Presentan en China antología poética bilingüe mandarín-español Todas las flores de abril, de Nicolás Guillén
Realmente no sé, si cuando Nicolás Guillén abordó en Omsk, junto a su esposa Rosa Portillo, el novelista brasileño Jorge Amado y su cónyuge Zelia Gattai, el tren transiberiano que lo conduciría en su primera visita a la República Popular China, imaginaba, acariciaba ya en su mente, la idea de que algún día sus versos serían traducidos al idioma mandarín. Tal vez sí, mi abuelo era un soñador, un gran optimista.
Dudo sin embargo que ni en el más optimista de sus sueños imaginara esta extraordinaria antología, compilada y traducida por el profesor Zhao Zhenjiang. La literatura no es mi especialidad, mucho menos la traducción literaria, pero sé que se trata de un Arte Mayor. Y si se trata de la traducción poética, cuando lo pienso un poco alcanzo a comprender, que es un acto de re-creación artística, reservada a creadores singulares dotados de una extraordinaria sensibilidad y acumulación cultural, para aprehender, apropiarse, de los elementos presentes en el poema, propios del contexto cultural que determinan el idioma y la nación de partida del texto poético y trasladarlos en su reescritura poética —versiones, lo llamaba el poeta Eliseo Diego, gran traductor y gran amigo de mi abuelo— al contexto cultural del idioma meta, propiciando una experiencia estética, una emoción lo más semejante posible, equivalente. Esto que acabo de expresar es una apretadísima síntesis de los innumerables problemas que el traductor de poesía debe enfrentar y resolver para lograr su propósito, sabiendo que es prácticamente imposible resolverlos todos: ¿Preservar el significado? ¿Conservar el ritmo? ¿Cómo reproducir las rimas y sus efectos? Y a la diferencia de contextos culturales, se agrega la singularidad que cada poeta tiene dentro de su contexto. Es una tarea titánica, que debe realizarse con la delicadeza de una flor de jazmín.
“Entonces mis palabras fundamentales (…) son de agradecimiento al profesor Zhao Zhenjiang, por su admiración y su fe en la obra de Nicolás Guillén (…)”.
El título escogido, Todas las flores de abril, es excelente: oportuno, primaveral sin dudas, pero sobre todo ilustrativo de la labor de Zhao Zhenjiang, con la poesía de Nicolás Guillén para ofrecerles a los lectores este libro.
Entonces mis palabras fundamentales en esta presentación necesariamente son de agradecimiento al profesor Zhao Zhenjiang, por su admiración y su fe en la obra de Nicolás Guillén, por su abnegación, la tenacidad, la perseverancia para llevar a cabo la traducción de casi 150 textos poéticos. En fin, por esta magnífica obra que ha recreado. Porque en suma en eso consiste la legítima traducción poética, una recreación.
Agradezco asímismo a la prestigiosa editorial Yilin, cuyo catálogo incluye Premios Nobel de Literatura, que haya concebido, promovido y llevado a feliz término la publicación de la Antología.

No es la primera traducción al mandarín de la obra de Nicolás Guillén. En el año 1959, la Editorial de Literatura para el Pueblo publicó dos antologías de la poesía de Nicolás Guillén, tituladas Poesías seleccionadas una de ellas y Sudor y Látigo; trece poesías, la otra. Ambas compilaciones estuvieron a cargo de Yi Chien. Aunque lo he intentado, nada más que el nombre he podido averiguar de él.
A él también le expreso ahora, en el tiempo, mi agradecimiento. Debo decir que ninguna de esas dos antologías tiene la ambición, las dimensiones, el vuelo de esta antología que presentamos, pero estoy seguro de que jugaron un papel importante en la divulgación de la obra poética de Nicolás Guillén en la República Popular China.
Ya en concreto sobre la selección de los poemas que conforman esta antología, debo decir que se trata de una revisión exhaustiva de las diversas etapas por las que transitó la creación poética de Nicolás Guillén, que identifica e incorpora los textos más significativos o más logrados artísticamente en cada una. Decía Guillén que el primer libro que publique un autor debe ser el segundo que escriba. Fiel a esa idea Cerebro y Corazón —el primer poemario guilleniano, escrito antes de cumplir los 20 años de edad— no fue publicado por él. Los textos que lo integran fueron dados a conocer muchos años después por Ángel Augier, en la primera edición de Nicolás Guillén. Estudio biográfico crítico, su ensayo fundamental, imprescindible, para el conocimiento de la vida y la obra del poeta. Como menciona Augier y han señalado también otros estudiosos, no están presentes en ese poemario los temas, el tono, el afán innovador, que caracterizarán la obra del poeta en su plenitud creadora, pero más de uno de los poemas de Cerebro y Corazón revelaban ya el magisterio del idioma y las técnicas poéticas que había alcanzado Guillén a tan corta edad. Uno de esos poemas es la “Balada Azul”, que por supuesto está incluido en esta antología.
“(…) Sobre la selección de los poemas que conforman esta antología, debo decir que se trata de una revisión exhaustiva de las diversas etapas por las que transitó la creación poética de Nicolás Guillén (…)”.
En abril de 1930, con la publicación de ocho breves poemas en la página Ideales de una raza del Diario de la Marina, bajo el título Motivos de son, el poeta causaría gran conmoción en la vida literaria, cultural en general y hasta social del país, reivindicando las contribuciones de los africanos y sus descendientes a la conformación de la identidad cultural nacional. De súbito, Guillén convertía al negro, hasta entonces olvidado y preterido por los autores y los gestores de la historia y la cultura nacionales, en protagonista de la gran literatura y en el propósito aportó a la poesía en lengua española el poema son. Varios de esos poemas hallará el lector en esta antología.
Un año después Guillén rebasaría ampliamente las expectativas despertadas por los Motivos de son, sobre la profundidad y densidad de su pensamiento, su propósito cultural y su talento poético, con la publicación de Sóngoro Cosongo. Hace unos años, el diario español ABC, nada culpable de simpatizar con las ideas de izquierda, convocó a un numeroso grupo de escritores y académicos de la literatura, para que escogieron los 100 títulos de la literatura nniversal que consideraban más significativos. El lugar 52 de esa lista, que encabezaba El Quijote, acompañado de La Ilíada, La Divina Comedia, y muchos títulos del canon literario occidental, resultó Sóngoro Cosongo.

Ese poemario, y todos los otros grandes títulos de la obra guilleniana, están ampliamente representados en esta antología: West Indies Ltd, Cantos para soldados y sones para turistas, El son entero —mi libro favorito—, Las Elegías, Poemas de Amor, El gran zoo, La Rueda Dentada, tienen cabal representación en esta compilación. El lector podrá apreciar, en palabras de Augier, cómo cual ondas concéntricas cada vez de mayor amplitud se van extendiendo, agrandando, los temas abordados por Guillén en su poesía, cómo crecen y se diversifican los recursos poéticos que emplea. Y cómo permanece en su quehacer artístico, luego de alcanzar éxitos y reconocimiento universales, la voluntad innovadora, la creatividad que caracterizan al arte verdadero.
En la relación de los poemarios de Guillén mencionados hace un momento, omití conscientemente dos títulos: La Paloma de vuelo popular y Tengo, publicados respectivamente en 1958 y 1964. La razón es que en estos poemarios están incluidos los poemas inspirados por las visitas de Guillén a la República Popular China en 1952, a la que me refería en el inicio de estas palabras y luego en 1959, última visita que realizara a este país. En esa ocasión viajó invitado por la Asociación del Pueblo Chino para las relaciones culturales con los países extranjeros, para participar en los actos conmemorativos del décimo aniversario de la República Popular China. A dos de esos poemas quisiera referirme brevemente antes de finalizar.

Los componentes del paisaje natural y en particular los ríos tienen un lugar señalado en el imaginario de Nicolás Guillén. Entonces no es de extrañar que el gran rio Yang Tse aparezca en más de uno de sus poemas dedicado a China. Entre los poemas escritos luego de la visita en 1959, se halla el poema “Voy hasta Uján” —hoy debería decir Wuhan—. Keith Ellis, gran estudioso y también gran amigo de Nicolás Guillén, me hizo reparar en ese texto, porque en el poema el itinerario poético de Guillén por el ancho río que desciende en busca del mar tiene una meta invariable, innegociable. Aunque el río siga su curso hasta Shanghai, Guillén definitivamente se va a detener en Uján, porque lo que le atrae no es el encanto cosmopolita de la ciudad de Shanghai, diseñada para el lucro y el placer por los colonialismos inglés y francés. Lo que atrae irresistiblemente a Guillén, poeta comunista hasta el fin de sus días, es el sitio donde se desencadenó la Revolución Xinhai, que derrocó a la dinastía Qing para llegar luego a la fundación de la Republica China. Es Wuhan donde la lucha de las masas logró revocar la concesión británica; es Wuhan, cuya heroica resistencia frente al invasor japonés le ocasionó un desgaste que a la larga sería el punto de inflexión de esa guerra.
Los poetas suelen resultar proféticos. Guillén lo fue muchas veces. Entre sus poemas sobre China, que sucedieron a la visita en 1952, hay uno que disfruté mucho desde mi adolescencia. Se titula “Canción China a dos voces”. En el dialogo poético, con el pasado quejoso, añorante en su derrota, que ansía volver —dice el poeta— para hablar con el viejo dragón…, Guillén responde irónico y premonitorio:
–¿Con el viejo dragón?
Es inútil partir
El dragón ha partido en avión
No lo sé, nunca hablamos de eso, pero tal vez ya desde entonces anticipaba, que algún día, ante el asombro y la admiración del mundo entero, el dragón descendería, el primero, en la cara oculta de la Luna.
Les agradezco su paciencia al escucharme y les deseo que disfruten mucho la antología que la editorial Yilin y el profesor Zhao Zhejiang ponen en sus manos.
Nota: Este texto de Nicolás Hernández Guillén fue leído el pasado 19 de abril por el poeta Alex Pausides, durante la presentación de la antología poética bilingüe mandarín-español Todas las flores de abril, efectuada en las Segundas Jornadas Poéticas de la Montaña de Daliang. En paralelo, se inauguró una escultura en bronce de Nicolás Guillén, instalada en La Casa del Poeta, en la Villa de Baimiao, en Xichang. La compilación y traducción de los textos estuvo a cargo del profesor de la Universidad de Beijing y reconocido traductor Zhao Zenjiang.

