Si las mentiras y manipulaciones sobre Cuba han estado a la orden día desde el mismo triunfo de la Revolución, ahora tienen su punto de inflexión más aberrante con el uso de la internet y las redes sociales. La teoría del rumor se ha entronizado en el día a día, la desconfianza y dar por ciertos todo tipo de sucesos, declaraciones, acontecimientos y localismos de ocasión es, por demás, convivencia normalizada para algunos sectores sociales.
Las noticias falsas están bailando en la pista, son parte de la fiesta que —como he dicho en otras ocasiones—, organizan desde cómodas y distantes butacas los llamados influencers o enemigos con tecnología y financiamiento de las agencias federales de los Estados Unidos, que en su afán por desaparecer el socialismo cubano, el ideario revolucionario de más de dos siglos, apelan a manipulaciones burdas, sucias, descaradas.
Lo peor es que han logrado escalar en ciertos sectores que al desconocer las artimañas de la comunicación de guerra, repiten y dan like a cuanta barbaridad se encuentran en el camino. Si antes la credibilidad estaba en “lo dijeron por la radio” o “salió en el noticiero”, ahora es normal, concurrente “lo leí en Facebook” o “me enviaron por Whatsapp”. Las reglas del juego han cambiado drásticamente, los paradigmas se han roto y no logran reconstruirse, la profileración de contenidos mentirosos ha encontrado espacio entre nosotros y para revertir esa realidad hay que apelar desde las limitaciones de un país asediado tecnológicamente, una ventaja que saben aprovechar muy bien los mentirosos.
“Vivimos en una nación que representa lealtad a los principios de autodeterminación, ética y humanismo real, convicción y respeto a la libertad, la paz y el compromiso con los más desfavorecidos”.
Cuba está en la diana hace mucho, pero tras romper, traspasar la línea de respeto a la autodeterminación de los pueblos con la reciente invasión a Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y su esposa y diputada Cilia Flores, los creadores de contenidos se han envalentonado, tienen una sincronía que los hace disparar sin límites en su intento desesperado por ver cumplir sus sueños de acabar de una vez y por todas con el símbolo, la resistencia, la expresión íntegra de un país ejemplo.
Vivimos en una nación que representa lealtad a los principios de autodeterminación, ética y humanismo real, convicción y respeto a la libertad, la paz y el compromiso con los más desfavorecidos. Sus mejores hijos han legado no solo un pensamiento crítico que ha influido hasta en la lírica continental, han aportado definiciones más allá de lo conceptual, en la acción, la fortaleza ante las injusticias de otros y estos tiempos. La resistencia cultural y la expresión política hace honor a los fundamentos de sus batallas históricas.
En estos días de amenazas, agresiones, rupturas del equilibrio mundial, empecinamientos, intentos de establecer orden y reglas que van contra todo sentido común, no debemos olvidar que la incultura es el arma más eficaz que poseen las políticas diabólicas imperiales. Pulverizar el alma, la espiritualidad de los cubanos, es el primer objetivo. El “divide y vencerás” está sobre la mesa y sus misiles viajan a toda hora en post, memes, mensajes alarmistas, realidades tergiversadas.
Cuba es la diana y cada minuto que pasa te das cuenta de cuán expuestos estamos a las mentiras. No somos un país perfecto y aún está pendiente una mirada más fuerte a las disonancias de estos tiempos, pero si algo tiene claro el cubano honesto, trabajador y patriota es la unidad como arma, lucir con orgullo los valores culturales que nos definen. Nadie como Fidel para decirlo con palabras llanas en el VI Congreso de la Uneac, en 1998: “… nosotros tenemos que defendernos, porque aquí todo se juega: identidad nacional, Patria, justicia social, Revolución, todo se juega. Estas son las batallas que tenemos que librar ahora”.

