Regla, la Sierra Chiquita, se agranda y sobrepone a la tragedia

Belén Cañas López
5/2/2019

Existe una gran diferencia entre conocer el dolor de las personas luego de un desastre natural a través de los medios de comunicación y compartirlo con ellos, de forma directa. Esta fue la realidad que me golpeó la cara al llegar al reparto Modelo en el municipio de Regla. El escenario y los daños que ya conocía por la televisión me impactaron como si fuera la primera vez que los veía. Sin embargo, mentiría si dijera que lo más impresionante fue ver los estragos en casas y calles: lo realmente pasmoso fue ver los efectos emocionales que tuvieron tales estragos en los vecinos del lugar. Comprendí que por mucho que se intente empatizar o entender el sufrimiento y la pérdida de estas personas no será completamente posible, porque para lograrlo hay que estar en sus zapatos, haberlo vivido de verdad. Aunque también es un hecho que agradecen sobremanera cualquier gesto de apoyo, como si encontraran techo en él.

El escenario y los daños que ya conocía por la televisión me impactaron como si fuera la primera vez que los veía.
Fotos de la autora

 

Entrar a Regla, un lugar que he visitado tantas veces, y participar de una situación tan extrema, se vuelve una experiencia sobrecogedora. Pero no sería fidedigno decir que dolor y desesperación es lo único que se respira en el Modelo. Impresionan más, si cabe, la capacidad de sobreponerse de los reglanos y la humanidad de muchas personas que se han entregado casi  por completo a la ayuda. Observar horas y horas a los linieros trabajando para restablecer el fluido eléctrico, ver a los vecinos dando lo que no tienen a quien está peor, ser testigo de cómo llega gente tras gente con donaciones es igual de conmovedor.

Observar horas y horas a los linieros trabajando para restablecer el fluido eléctrico, es igual de conmovedor.
 

El cubano tiene una gran capacidad para poner en las antípodas dolor y cotidianidad. Esa es la base de su optimismo, de su fuerza y de su fe en el futuro. Y sé que el futuro probará que esta tempestad, de alguna forma, logrará ser un barredor de tristezas.

 

Me voy a permitir terminar este amago de reportaje desde las palabras de alguien con quien compartí la experiencia de regresar a una Regla azotada, el trovador Karel García:

“Hoy volvimos a Regla, al reparto Modelo, por el cual atravesó en su trayectoria hacia el desastre el tornado del domingo. Allí vimos gente desmayada por el agobio y la incertidumbre, y gente trabajando sin descanso en la recuperación. Vimos pueblo corriendo para apiñarse detrás de una camioneta que improvisada y generosamente estaba regalando cajitas con comida. Vimos escasez de agua para beber. Vimos tremendas ganas de vivir.

“Vimos niñas y niños vestir las mejores galas que les perdonó el viento para asistir a una actividad, postergada por la tragedia, y celebrar el natalicio de nuestro José Martí. A algunos con sus caritas magulladas y algún pie vendado los vimos asistir con entusiasmo a lo que quedó de su escuela para homenajear al Apóstol. Vimos gente con la lágrima aferrada a la garganta ante tanta pérdida personal, pero poniendo buena cara y mejor hombro ante la pérdida del vecino. Edificios sin techo, muchas casas sin ventanas, sin puertas, sin nada, a la espera de sanar con el esfuerzo de todos. La mezcla exacta de dolor y esperanza en duelo. Esperemos que venza la esperanza”.

 
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