los PGI, que la gente llamaba irónicamente “maestros instantáneos”, fueron muy poco frente a la caída libre del nivel educacional general. Ahora empieza una lenta recuperación, pero en cambio tenemos otra cosa en contra nuestra: las iglesias pentecostales, cada vez con más feligreses, ramificadas hasta todos los rincones de nuestra geografía y propugnando con todas sus fuerzas esa misma homofobia, ese mismo machismo y misoginias dignos de las inquisiciones, no sólo católicas, sino protestantes, como aquella de las brujas de Salem, o las represiones homofóbicas que ahora mismo son la nota violenta de estas congregaciones en América Latina. Y todo esto se hace bajo el signo de “Dios”, y de su “creación” y de su “diseño original”, y además se lleva a cabo una bestial campaña anticientífica. Y nada de esto es casual. Todo esto parte de los centros, de los núcleos neoconservadores de los Estados Unidos, donde están las casas matrices de esas iglesias, que funcionan como empresas, como franquicias internacionales, y además están vinculadas al neofascismo norteño. Si no actuamos con inteligencia y rápido, no sé adónde vamos a parar. Un saludo, Laidi.
Suscribo totalmente este artículo como la reflexión que antecede, Alertas, veámonos en acontecer brasileño y su Bolsonaro.