Un archipiélago para José Lezama Lima. Presentación
Como integrante del jurado que premió este libro, compuesto además por Jaime Gómez Triana y Enrique Ubieta Gómez, quien lo presidió, puedo dar fe de que el voto fue unánime y desprejuiciado. En medio de un convulso evento en el Palacio de las Convenciones, los tres hicimos un aparte para dar conclusión a lo que habíamos decidido en nuestras permanentes sesiones de comunicación por WhatsApp. Su “oponente” más cercano, bastante cercano, si soy justo, ganaría al año siguiente el mismo premio, para mi propio alivio, aunque ese alivio se haría polvo casi inmediatamente al enterarme del deceso de Emmanuel Tornés, su autor.
En El archipiélago Lezama, no baldíamente subtitulado como El ensayo dionisíaco de José Lezama Lima, López Lemus se propone un estudio global del ensayo lezamiano. Desde el inicio aclara que no pretende llevar a cabo un “molde de lectura”, o una “lectura omnicomprensiva” de la obra ensayística de José Lezama Lima (La Habana, 1910-1967), sino desarrollar una propuesta para leer a este clásico cubano, barroco, difícil y, por la naturaleza propia de sus textos ensayísticos, siempre insuficientemente inexplorado, o, en palabras del autor “desatendido por la crítica”.
Aclara Virgilio al inicio del volumen que “Lezama Lima armó un conjunto ensayístico de primera magnitud para la esfera estética, como poeta-pensador. Él no sintió complejos de identidad ante el pensamiento griego, patrístico, pascaliano, existencial o hegeliano, si bien su modo de asumir el idealismo es mucho más obra de poeta que de filósofo. Y no se crea que escribía ensayos para solo justificar su sistema, pues Lezama es todo un pensador, un hombre que aprehende el mundo desde la poesía y se forja toda una estética, con resabios teológicos y copiosa lectura”.

En ese propósito, López Lemus asume la modestia de presentar como “propuestas” cada uno de los acápites de su investigación, la que sigue, por cierto, un patrón metodológico ejemplar y riguroso que alude y reconoce copiosas fuentes precedentes antes de emitir su propio juicio. Sin contradecirlo, Virgilio se distancia del especulativo modo lezamiano de ensayar para entregarnos un texto indagatorio que va de lo socrático —al introducir preguntas donde lo dicho parece conclusivo—, a lo poético, al razonar de la mano de la interpretación hermeneútica, e incluso a lo poésico, al no poder evitar didascalias de aprehensión figurativa.
Hallamos así un contrapunteo constante entre el decir y lo dicho por Lezama Lima y la interpretación del ensayista-investigador que ha concebido este libro. López Lemus llama “esferas de reincidencias” a determinados tópicos culturales identificables en la obra ensayística de Lezama, y, reconociendo que no son todos los posibles, nomina doce como “polos referenciales básicos” de su pensamiento. Estos son:
1. Lo cubano. Los poetas cubanos, sobre todo José Martí, quien merecería punto aparte por la frecuencia inagotable con que Lezama lo cita, menciona o alude. La poesía cubana, sobre todo el siglo XIX (Heredia, Zenea, Casal…).
2. Lo francés. La poesía francesa, en especial Claudel, Valéry, Mallarmé, Rimbaud, en menos medida otros. La cultura francesa en general.
3. Lo hispano. La cultura española, el Siglo de Oro, los poetas barrocos.
4. Lo griego. La cultura griega, los poetas y los filósofos, sobre todo Platón y Aristóteles. La mitología y el arte griegos clásicos.
5. Lo egipcio. El Libro de los muertos, las dinastías faraónicas, el pensamiento egipcio.
6. Lo “medioeval” europeo, el gótico y las catedrales.
7. Patrística, sobre todo san Agustín y santo Tomás. El gnosticismo cristiano y elementos de los neopitagóricos cercanos a los cristianos.
8. Lo alemán, sobre todo filósofos y poetas, Goethe, Rilke, Nietzsche, Kant, Hegel…
9. Lo chino, las dinastías y sus credos, los grandes libros chinos como el I Ching, el Tao te king.
10. Constantes referencias a las artes europeas y americanas, barroco y neoclásico, pintores de Francia, España, Cuba y otros sitios de lenguas española y portuguesa, el barroco americano como arte y como ascendente sobre la palabra creativa.
11. Lo bíblico, la constante referencia a pasajes, versículos, al fundador del cristianismo, al Antiguo Testamento, a san Pablo. La cultura cristiana: el catolicismo. Pero también el uso de la magia, mitos, y amplios credos esotéricos.
12. En menor medida, referencias a las culturas en lengua inglesa, Shakespeare, Wilde, Whitman… Otros focos de cultura europeos, asiáticos y africanos: Italia, Rusia, India. África y la cultura negra y su traslación a América. Las culturas aborígenes americanas, sobre todo incas, mayas y aztecas.
Como es perfectamente lógico que ocurra con un objeto de estudio que no se ajusta a cánones de investigación, son múltiples y de múltiples variables los puntos de partida. Se aclara al comienzo del ensayo pero, una vez que la lectura exploratoria continúa, cada uno tendrá su propia variación, su propio juego de posibilidades, su propia galería de imágenes y puntuales perspectivas.
“(…) La hermenéutica de Virgilio maneja la contigüidad de fuentes y alusiones de una manera diversa a la que ha usado Lezama (…)”.
En su exploración de Analecta del reloj, “Propuesta” que inicia el camino, López Lemus asume la técnica inicial de la reseña crítica, con regia disciplina y ensayo por ensayo. Practica mientras diversos cortes hermenéuticos que le permiten trascender el punto de partida genérico y demostrar, de paso, que una reseña puede ser un ensayo contentivo de toda la exigencia que este género exige. La hermenéutica de Virgilio maneja la contigüidad de fuentes y alusiones de una manera diversa a la que ha usado Lezama, decisión importante del autor que evita esa especie de trampa de ósmosis estilística o interpretativa que termina atrapando a los más entusiastas exégetas del texto lezamiano. En ocasiones, como buen ensayista que no teme al riesgo, Virgilio asume la posibilidad de vasos comunicantes entre referentes estándares de la cultura universal y conclusiones o alusiones que el ensayista y crítico concibió desde un razonamiento poético. Se lo permite el referente de la obra que estudia y, si bien no explica ni concluye a partir de las bases epistémicas que el propio autor define a su albedrío, como lo hace Lezama en este tipo de aserto, sí entrega pistas que considera posibles, e importantes, para llegar a las esencias epistemológicas de una obra ensayística tan singular.
Al enfrentarse a La expresión americana, Virgilio cambia la estructuración de estudio y en la primera oración lo deja claro. Esto se debe al carácter unitario del ensayo lezamiano en contraste con el libro anterior. Asume así que los cinco ensayos del volumen son capítulos que avanzan en la definición e invención del barroco según Lezama Lima.
Ha de destacarse que el método de López Lemus en El archipiélago Lezama lleva a la par la relación subyacente entre la ensayística lezamiana, su narrativa y, sobre todo, su poesía y su poética. Y a la par lleva además los aportes de investigaciones y ensayos precedentes de diversos autores como, en este capítulo o “Propuesta”, los de Abel Prieto y Roberto González Echevarría. En su acuciosa labor de fichaje y relaciones, no aísla los ensayos de Lezama para deconstruirlos; los explora justo en el carácter de archipiélago que concede al conjunto de su obra. De su mano guía, llevamos una lectura ambiciosamente abarcadora de toda la obra del autor de Paradiso.
“Ha de destacarse que el método de López Lemus en El archipiélago Lezama lleva a la par la relación subyacente entre la ensayística lezamiana, su narrativa y, sobre todo, su poesía y su poética”.
Fiel a su método académico investigativo y a su estrategia de interpretación hermenéutica, López Lemus aborda Tratados en La Habana, publicado en 1958 y recibido con el calificativo de maravilloso por Cintio Vitier. Difícil es, insiste Virgilio en este acápite, “calificar, clasificar, sacar conclusiones generales acerca de un libro que reúne gran parte del saber acumulado y de la labor imaginativa de un ensayista que es, sobre todo, un poeta”.
En el siguiente acápite, correspondiente a La cantidad hechizada, Virgilio destaca las diferencias esenciales entre la prosa narrativa y la prosa ensayística de José Lezama Lima. Prosa y no discurso, creo que es importante subrayarlo. Interesantes y de valiosos aportes son los apuntes que nos deja, en particular aquellos de presentación que desmienten el politizado y mal intencionado mito de un Lezama enemigo de la Revolución y ajeno al antimperialismo. No es poco si se tiene en cuenta hasta qué punto este patrón de juicio, absolutamente espurio, se ha insertado más allá de lo mediático para infiltrarse y conjeturar alevosamente en algún que otro ámbito académico.
Siguen así tres propuestas con acercamientos puntuales a Imagen y posibilidad, compilación de Ciro Bianchi Ross que el propio autor editó en su edición príncipe de Letras Cubanas en 1981, Fascinación de la memoria, textos inéditos compilados por Iván González Cruz, y Lezama disperso, nueva compilación de Ciro Bianchi Ross que reúne textos de varia procedencia, incluidos inéditos, publicada por Ediciones Unión en 2009. De cada uno entresaca Virgilio argumentos que sostienen la columna vertebral de su tesis: toda la obra de Lezama se ramifica a través de su propia concepción poética. Las interpretaciones hermenéuticas que Virgilio va aportando en este acápite, dan fe de cómo combina sus bases de buen razonamiento con prácticas científicas de investigación literaria. Como tal vez no guste al perezoso profesor que al ponente evalúa, el autor va exponiendo su método a través de la marcha discursiva.
Cierra el volumen con un par de acápites enciclopédicos de varia utilidad, tanto por el valioso aporte de las referencias y sus circunstancias de enunciación, como por el carácter conclusivo del último.
Lejos de simplificar, manualizar o explicar con ejemplos ad libitum el pensamiento ensayístico lezamiano, López Lemus propone, cumpliendo cabalmente lo predicho, un paseo de disfrute y comprensión —dupla esencial—, por el intrincado universo creativo de la totalidad de la obra de Lezama Lima. Su poesía, a cada paso yuxtapuesta como el más aceptable de los argumentos de interpretación, permite un salto valioso en los estudios lezamianos. En ella está la esencia de todo cuanto fue creando, desde sus primeros textos hasta los últimos, que dejara inconclusos. Al estudiar su poética, su sistema poético y su teoría sobre la poesía, los tres pilares que sirven de hilo conductor, el corte transversal de El archipiélago Lezama se erige en una nueva referencia obligatoria para aquellos que deseen conocer a fondo la obra de Lezama y, sobre todo, investigarla.

