Aprecio y agradezco que para este homenaje a Fayad Jamís, me hayan invitado a hacer una evocación de nuestro gran poeta, traer a la mesa algunas consideraciones que nos ayuden a recordarlo, hacer algunas reflexiones que nos permitan tenerlo presente en este evento y recordar todo lo que ya sabemos de él gracias a los profundos y minuciosos análisis que se han hecho de su obra, su trayectoria, su estilo y su estética literaria.

Fayad Jamís es, fundamentalmente, un hombre consecuente en su acción, su expresión y su pensamiento, en cada uno de los momentos de su vida y, además un ser humano consciente de que la historia se construye y que se puede participar en esa construcción de múltiples maneras.

“Fayad Jamís es, fundamentalmente, un hombre consecuente en su acción, su expresión y su pensamiento”.

El poeta es, por definición, un ser sensible y perceptivo que logra descubrir con oportunidad y precisión lo que acontece, lo que transforma y lo que proyecta en cada momento de su propia vida, pero también de lo que sucede con sus contemporáneos y en la sociedad. Esa es la materia prima de lo que introyecta en sí, para analizar y confrontar con su pensamiento, sus valores, sentimientos, emociones y compromisos y, de ese proceso, derivar su vida hecha poesía y su poesía hecha vida y, en algunos casos, extraer los contenidos esenciales de su poesía, para convertirlos en los textos y poemas que a veces escriba, como reflejo de todo lo vivido.

La poesía de Jamís es un reflejo del poeta, nacido en 1930 y fallecido prematuramente en 1988, de su experiencia cotidiana, de sus vivencias personales o de su mundo, del color de sus angustias o del clima de sus días, de sus aciertos y torpezas o de sus bellos espacios objetiva y subjetivamente creados para gozo del espíritu, en medio de la rutina cotidiana.

“El poeta es, por definición, un ser sensible y perceptivo que logra descubrir con oportunidad y precisión lo que acontece, lo que transforma y lo que proyecta en cada momento de su propia vida”.

Habrá que ser poeta en medio del gozo y del infierno del hombre. Ya Jaime Sabines nos previno de hacer una poesía perfecta pero aséptica, en donde a través de versos impecables y perfectos no se trasluzca el hombre, ni se perciba al poeta con sus soles y sus manchas, con sus pequeñas o grandes marcas que lleva consigo, como estigmas. Porque no se puede creer en los hombres perfectos, como Nicolás Guillén no creyó en los seres químicamente puros. Mucho podrá decirse -o escribirse- sobre el purismo de las técnicas literarias y la capacidad del escritor de permitir, a través de su creación, que la gente incursione por los caminos, claros o grises, de su vida, de su mundo y de su mente.

Se crea por necesidad vital, como por la misma razón Mozart escribía su música aún en el lecho de muerte o Van Gogh deslizaba sus pinceles sobre la tela a pesar de las presiones cotidianas y la censura de las escuelas pictóricas vigentes.

Se escribe por la exigencia interna de expresar, de decir de esa manera el mundo de fantasmas personales que se crean o los que deambulan sin permiso y sin destino.

“Habrá que ser poeta en medio del gozo y del infierno del hombre”.

La creación literaria, como cualquier creación artística, es al mismo tiempo reflejo y recreación de sí mismo y del mundo, juego de espejos cóncavos y convexos donde se distorsiona el mundo y se dibujan los fantasmas personales, pero más agudos, más alucinantes. Se reflejan la soledad y el amor; la sordidez del mundo que se vive, los espacios de angustia, la lucha interna y la congruencia de vida.

Cada uno vamos andando por el camino del tiempo, escoltados y vigilados por seres que probablemente no entiendan nuestra utopía o nuestras alucinaciones, y nos alteran, nos condicionan, nos hacen dudar y enloquecer.

El origen marca, la circunstancia llama y condiciona, y el hombre va configurando sus espacios por el deseo irrefragable de ser y hacer, de trascender, de entregarse a quien ama o a lo que ama y que es parte esencial de sí, porque le abre y alista la morada vital a pesar de veleidades.

“Se escribe por la exigencia interna de expresar, de decir de esa manera el mundo de fantasmas personales que se crean o los que deambulan sin permiso y sin destino”.

El poeta expresa su vida y su mundo a través de la palabra. Ese fue el sendero recorrido por Fayad Jamís. Expresa, y con ello transmite, comparte y se entrega, pero también demanda y cuestiona. Siente, sufre y goza como cualquiera de los seres que transitan el camino de la historia. Juega, con la palabra y con la vida, a compartir su universo y a, esperanzadoramente, poder reconstruir el mundo.

Escribir poesía es hacer un repaso de la vida, un testimonio surgido de lo percibido, internalizado, analizado y expresado con entusiasmo, emoción y compromiso a través de la palabra.

El poeta hace presente el pasado y cada instante vivido se vuelve, así, intemporal, pero al mismo tiempo transcendente; marca reiterativa que se convierte en destello intermitente de presencia vivificante. No le abandona nunca el pasado. Vive y revive en plenitud el tiempo. No hay concesiones. Carga, por ello, fardos sin frontera y hace de la riqueza del pasado la plenitud del presente y el regocijo esperanzado del futuro.

Dos etapas fundamentales en la vida de Fayad Jamís que ya han sido analizadas con acuciosidad, aún desde el punto de vista estético: su primer tiempo en París y su segunda etapa participando comprometido en la Revolución Cubana.

“El poeta hace presente el pasado y cada instante vivido se vuelve, así, intemporal, pero al mismo tiempo transcendente”.

En su libro Los puentes, producto de su estancia en París, escrito entre 1956 y 1957, Fayad Jamís, dibuja y señala los productos visibles de una sociedad devastada por la desigualdad, la opresión y el colonialismo. Son testimonios de momentos, hechos y circunstancias que internaliza conscientemente, y asume una postura comprometida de acusación y censura al describir la crueldad de una sociedad hostil e inhabitable, no para él como primera persona, sino él junto con los demás, con los otros desvalidos que viven en ese mundo sombrío y decadente.

Unos fragmentos del poema “Vagabundo del alba”:

Así es aquí el amanecer yo te lo digo ahora que es otoño
así es el alba de la ciudad está muerta sus huesos pueden ser palpados
y nadie dirá nada los policías duermen sus orejas de corcho
las leyes duermen la miseria dormita yo camino camino
primer hombre de este nuevo día como si la ciudad fuera mi mujer
y yo la contemplara desnuda el cielo naciendo de su espalda


Anoche hablaban de la guerra siempre de la guerra
cadáveres espuma de eternidad de cadáveres
pero no todos saben cómo es dulce la libertad por ejemplo a estas horas


Algo que se ha reconocido en la producción de Fayad Jamís es el entrelazamiento de la poesía influenciando su pintura y, a la vez, percibir símbolos plásticos en su poesía. Se habla, sin ambages, de una poesía con una alta plasticidad en sus descripciones que son, al mismo tiempo, una toma de conciencia y una postura comprometida, en esa etapa de París, ante las luchas de liberación nacional en África y Asia. Coincide también con las noticias que recibe de lo que se está haciendo en Cuba en el mismo afán libertario.

“La creación literaria, como cualquier creación artística, es al mismo tiempo reflejo y recreación de sí mismo y del mundo”.

En marzo de 1959 regresa a Cuba para integrarse plenamente al proceso revolucionario y colaborar en la construcción del nuevo país, como poeta, pintor, periodista, diseñador, traductor y diplomático.

La adhesión y el compromiso de Jamís con el proceso revolucionario de Cuba que transformó radicalmente a la Isla, se percibe con precisión y profundidad en Por esta libertad, libro que se hizo acreedor al Premio Casa de las Américas en el género de poesía en 1962.

Las palabras de Roque Dalton sobre este libro son ilustrativas:

“En Por esta Libertad Fayad Jamís se ha acercado a la Revolución con humildad y sencillez y ha recogido sus elementos de trascendencia poética en una forma abnegada y serena.

“Los personajes de su libro son los personajes sencillos y grandiosos de la Revolución: el combatiente que lee un libro de John Reed, los albañiles, los carpinteros, los naranjeros, los muertos que hoy todo lo presiden con su silencio. Pero también los bandidos, los que conspiraron contra la esperanza. Y las cosas que habitan el mundo poético de este libro también son las cosas de la Revolución: los barcos, las casas nuevas, las escuelas, los tractores, los campos de arroz, las fábricas y los fusiles”. (Casa de las Américas, nn. 13-14, julio-octubre 1962, pp. 61-63)

No hay alternativa sino la libertad / No hay más camino que la libertad / No hay otra patria que la libertad / No habrá más poema sin la violenta música de la libertad

Unos fragmentos de poemas de este libro:

Del poema “Por esta libertad”

Por esta libertad de canción bajo la lluvia
habrá que darlo todo
Por esta libertad de estar estrechamente atados
a la firme y dulce entraña del pueblo
habrá que darlo todo
Por esta libertad de girasol abierto en el alba de fábricas
encendidas y escuelas iluminadas
y de esta tierra que cruje y niño que despierta
habrá que darlo todo
No hay alternativa sino la libertad
No hay más camino que la libertad
No hay otra patria que la libertad
No habrá más poema sin la violenta música de la libertad

Y del poema “La vida”

Pero ahora mientras tú me escuchas la primavera estalla
y mi poema no tiene lilas ni venas adormecidas
sino el cercano rumor de la realidad.
Yo mismo me muevo y trabajo y remuevo
cosas viejas e inútiles y siento
cómo respiran mis hermanos de lucha
y mientras fumo nace este poema
y mientras crece mi poema
canta en mi patria la primavera.
Querías que sólo hablara mi silencio
y ahora mis huesos gritan y mi voz no está sola
y te digo que la noche es hermosa en la ventana
y más hermosa en el sudor de los que luchan
en el taller o en la trinchera
en este instante en que una estrella de alas blancas
perfora la oscuridad del mundo
Pues aunque esperes que de mi poema
la sombra de una lila caiga en la tarde
sólo verás caer el polvo y en mis versos
florecerá con todos sus fuegos la vida.

*Encuentro bilateral Puentes México – Cuba

Tlalpan, Ciudad de México

10 de junio de 2022.