Fiñes de Abel Geronés: Un paseo sonoro por la Habana que soñó Eusebio Leal
¿Cómo debería escucharse este disco? Abel Geronés lo tiene claro: en la tarde, casi noche, con la luz justa para que las sombras dibujen esquinas viejas. Y en formato WAV, por supuesto, porque la fidelidad aquí no es un lujo, sino un pasaje de ida. Pero hay una condición adicional, casi un ritual: tener el libro Fiñes de Eusebio Leal a un costado, abierto en cualquier página, para que el viaje sea doble. Porque este álbum no se conforma con sonar: quiere leerse a la par, como si las crónicas del historiador fueran el lienzo y las canciones, el color que nadie esperaba.
El origen del disco Fiñes tiene algo de casualidad encadenada. El productor musical Alejandro Rodríguez había gestado tiempo atrás El novio de La Habana, otro homenaje discográfico a Eusebio Leal. En aquel proyecto, Alex ya tenía a Geronés en mente, pero las agendas no se besaron. El destino, sin embargo, lo dejó “un poco de presunto culpable para el siguiente proyecto”, como confiesa Abel entre risas. Así que cuando Alex se acercó con varias canciones ya compuestas —cada una basada en capítulos específicos del libro—, la propuesta fue clara: que Geronés cantara, produjera, arreglara y escribiera piezas nuevas para completar ese rompecabezas habanero. El resultado lleva el sello La Ceiba y una producción musical compartida entre Alejandro Rodríguez Díaz, Eduardo Corcho y Christopher Simpson (este último encargado de la postproducción, mezcla y master).

Lo primero que sorprende de Fiñes es su naturaleza contradictoria: es un homenaje a una figura colosal —Eusebio Leal, ese hombre que los cubanos veneran pero que, en palabras del cantante, “merece más reconocimiento todavía”—, pero su corazón late en un territorio inesperado: el mundo infantil.
“El disco tiene un corte marcadamente infantil”, insiste Geronés. Y no lo dice por decir. Cada melodía, cada arreglo de coros, cada tímbrica de guitarra acústica evoca esa mirada asombrada que los adultos extravían con los años. Por eso el público debería recibirlo “con los ojos del niño interno que nadie debe dejar morir”. No es una obra para pequeñuelos exclusivamente, sino una acerca de la niñez como filtro para ver La Habana.
Desde la producción, el equipo buscó esa sonoridad antigua de la ciudad en la que creció Leal, pero sin negar el pulso contemporáneo. “La modernidad siempre va a venir de la mano —explica Abel— porque estamos en la era digital, eso es innegable”. Así, el maridaje entre lo tradicional y lo actual se logró mediante timbres digitales, técnicas novedosas para capturar coros y una paleta donde conviven el son como génesis, las congas y ciertos guiños a géneros más contemporáneos.
El hilo conductor, sin embargo, es esa tímbrica acústica que recuerda al septeto: cuerdas entrelazadas, percusión sin estridencias, un formato minimal e intimista que rompe con la trayectoria anterior de Geronés. “Es un concepto muy minimalista”, resume. Y tiene razón: lejos de los despliegues orquestales, “Fiñes” se siente como una conversación en un portal habanero al atardecer.
“‘El disco tiene un corte marcadamente infantil’, insiste Geronés”.
El primer gran desafío creativo fue lograr coherencia entre las canciones que Alex ya traía y las tres que Abel compuso para la ocasión. “Hilar con coherencia”, dice él. La solución llegó de dos manos: los arreglos, trabajados junto a Eduardo Corcho en un “binomio creativo buenísimo”, y la inclusión del coro solista como un instrumento cohesionador. Ese coro atraviesa el disco como un fantasma cálido, dando unidad a las nueve historias musicales sin volverse repetitivo. Christopher Simpson, en la etapa final, pulió cada detalle para que la mezcla y la master respetaran esa textura artesanal.
Entre las canciones que merecen atención especial, Abel Geronés destaca varias. El tema que abre el álbum, “Fiñe”, compuesto por Alejandro Rodríguez Díaz, funciona como una declaración de principios: ahí está el sonido, la intención y el espíritu del libro condensados en pocos minutos.
Pero la confesión más íntima del intérprete llega cuando habla de “Como una paloma”, una pieza de su autoría que describe como “un homenaje muy sentido, muy emotivo”. Curiosamente, esta canción comparte pista con otra en un mismo track, creando un díptico personalísimo.
“El disco llegó a mis manos ya marcado por ese título”, aclara ante la siguiente pregunta; en otro momento suelta: “Es una ofrenda que le hacemos a todo lo que merece el gran Leal”.
Y ahora, el dato que interesa a los seguidores de la temporada de premios: Fiñes ha sido nominado en los Cubadisco 2026 dentro de la categoría de Canción para Niños. Un reconocimiento que, lejos de encasillarlo, ilumina precisamente su rareza: es un álbum donde un historiador mayor, unos músicos adultos y un libro de crónicas urbanas se transforman en algo que los niños podrían tararear sin saber que están aprendiendo a querer La Habana. Geronés espera que el público cubano y el internacional lo reciban así: no como un producto didáctico, sino como un juguete hermoso para el alma.

