Una vida dedicada al estudio de la música cubana
Acaba de fallecer en San Juan, Puerto Rico, a poco de cumplir 96 años, Cristóbal Díaz Ayala (nació en La Habana el 30 de junio de 1930), discógrafo, estudioso, coleccionista, entrevistador de músicos, conferencista, investigador y muchas otras actividades más de las tantas que existen en el estudio y conocimiento plural de la música cubana. Erudito, pudiera ser el resumen de esas formas de calificar su pasión investigativa; un estudioso que descubrió y registró las esencias del fenómeno musical insular y también, en menor medida, del puertorriqueño y con incursiones en el del continente.
Inmediatamente de conocido el hecho los medios internacionales recogieron la noticia, pues se trata de un grande de la cultura cubana, una figura de reconocimiento mundial. Los calificativos que ha recibido en todas esas reseñas hablan de su talla como erudito. Se le denominó de diversas maneras: el padrino, el vigía, el sabio de la música cubana, en el universo musical y en la academia, gracias a los valiosos aportes realizados. Sin embargo, su modestia fue fama y, solo se consideraba a sí mismo como discógrafo y, para colmo, decía que no consideraba poseer ilustración seria sobre la música.
Erudito, pudiera ser el resumen de las formas de calificar la pasión investigativa de Cristóbal Díaz Ayala.
Cristóbal se marchó de Cuba en 1960, al poseer desavenencias con el curso del proceso político iniciado en enero de 1959, pero se la llevó dentro de su ser, se la llevó en la música y con la música cubana. Después de un año de vivir en Miami, se radicó en Puerto Rico, país al que le agradeció eternamente la cálida acogida que le brindó, y en el que pudo desarrollar, con total libertad, su pasión por lo musical.
Su colección de discos (y otros objetos asociados), creció considerablemente, está dotada de 17 000 placas de 78 revoluciones, 35 000 de larga duración 4 000 de 45 revoluciones y más de 10 000 casetes (que contenían lo que no pudo conseguir en discos a través de intercambios con otros coleccionistas, muchas entrevistas y programas radiales de grandes figuras). A todo eso, se agregaron 5 000 discos compactos, fotografías, libros y partituras, para un total de más de 100 000 unidades, totalmente clasificadas y con las apreciaciones correspondientes. Este extraordinario tesauro lo donó Díaz Ayala a la Universidad Internacional de la Florida, a su Green Library, en el año 2000 y ahora está a la disposición de los estudiosos en la web del centro docente. De hecho, la universidad ha creado tres becas anuales para investigadores jóvenes de manera que trabajen en el mismo.
Los libros de este autor llenan un gran estante y permiten a sus lectores adquirir un conocimiento vasto sobre la música del Caribe y en particular la cubana. Un total de 11 volúmenes [1] (casi todos con varias reediciones) llevan su firma. La colección de discos antes citada y sus libros son el sustancioso legado de Díaz Ayala a la cultura universal.
Cristóbal regresó en dos oportunidades a Cuba y sus visitas fueron un verdadero suceso para los estudiosos y músicos cubanos, quienes reconocieron en él al gran especialista y su autoridad indiscutida sobre el tema. Tuvo encuentros en distintas instituciones culturales como el Instituto Superior de Arte (ISA), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (Cidmuc) y la Fundación Fernando Ortiz, en las que recibió una acogida calurosa y atenta.
“Cristóbal regresó en dos oportunidades a Cuba y sus visitas fueron un verdadero suceso para los estudiosos y músicos cubanos”.
En Cuba fue entrevistado por Sigfredo Ariel y Ciro Bianchi, en charlas sustanciosas que recorrieron su vida y obra. Tuve también el privilegio de dialogar con Cristóbal en una entrevista que, con el título “Doce preguntas a Cristóbal Díaz Ayala”, se publicó en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, en el número correspondiente a enero-junio de 2022. Dialogar con él, aunque fuese a la distancia electrónica, resultó un verdadero placer y un privilegio, pues no hubo (ni hay) autoridad mayor y más reconocida sobre la faz de la tierra acerca del fenómeno musical cubano.
De aquella conversación (en la que se sintió muy bien según me manifestó), cito tres momentos principales. Que sirva este texto como un homenaje más a su trayectoria personal entregada por completo a nuestra sonoridad artística, a convertirla en saber. Un homenaje desde Cuba.
¿Cómo surgió y se produjo su afición de coleccionista de discos? ¿Pudiera comentarme un poco más sobre esa pasión?
Ya con el vicio de la música asumido, y sobre todo de la norteamericana, de la que no se escuchaba mucho por la radio en Cuba, me obligó a adquirir discos y, además, me suscribí a dos revistas norteamericanas dedicadas a la música de su país. Pero lo que yo coleccionaba era, básicamente, música norteamericana. Mi colección en Cuba nunca llegó a más de 400 discos, a lo sumo. Ya casado y trabajando como abogado, mi horizonte musical se había ampliado, escuchaba y tenía algo de música clásica o popular de otros países, y con mi esposa al frente de la misma, abrimos, en la calle Calzada del Vedado, una pequeña tienda disquera que duró muy poco, de 1958 a 1959.

Yo soy un caso sui géneris, con muy poca ilustración seria sobre la música. Además, soy un promiscuo musical, comparto mi interés entre la música clásica y la popular; por ejemplo, para leer, salvo en determinados temas, tengo como fondo la música clásica, que no me interfiere con la información que estoy recibiendo. No tengo tampoco ninguna preparación sobre lectura musical, soy un caso. Realmente, mi concentración fue hacia la música grabada; mi lema es esta frase del escritor norteamericano Ned Sublette. Su libro Cuba and his music-From the first drums to the mambo, es uno de los mejores libros que se han escrito sobre música cubana, y que, desgraciadamente, solo llega hasta el mambo. Ned dice en la p. 299 y traduzco: “En cierto sentido, la historia de la música solo comienza con la invención del sonido grabado. Todo lo anterior, es prehistoria; tenemos evidencias, descripciones, anotaciones, documentos, pero no sabemos cómo sonaba la música”. Cierro la cita. Y ese es, básicamente, mi tema: la discografía.
Su primer libro caminó con éxito en el mercado y entre los investigadores y críticos, lo que, entre otras cosas, demostró el interés existente por la música cubana. ¿Podría comentarme acerca del proceso investigativo del libro y sus resultados?
Traté entonces de mejorar mis conocimientos sobre la música cubana y no encontraba libros que me pudieran poner al día. Me dediqué, entonces, a coleccionar discos, ya en long plays sobre todo, de música cubana, y en mis viajes a Estados Unidos hacía lo mismo en Miami y New York. Hasta en la Biblioteca del Congreso de Washington, y la de Nueva York, y por supuesto la de Miami yo busqué. Comencé un programa radial sobre música cubana, y en 1981 publiqué mi libro Música cubana del Areyto a la Nueva Trova. Ya en su cuarta edición, en 2003 lo agrandé, llegando hasta el Rap cubano. Hay algo que quiero añadir. Sobre otros hechos que hacen la historia, puedes acudir en la investigación a varias fuentes, pero con la música, en tiempos actuales, la fuente esencial es el disco, por eso, en realidad, más que otra cosa, soy un discógrafo. El culpable de esto, en gran parte, fue Dick Spottswood, y su monumental obra Ethnic Music on Records, en la que colaboré.
¿Concluyó con la investigación en la que estaba trabajando acerca de la relación de la música con el café? ¿Cuándo podremos conocer su resultado?
Mi último trabajo completado se titula Un viejo amor y trata de las relaciones musicales discográficas entre Cuba y Los Estados Unidos, que, en contra de lo que sería lo lógico, es decir, que fueran las relaciones musicales con México las más importantes, no es así. No va a salir en libro, sino se presentará en pantalla el día 20 de mayo, y será en un sitio en internet, igual al que tengo ya con la Discografía de la Música Cubana, que supongo conoce.
Estoy trabajando ahora en otro proyecto que se titula “La música en el Estado de la Florida” que, igual, no saldrá (creo) en libro, sino en pantalla. Y es, me parece, interesante, sobre todo, por supuesto, para los norteamericanos, porque la Florida fue un estado de los últimos en establecerse, con poca población, pero que, por su situación geográfica, fue importante y ya a fines del siglo XIX aparecía su nombre en discos. Pero cuando cobra mayor importancia es después de 1960, cuando gran parte de la estructura disquera de Cuba, se instala en Miami, y comienza una presencia importante, incluso para otros países latinoamericanos. Es un tema que creo interesará a cubanos y norteamericanos, sobre todo, a los floridanos.
La ventaja que tiene mi proyecto sobre el café, es que, como una de sus materias primas son los discos, cuando busco sobre música de Cuba en Estados Unidos, o en el estado de la Florida, o las menciones sobre el café, mi mina es la misma: los discos. Desde luego, con el café se complica, porque estoy buscando también su presencia en la literatura, y ya eso es otro cantar, pero como decía un cómico argentino, Luis Sandrini: “mientras el cuerpo aguante…”.
Nota:
[1] Del Areyto a la nueva trova (1981), se hicieron dos ediciones más, y una última en 2003; en ese año se amplió y extendió hasta el Rap cubano; Si te quieres por el pico divertir. Historia del pregón musical latinoamericano (1988); Discografía de la música cubana. Vol 1 (1994; Cuando salí de La Habana, Cien años de música cubana por el mundo (1998); La marcha de los jíbaros, cien años de música puertorriqueña por el mundo (1998); Box Set 100 Canciones cubanas del milenio. Libro y 4 CD’s (1999); Box set Cien canciones puertorriqueñas del milenio, libro y 4 CD’s (2000); Cuando salí de La Habana. Cien años de música cubana por el mundo (4 ediciones, la última en 2001, tiene un CD); La marcha de los jíbaros 1898-1997. Cien años de música puertorriqueña por el mundo (1998), tiene dos ediciones, la última en 2012, colaboran varios autores y tiene un CD (2006); Los contrapuntos de la Música cubana (2006); ¡Oh Cuba hermosa! El cancionero político social en Cuba hasta 1958 (2012), dos volúmenes.

