He seleccionado algunos párrafos de grandes protagonistas de nuestra historia. No están todos, ni recojo en ellos la riqueza de sus argumentos. Pero es un intento por darle la palabra a la historia. Basta de discusiones retóricas. Alguien me preguntó recientemente desde cuándo la fecha del 20 de mayo fue descalificada como el inicio de nuestra historia de nación independiente y soberana. En realidad, nunca fue valorada como tal. Sí, por supuesto, el pueblo lloró al ver alzarse solitaria la bandera cubana aquel 20 de mayo, con la esperanza de que sus falencias se corrigiesen con los años. No sucedió. El pueblo acuñó después una frase terrible para describir cualquier desgracia personal: “te cayó un 20 de mayo”. ¿La Enmienda Platt nos convertía de hecho en un protectorado? Las Leyes Helms Burton y Torricelli, son aún más humillantes, y nos conducirían a la pérdida total de nuestra independencia. No incluyo las frases de José Martí en sus cartas a Federico Henríquez y Carvajal y a Manuel Mercado de 1895, porque son archiconocidas. Martí no pudo impedir la absorción de Cuba por los Estados Unidos, pero Fidel condujo la Revolución necesaria: “te lo prometió Martí y Fidel te lo cumplió”, escribió el poeta y repitió el pueblo.

“Alguien me preguntó recientemente desde cuándo la fecha del 20 de mayo fue descalificada como el inicio de nuestra historia de nación independiente y soberana. En realidad, nunca fue valorada como tal”.

“Cuba será libre cuando la espada redentora arroje al mar sus contrarios. La dominación española fue mengua y baldón para el mundo que la sufrió; pero para nosotros es vergüenza que nos deshonra. Pero quien intente apoderarse á Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha, Cuba tiene muchos hijos que han renunciado á la familia y al bienestar, por conservar el honor y la Patria. Con ella pereceremos antes que ser dominados nuevamente; queremos independencia y libertad”.

Mayor General Antonio Maceo, “Carta al director de El Yara” (13 de junio de 1884)

“Los cubanos en armas no abandonan su propósito, ni cederán nunca en su lucha contra la metrópoli, hasta que hayan establecido su independencia absoluta. Poco importa que el Gobierno español, cualquiera que sea, conceda a Cuba las más amplias libertades, aún llegando al extremo de que España solo se reservase el derecho de conservar en Cuba su bandera como símbolo nominal de soberanía. Ni así lograría poner término a la guerra. El pueblo cubano no aceptará otra solución de la actual contienda sino aquella por la cual Cuba sea reconocida como uno de tantos miembros en la familia de las naciones libres”.

Mayor General Máximo Gómez, “Carta al editor de The Herald, de New York” (1897)

“De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide: mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

Mayor General Antonio Maceo, “Carta al Coronel Federico Pérez Carbó” (14 de julio de 1896)

“La ciudad de Santiago de Cuba se rindió al fin, al Ejército americano, y la noticia de tan importante victoria solo llegó a mi conocimiento por personas completamente extrañas a su Estado Mayor, no habiendo sido honrado con una sola palabra, de parte de Ud sobre las negociaciones de paz y los términos de la capitulación propuesta por los españoles. (…) No fui tampoco honrado con una sola palabra, de parte de Ud., invitándome a mí y a los demás oficiales de mi Estado Mayor para que representáramos al Ejército cubano en ocasión tan solemne. Sé por último, que Ud ha dejado constituidas en Santiago, a las mismas autoridades españolas contra las cuales he luchado durante tres años como enemigos de la independencia de Cuba. Yo debo informar a usted, que esas autoridades no fueron nunca electas por los habitantes residentes en Santiago de Cuba, sino nombradas por decreto de la Reina de España”.

Mayor General Calixto García, “Carta al Mayor General Shafter” (1898)

Sé que usted rechaza la Enmienda Platt. ¿Por qué?

“La rechazo por su espíritu y por la forma en que nos ha sido presentada. Por su espíritu, porque es una limitación de nuestro derecho que no debíamos esperar, pues desde la famosa joint resolution todo nos había hecho creer que gozaríamos de independencia completa cuando estuviésemos pacificados. Y por la forma, porque se ha aguardado a que llegásemos cándidamente a redactar nuestra constitución y nos juzgásemos a punto de organizar nuestra república, para detenernos con una emboscada e imponernos brutalmente condiciones concebidas en secreto, y de tal naturaleza, que si no las aceptamos seguiremos intervenidos para siempre. Ha sido una burla, además de una iniquidad. Esa forma es la medida del desprecio que esa gente siente por nosotros”.

Diego Vicente Tejera, entrevista (1901)

“Al agradecimiento de los primeros días ha venido á sustituir la desconfianza y el recelo; se recuerdan los agravios de los días de la lucha, al rendirse Santiago de Cuba; se ven con rabia las forzadas complacencias del Gobierno actual cubano, sometido sin defensa á las imposiciones americanas; se comenta la preponderancia del Ministro americano y se teme la marcha insidiosa de los gobernantes actuales, recordando la violencia y la imposición del Gobierno americano para realizar unas elecciones amañadas, que trajeran un personal que se supone puede ser instrumento ó ejecutor de planes contrarios á la estabilidad de la República”.

Enrique Collazo, Los americanos en Cuba (1905)

“Mi respuesta a la consulta de ustedes tiene que ser, anticipando su resumen, la negativa rotunda de un ratón a quien un grupo de gatos le preguntara si debían los gatos devorarlo a él y a su grupo de ratones; aunque estoy seguro de que el ratón, como yo, se quedaría temblando para toda su vida en la dolorosa preocupación de que ya a los gatos se les había metido en la cabeza la terrible idea que ponía en peligro su estirpe toda; porque tengo el convencimiento de que con ninguna salsa pueblo alguno tiene el derecho de comerse a otro, ni por conquista, ni por anexión, ni de ningún modo y por ningún motivo, ya invoque sus intereses, ya invoque la civilización; pues a mi juicio ningún interés por vital que sea justifica ni, en esencia, puede legitimar el menosprecio a la supresión de otros intereses igualmente vitales; ni la civilización se perjudica nunca, sino antes bien se favorece y dignifica, con que vivan juntos o cerca, cada cual en su independencia y su autonomía, los pueblos grandes y fuertes y los pueblos chicos y débiles”.

Manuel Sanguily, “La anexión de Cuba a los Estados Unidos. Carta al Sr. Fred M. Thompson” (6 de marzo de 1907)

“Los Estados Unidos en sus últimas conclusiones hacen desaparecer todo lo grande y humanitario que tenía el acto de venir a expulsar a los españoles de Cuba, en favor de los cubanos, toda vez que nos ponen por condición que sin la aceptación de dichas conclusiones seguirían interviniendo en Cuba. (…) No debemos, no, renunciar ni abandonar nuestros puestos, sino defender los derechos del pueblo, hasta sacarlos incólumes o sucumbir en el puesto en donde nos ha colocado este.

“Yo, por mi parte, no renunciaré; y allí me encontrará el gobierno interventor, dispuesto a sostener la Independencia absoluta y los derechos del pueblo que me ha nombrado; o que el gobierno opresor dictatorial interventor, me expulse del sacrosanto lugar de la Convención”.

Salvador Cisneros Betancourt, “Voto particular contra la Enmienda Platt” (1901)

“A pesar de mi avanzada edad creo tener espíritu bastante para ver a Cuba neutralizada, completamente soberana, absolutamente independiente y dueña de sus destinos.

“Después que vea esto, podré morir como los demás, descansar tranquilo y seguro de que la planta extranjera no ha de hallar nuestros sepulcros ganados, bien ganados, a la sombra de nuestra bandera”.

Salvador Cisneros Betancourt, “Independencia absoluta o dos palabras sobre la Enmienda Platt” (6 de abril de 1913)

“La Historia yanqui bien puede compendiarse en una palabra: despojo; en un ideal: la absorción; en una práctica para obtener sus fines: la astucia, el dolo y la perfidia. (…)

“El Gobierno yanqui plantado en Cuba por su voluntad, suprimía de todos modos la libertad y la soberanía de Cuba. O Cuba aceptaba la derogación de su Ley Fundamental añadiéndole un Tratado Permanente de sumisión a los Estados Unidos en forma de Apéndice, conocido en el mundo por Enmienda Platt o la ocupación yanqui jamás levantaría pie de Cuba. De ambos modos Cuba perdía su independencia absoluta. El dilema era estúpido, menos lógico que aquel bandido: ‘la bolsa o la vida’, semejante a este: ‘o me das la vida o te la quito’. Y la Resolución Conjunta tuvo el valor de haber servido como pretexto histórico. El dolo fructificaba. Se aceptó la Enmienda Platt. Triunfaba Maquiavelo”.

Julio César Gandarilla, Contra el yanqui, 1913

“Como resumen para nuestro problema internacional, no vemos por ahora más solución que el estrechar los lazos con todos los soñadores idealistas de la América unida y justa, para luchar por la realización del viejo ideal de Bolívar adaptado al momento. Intelectuales honrados, estudiantes libres y obreros conscientes son los llamados a ejecutar estas ideas.

“La unión batalladora de esos elementos dentro de cada país, y su solidaridad por encima de las fronteras, es lo único que puede impedir, en parte, la continua venta de las nacionalidades por los gobiernos de América Latina, auxiliados por una opinión pública corrompida o aletargada, y por los capitalistas, periodistas y burócratas interesados”.

Julio Antonio Mella, “La política yanqui y la América Latina” (1924)

“Cualquier gran rico de Yanquilandia tiene más dólares que ciudadanos todos los países de la América. El Dólar vence hoy al Ciudadano: hay que hacer que el Ciudadano venza al Dólar. Para esto, se dirá, es necesaria una revolución. Sí lo es, pero no una revolución más como la[s] que se ven todos los días en los países de América: revolución de hambrientos politiqueros deseosos de hartarse con el presupuesto y los empréstitos de los Estados Unidos. Hay que hacer, en fin, la Revolución Social en los países de la América.

“Hay que hacer la Revolución de los ciudadanos, de los pueblos, contra el Dólar. En todos, inclusive, o mejor, en los Estados Unidos de Norteamérica. Luchar por la Revolución Social en la América no es una utopía de locos o fanáticos, es luchar por el próximo paso de avance en la historia”.

Julio Antonio Mella, “Cuba: un pueblo que jamás ha sido libre” (1925?)

“La sociedad cubana se está disgregando. Cuba se está precipitando rápidamente en la barbarie. ¡Sí! Y hay que decirlo rotundamente, y repetirlo a diario por hogares y escuelas, por talleres y salones, para que el cubano sienta todo el horror de su porvenir y el bochorno de su abatimiento actual; para que todas las fuerzas sociales, vírgenes o no rendidas, se alcen en cruzada de renovación patriótica, y exijan e impongan el cumplimiento íntegro del viejo programa revolucionario cubano, hoy olvidado cuando no escarnecido; de aquel ideal que al pueblo quería darle una cultura, que hoy se va perdiendo, una moral pública y privada, que se va disipando, y una robustez económica, que se nos está yendo sin sentir; de aquel programa de las mambisas que cosieron una bandera para una nación con vida de gloria, no para mortaja ingloriosa de un pueblo bueno, heroico, que no quiere, que no debe y que no puede morir”.

Fernando Ortiz, “La decadencia cubana” (1926)

“El tremendo clamor que ensordece en torno nuestro el espacio nos anuncia pavorosos conflictos. Presenciamos una gran tragedia mundial. Quienes, como yo, se habían nutrido de la savia del individualismo, ven como crece y se hincha la ola gigantesca del socialismo. Y un verdadero desgarramiento se produce en nuestro espíritu. La organización económica de estas sociedades está podrida. ¿Puedo yo, puedes tú, en nombre y tras el paladión de las doctrinas que nos enseñaron, condenar las aspiraciones de millones de desheredados que piden, no la riqueza, sino el mínimum de bienestar que permite al ser humano contar con abrigo seguro para su cabeza y alimento fortificante para su mente? Pan y circenses, no; pan y cultura integral. Ningún hombre que piense y sienta puede en nuestros días quitar los ojos de esta absorbente interrogación: hay que reorganizar la sociedad, pero ¿cómo? El derecho que hemos amasado y manoseado no nos da respuesta adecuada”.

Enrique José Varona, “Balance” (1927)

“En esa situación, el presidente de la República da un viaje misterioso a Washington; pasa allí, del poder de su camarilla, a manos de politicians y capitalistas extranjeros que lo secuestran igualmente, y volviendo a Cuba, sin explicar el enigma de la excursión, se asoma el 20 de mayo a la terraza de Palacio y ante el pueblo aterrado y hambriento, agita la bandera y grita: ¡Viva la Independencia Nacional! ¡Viva la República!

“¡Inocente sarcasmo! Hoy vagan por el territorio nacional ciento cincuenta mil hombres sin trabajo, el espectro del hambre se sienta en el hogar cubano, mientras una concentración de la canalla pretende asegurar su perduración en el productivo manejo de la cosa pública, aun a cambio de vender al capital extranjero la tierra y la bandera.

“¿Adónde va Cuba? Hace algunos días, una genial caricatura de Abela sintetizaba el peligro. Sobre una piedra del camino, un hombre haraposo, cansado, hambriento, arquetipo del sin trabajo, soportaba en el hombro el peso abrumador de la bandera nacional. A lo lejos, en el horizonte, una fila de ingenios perfilaba sus torres, y sobre cada fábrica ondeaba al viento tropical una bandera yanqui. Lacónico y exacto, el pie del dibujo rezaba: ‘Lo que hay que evitar’”.

Rubén Martínez Villena, “Cuba, un cuarto de siglo”, 1927

“El latifundismo es un proceso [que] funde miles de parcelas en grandes unidades agrarias, desarraiga al cultivador del suelo, destruye la clase cubana de propietarios rurales y agricultores independientes, columna vertebral de la nación, y finalmente, acaba con la autonomía económica nacional, para convertir la comunidad en una mera dependencia, en un simple satélite, en un taller de trabajo, al servicio de una metrópoli económica exterior. El proceso latifundiario es un proceso de revisión de la obra histórica secular de creación de la sociedad y del Estado cubanos”.

Ramiro Guerra, Azúcar y población en las Antillas, 1927

“La historia, ya larga y nutrida, de los pueblos sometidos a la opresión imperialista, tiene en Cuba uno de sus capítulos más sangrientos y vergonzosos. Esa opresión, ejercida a través de las clases privilegiadas nativas y de sus camarillas políticas, dóciles a sus exigencias crecientes, adquiere, durante los últimos años, extrema agudeza, lo que si, por una parte, ha lanzado al país por el plano inclinado de la barbarie, por la otra, acelera el proceso del despertar político de las masas sojuzgadas, colocándolas en una posición francamente revolucionaria, al borde de cuajar en lucha armada”.

Raúl Roa García, “Tiene la palabra el camarada Mauser” (1931)

“El problema capital para el dominio imperialista en Cuba no es la lucha contra una burguesía nacional que sea necesario vencer, pues aun la capa de esta no ligada directamente a los intereses imperialistas, está sometida, como hemos dicho, por el capital financiero yanqui, y es muy débil para dar una forma política considerable a sus movimientos intensivos de resistencia, ni el problema es tampoco, como ocurre en la mayoría de los países americanos la lucha contra el imperialismo rival que le disputa la presa (…) El problema principal para el imperialismo yanqui en Cuba es el conflicto con sus propias dificultades internas, dificultades de un régimen de explotación y dominación ya consolidado en la penetración casi exclusiva de los sectores básicos en la economía de un país, pero que ha llegado a ser insoportable para las masas en el mismo momento en que empieza a dar muestras de descomposición interior”.

Rubén Martínez Villena, “Las contradicciones internas del imperialismo yanqui en Cuba y el alza del movimiento revolucionario”, 1933

 “Se suscribe como esencial al credo antimperialista, a cuya luz se desenvolverá una política exterior e interior genuinamente cubana. Y puesto que la libertad de Cuba debe significar la independencia integral de su economía, la estructura nacional vendrá determinada por las fuerzas de producción en cuyas manos se concentre la soberanía de manera que el poder político sea reflejo fiel del poder económico”.

Antonio Guiteras, Programa de La Joven Cuba, 1934

“Nuestra revolución independentista fracasó en su objetivo esencial: transformar las condiciones coloniales de nuestra economía, para fundamentar firmemente la soberanía nacional. Se alcanzó el poder político, pero el poder económico siguió perteneciendo a manos extrañas, que a partir de ese instante —la instauración de la República— dejaron de ser españolas para convertirse en yanquis. La nueva República surgía mediatizada, sin base para lograr un rápido desarrollo de sus fuerzas productivas en beneicio de sus ciudadanos. Pero, además el cambio de la propiedad sobre los medios de producción no se detuvo en la simple traslación de dominios, sino que también significó una modiicación substancial en el régimen económico. Dejamos de ser una colonia de tipo comercial, para convertirnos en una colonia de tipo financiero”.

Raúl Cepero Bonilla, “Azúcar amargo”, 1946

“No podía ser, en efecto, más grave lo que había acontecido. De la república de nítida y potente raíz popular, libre y laica, sin distinciones de raza ni privilegios de fortuna, efectivamente soberana y económicamente independiente, que propugnara el auténtico Partido Revolucionario Cubano, sólo restaban en 1924 los símbolos ficticios de la Constitución, la bandera y el himno. La ‘independencia teórica’ se había transformado, por obra de una compleja constelación de factores, en ‘vestidura formal de un protectorado efectivo’”.

Raúl Roa García, “La revolución traicionada”, 1947

“El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política. (…)

El ochenta y cinco por ciento de los pequeños agricultores cubanos está pagando renta y vive bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas. Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas está en manos extranjeras.

“En Oriente, que es la provincia más ancha, las tierras de la United Fruit Company y la West Indies unen la costa norte con la costa sur. Hay doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos y, en cambio, permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca de trescientas mil caballerías de tierras productivas”.

Fidel Castro Ruz, La historia me absolverá, 1953

*Selección de textos y nota: Enrique Ubieta Gómez