Una vida entera dedicada al cine. Mucha pasión en cada personaje, en cada proyecto, en cada uno de sus apariciones en la pantalla. Esas han sido las características de Mirtha Ibarra en el cine y la cultura de Cuba. En el 2025 mereció el Premio Nacional de Cine, reconocimiento que distingue su trayectoria en este arte, su dedicación y el talento derrochado en la escena.
La capacidad creativa de Ibarra desborda el cine, al menos en su faceta más conocida, la de actriz; porque también ha escrito guiones, ha compilado libros y actualmente dirige la Casa de Titón y Mirtha, un centro cultural que preserva el legado del cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea y de la propia Mirtha.
Nacida el 28 de febrero de 1946 en San José de las Lajas, Mirtha es graduada de la Escuela Nacional de Arte y Licenciada en Literatura Latinoamericana por la Universidad de La Habana. En sus primeros años como profesional, se vinculó a agrupaciones teatrales como Teatro Estudio, Bertolt Brecht y El Público.

En el cine cubano se registra su primera aparición en La última cena (Tomás Gutiérrez Alea, 1976), pero con el filme Hasta cierto punto (1983) se comienza a reconocer su rostro, papel por el cual obtiene el premio Coral de actuación femenina en la quinta edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Su presencia recurrente en importantes títulos de nuestra cinematografía hacen de ella una figura muy admirada por miles de espectadores, quienes han sabido calibrar su talento, su constancia y la pasión por el cine. En Fresa y chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993) desborda el personaje de Nancy, que ya había iniciado en Adorables mentiras (Gerardo Chijona, 1992) y todos recordamos sus escenas, donde transita de la alegría al llanto, y viceversa.
En su filmografía suman obras dirigidas por distintos creadores cubanos y extranjeros, lo que la convierten en uno de los rostros más reconocidos del cine cubano, cuya presencia se valida en el ámbito nacional e internacional, para sostener siempre su valiosa contribución en la conservación y promoción de la obra de Titón, creador esencial en la historia de nuestra cinematografía.

Como parte de su quehacer se incluye la dirección del documental Titón, de La Habana a Guantanamera (1928-1996) en 2008, donde se hace un recorrido por la vida y obra del cineasta a través de entrevistas y testimonios del propio director.
En otro ámbito, el literario, Mirtha compiló el libro Tomás Gutiérrez Alea: Volver sobre mis pasos (Ediciones Unión, 2018), cuya primera edición fue en España en el 2007 y ha contado con otras ediciones en la Isla. En el libro se reúne una selección epistolar que permite trazar un recorrido por la vida del cineasta, al tiempo que se expresan temas y preocupaciones de su obra.
A inicios del pasado año Mirtha obtuvo el Premio Nacional de Cine, máximo reconocimiento que se entrega en la isla a un creador del quehacer cinematográfico, este premio valida su legado, trayectoria y el talento expresado en sus papeles protagónicos y secundarios desplegados a lo largo de su carrera.

Durante las jornadas del pasado Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano se presentó en Cuba el filme Neurótica anónima (Jorge Perugorría, 2025), escrito por ella, en el que asume el rol de Iluminada, una mujer de la tercera edad que lucha por sostener abierto y en funcionamiento el viejo cine donde trabaja.
En días recientes, los trabajadores de la Casa de Titón y Mirtha organizaron una celebración donde se reunieron amigos, cineastas y familiares, los que apreciaron presentaciones musicales, videos enviados por amigos y el abrazo con esta mujer que ha asumido el cine como modo de vida.
Hoy, cuando cumple ocho décadas de vida, celebramos su fuerza para asumir nuevos personajes, su talento para dotarlos de todos los matices y el enorme legado que sostiene a favor de preservar y promover la obra de Titón. Mirtha se sabe querida por muchos, los mismos que aplaudimos su recorrido vital y recordamos sus escenas, sus frases, sus gestos en el cine, en el teatro, en la vida.

