Ahí está Rolando Laserie, cantándonos a cien años de su nacimiento y diciéndonos que hay que contar con él, con su voz inconfundible, con su singularísima manera de abordar el bolero, si aspiramos a contar de veras cómo el género halló insospechadas resonancias en los años bisagras que enlazaron las décadas de los 50 y los 60.

En una época de esplendor entre los intérpretes masculinos de boleros, con Benny Moré a la cabeza y entre los que destacaron los dos Orlandos, Vallejo y Contreras, Vicentico Valdés, Ñico Membiela y Fernando Albuerne, Laserie supo colocarse y distinguirse, desde que en 1957 dio el salto con “Mentiras tuyas”, un bolerazo de Mario Fernández Porta, quien por cierto no estaba muy convencido de las potencialidades del cantante villareño para ascender al éxito.

“Laserie estaba dotado de un sentido rítmico privilegiado”.

Para llegar a esta instancia, Laserie tuvo que sortear obstáculos, aunque también fue asistido por golpes de suerte. Había nacido en Mata, caserío cercano a Cifuentes, localidad de Las Villas, el 27 de agosto de 1923. A fin de mejorar económicamente, la familia se trasladó a Santa Clara. Gustavo Rodríguez, compositor villaclareño de altísimos méritos, recordó que los vecinos que habitaban en las zonas bajas cercanas a la Audiencia, tenían al cantor como el más ilustre de sus hijos, el que en tiempos difíciles para todos había sido capaz de salir de una condición marginal.

Rolando Laserie, uno de los nombres imprescindibles de la historia de la música cubana.

Laserie estaba dotado de un sentido rítmico privilegiado, por eso desde muchacho y luego en Santa Clara se interesó por desentrañar por cuenta propia los secretos de los bongóes y las pailas, incluso llegó a formar parte de la planta de la Banda Municipal de la ciudad. Aficionado al canto, hizo sus armas iniciales con el piquete de Orestes García, que lo desplazaba del timbal a voz solista en los trabajos esporádicos que caían.

En 1946, el joven Laserie hizo lo que muchos en aquel tiempo: probar fortuna en la capital. De algo le tendría que valer el dominio de la percusión. No le fue bien en un inicio, regresó a Santa Clara y luego al romper los años 50, insistió en la capital de la nación. Fueron momentos de intenso bregar por instalarse en el circuito de los espectáculos: la mano amiga del gran comediante Enrique Arredondo; las suplencias en los centros nocturnos de la Playa de Marianao; cierta estabilidad en la orquesta del cabaret Sans Souci y un aire mejor al ser fichado por Benny Moré en 1953 para su naciente Banda Gigante, como percusionista. A todas estas Sans Souci le sirvió de vitrina, alternaba sus presentaciones allí con el trabajo en la formación de Benny; Blasito Egües y el inefable pianista Rubén González lo animaban a cantar y fue así que, Guillermo Álvarez Guedes, dueño del sello Gema, descubrió sus potencialidades y lo llevó a grabar “Mentiras tuyas”. Las victrolas reventaron con la versión que abordaba desde un ángulo diferente un bolero que habían popularizado Leo Marini y Toña la Negra.

En los años 90, antes de fallecer, acudió al llamado de Israel Cachao López para grabar “El guapachoso”, en el segundo volumen de Master Sessions.

Laserie dotó al bolero, y también a las especies soneras, de un acento muy suyo, el de un personaje de barrio que descarga para quien lo quiera oír, repitiendo palabras y frases, jugando con la melodía y la interpelación coloquial. Germán Pinelli lo bautizó como “el guapo de la canción”. Una frase suya se hizo popular: “De película”. Por cierto, el rescate de sus memorias tardías por el destacado radialista Lázaro Caballero toma su título de la expresión puesta de moda por Laserie.

A favor del cantante debe anotarse el respaldo orquestal de dos de los mejores arreglistas y directores de entonces y, por qué no, de la historia de la música cubana de la pasada centuria: Ernesto Duarte y Bebo Valdés. En la documentada discografía registrada por el investigador José Reyes Fortún, que abarca más de 50 álbumes de larga duración, sobresalen los que grabó en Cuba entre 1958 y 1960 para Gema, con las orquestas de Duarte y Bebo. Al marcharse de la isla, en 1960, prolongó su saga fonográfica en Estados Unidos, Venezuela y México, a la vera, entre otros, de Tito Puente, Porfi Jiménez, Johnny Pacheco y Nacho Rosales. Incluso en los años 90, antes de fallecer, acudió al llamado de Israel Cachao López para grabar “El guapachoso”, en el segundo volumen de Master Sessions.

Rolando Laserie y Pedro Vargas, interpretando un bolero.

Vale la gloria regresar al Rolando Laserie que convirtió el tango “Las cuarenta” en un bolero de ley; al que puso a gozar a la gente con el merengue de Mario de Jesús, “A la rigola”; al que le sacó nuevas chispas a “Levántate”, de José Dolores Quiñones; al que Ricardo Díaz consideró el mejor intérprete de “Domitila”. Porque aquí está hoy y espero que también mañana, la huella de Rolando Laserie.

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