Ocurre que el musical de Broadway inspirado en la vida de algunas de las leyendas del proyecto discográfico cubano Buenavista Social Club ganó un premio Grammy en la categoría a la que fue propuesto.

Si nos atenemos a los hechos, se podía llegar a afirmar que este premio estaba “anunciado a los cuatro vientos”, por la calidad de la propuesta tanto escénica como musical y por el impacto que ha tenido a nivel social y cultural en la ciudad de Nueva York y, como se ha reflejado en todos los medios, sean especializados o no, más allá de esa ciudad. Además, los organizadores de los premios Tony crearon una categoría solo para su elenco musical. Motivo más que suficiente a considerar por la gran mayoría de los miembros de la National Academy of Recording Arts and Sciences (NARAS) a la hora de emitir su voto.

Incuestionablemente —chovinismo aparte—, el premio era merecidísimo.

“Valiéndose de un formato reducido, se logra crear una atmósfera sonora capaz de convencer y complacer a un público que hasta hace un año estuvo cautivo (…)”.

Ocurre que la zaga del Buenavista Social Club se ha convertido, hasta el presente, en la única franquicia musical originada en Cuba que recorre el mundo, y que (cosa curiosa) no ha saturado a los distintos públicos que la han recibido; al contrario, la disfrutan una y otra vez. Solo que en el caso de la propuesta de Broadway, va más allá de la música.

Escuchar el disco premiado de la versión musical define hasta qué punto, a pesar de las diferencias del formato que ejecuta la música, la propuesta está bien lograda y acusa su propia marca de originalidad y se respira la impronta de Juan de Marcos González.

Valiéndose de un formato reducido, se logra crear una atmósfera sonora capaz de convencer y complacer a un público que hasta hace un año estuvo cautivo, del mismo modo que a quienes conocían el disco homónimo le aporta nuevos matices sonoros que, a pesar de las posibles comparaciones entre un formato y otro, dejan poco margen a comparaciones especulativas.

Chan chan, de Compay Segundo, es el único tema de los contenidos en ambos fonogramas que se originó después de 1959 y se puede considerar la “denominación de origen” del proyecto. Foto: Web Cubarte.

Ciertamente, cada tema del disco —tanto el que dio origen al proyecto, como este producido en Broadway— es una versión más sobre una pieza original escrita en la primera mitad del pasado siglo y que ha sido recreada hasta el infinito. El único tema de los contenidos en ambos fonogramas que se originó después del año 1959 fue el Chan chan de Compay Segundo y por fuerza propia (además de la personalidad de su autor al interpretarla) se puede considerar la “denominación de origen” del proyecto.

Sin embargo, hay diferencias notables entre una propuesta discográfica y otra. En el original de Word Circuit se escucha, además del tres que ejecuta Eliades Ochoa, el armónico de Compay como elemento diferencial. En la propuesta del musical, Renecito Avich asume desde el tres los dos sonidos con una maestría a toda prueba que lo coloca entre los virtuosos del instrumento y en esa capacidad de entender la importancia de estos dos instrumentos está su olfato santiaguero a la hora de empastar ambos instrumentos.

Mis respetos por su apego a “lo cubano más raigal” en el trabajo de dos grandes músicos cubanos que para muchos son desconocidos, pero que han marcado con su trabajo por años la escena “cubiche” en la Gran Manzana: son ellos el guitarrista David Oquendo y Hery Paz desde los instrumentos de viento.

Notable es el hecho de que los temas en las dos propuestas discográficas se cantan en español y el público los ha aceptado y repite sin temor, siempre con sus cargas de modificaciones lexicales, cada coro incluido en los temas. Ese pensar y cantar con los giros propios de un idioma que no es el propio deja un sabor a universalidad de la música cubana, en especial esa que llamamos tradicional, aunque esa tradición se enriquezca cada vez que se ejecutan los temas.

Y es que en el caso del musical nunca llegan a sonar iguales, máxime cuando durante casi un año se ha interpretado una y otra vez. Se ha hablado de que se han presentado hasta dos funciones diarias.

Si ello no bastara, tanto el elenco artístico como los músicos de la banda se han involucrado en un interesante proyecto que implica recorrer algunos de los barrios de esa ciudad con fuerte presencia latina reproduciendo pasajes de la obra. Esta “tarea cultural” la comienzan a extender a escuelas de otras comunidades.

Los productores de Buenavista Social Club, el musical, preparan llevar a formato de cine esta propuesta. Todo indica que intentan igualar la cantidad de galardones que obtuviera en los años setenta la obra The Cats. Es decir, obtener un Globo de Oro y un Oscar. De conseguirlo sería no solo un triunfo para ellos, sería también uno de los altos honores que habrá de recibir la música tradicional cubana, aunque me atrevería a decir la música cubana en general.

“Los productores de Buenavista Social Club, el musical, preparan llevar a formato de cine esta propuesta”.

Solo queda por ver y disfrutar las reacciones de otros públicos más allá de Broadway una vez que en las próximas semanas el elenco salga de gira por varias ciudades de la Unión Americana.

Por ahora, el Buenavista Social Club casi treinta años después de su debut como disco sigue siendo la propuesta musical y cultural más trascedente de estos tiempos y todo indica que lo será por algún tiempo más.

Juan de Marcos González y aquellos que sobreviven de los fundadores deben sonreír con orgullo.