Fue el Oratorio San Felipe Neri el marco para el cumpleaños.

Veinte años (que son siempre más que nada, pese a Gardel) de la Orquesta de Cámara de la Habana (OCH) resultó el pretexto ideal, máxime si como “carta de triunfo” recreara el segundo CD en su fructífera trayectoria: Habana a toda cuerda, de Producciones Colibrí, mediante dos presentaciones a sala llena.

Aunque el disco aún no se comercializa (pronto, y también en plataformas digitales) una pequeña muestra fue rifada y otra repartida entre los compositores, o familiares de estos, presentes en la sala.

La directora de los últimos quince años de OCH, Daiana García, condujo no solo con su habitual elegancia y destreza el ensemble, sino la “animación” del programa y la presentación de los invitados.

“La orquesta sonó con cohesión y empaste, enriquecida por los solos de los concertinos que se lucieron en cada participación”. 

En primera fila, orgullosos, los productores del fonograma, Aldo López Gavilán y Rodrigo García, parecían jueces implacables, mas solo mostraban la satisfacción de un riguroso trabajo cumplido.

También presentes en el repertorio —“Danzón Contigo pan y cebolla” (Aldo) y “Te estoy llamando” (Rodrigo)—, contribuyen a la diversidad estilística no reñida con la unidad conceptual del CD, en procesos recíprocos y complementarios: el primero, incorporando el “baile de salón” a lo clásico, el segundo desbordando esto último a lo popular-contemporáneo (timbres de celulares incluidos)

Hablando de autorías, hay presencias muy aportadoras al corpus de la obra, la presencia femenina, por ejemplo —Marialy Pacheco en su “Guajira para Tulio” (Peramo) con ricos elementos de berceuse, o “El rapto de las mulatas”, obvio homenaje al pintor Carlos Enríquez y su pieza emblemática, en los que retoza una peculiar sensibilidad (y sensualidad) femenina que las delata. Nada raro en un colectivo esencialmente compuesto por mujeres.

Hay otras mixturas desde la propia música (“Guajira danzonera”, de William Roblejo; “Recuerdos del monte”, que evoca a Roldán y Caturla pasando por el filtro contemporáneo de Jorge Amado o “Chachachá de cámara”, del sutil Alejandro Falcón) donde se insiste en la fusión de lo sinfónico con lo popular, en ósmosis verdaderamente inextricables.

Que también cuenta con la inventiva y la elegancia de Cucurucho Valdés (“A Miriam”) o el explosivo Coqui Calzadilla (“Pequeño Danzón”) para culminar el concierto con la lúdica y jacarandosa “Agila” (Ernesto Oliva).

Daiana García, condujo con su habitual elegancia y destreza el ensemble.

La orquesta sonó con cohesión y empaste, enriquecida por los solos de los concertinos que se lucieron en cada participación.

Finalmente, el Instituto de la Música entregó diplomas y flores a la agrupación, que llega a sus dos décadas plena de salud y alcance estético.

Fue una ocasión irrenunciable de disfrutarlo y celebrar con un sonido que ha conferido un sello a la tan musical ciudad que la arropa.