Los libros de Rusia invaden La Habana: Autoficción, poesía contemporánea y una antología en el corazón de la Feria
Desde la autoficción hasta la poesía más vanguardista, la literatura rusa contemporánea llegó a la Estación Cultural Línea y 18 con una programación que invitó a descubrir la vitalidad de un universo literario tan vasto como su geografía. La presencia de la Federación de Rusia como País Invitado de Honor en la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana trascendió el gesto diplomático para convertirse en una celebración de la palabra escrita, en un año que además conmemora el centenario de Fidel Castro y el 66 aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro, definió la presencia del país euroasiatico en la FIL: “Con Rusia como País Invitado de Honor, la Feria estrecha lazos que vienen de los tiempos de la Unión Soviética”. Rodríguez recordó que los cubanos crecimos con Nikólai Gógol, Vladímir Mayakovski, Iván Turguéniev, León Tolstói, Aleksandr Pushkin, Máximo Gorki, Antón Chéjov, Fiódor Dostoievski, Mijaíl Shólojov, Boris Polevoi y otros grandes autores “que ensancharon nuestro universo literario y humanista”.

La delegación rusa, encabezada por Mijaíl Shvydkói, representante especial del presidente de Rusia para la cooperación cultural internacional, reunió a cuatro figuras clave de la literatura actual. Afanasii Mamedov, prosista y crítico literario, finalista del prestigioso Premio Bolshaya Kniga, abrió el programa el 11 de agosto en el stand de la Federación de Rusia con una conferencia sobre autoficción, ese género híbrido que se mueve entre la verdad y la ficción. “¿En qué se diferencia la autoficción de las memorias y por qué se ha vuelto tan demandada en la literatura mundial?”, se preguntó Mamedov, en un diálogo que desentrañó las claves de una de las tendencias más relevantes de la narrativa contemporánea.
Ese mismo día, la delegación rusa convocó a los más pequeños a participar en el concurso de dibujo “Yo dibujo Rusia”, una actividad que acercó la cultura rusa a los niños cubanos a través de la creatividad. Más tarde, Nikita Anisimov reflexionó sobre Fidel Castro como “símbolo de una época y verdadero amigo de Rusia”, abordando la contribución del Comandante en Jefe al desarrollo de las relaciones de amistad entre los pueblos de Rusia y Cuba, en un gesto que subrayó la dimensión política del vínculo entre ambas naciones.

El martes 12, la programación se enfocó en la poesía y la literatura infantil. Natalia Shukhno, periodista, conductora televisiva, guionista y poeta, condujo un encuentro con el autor para presentar dos antologías publicadas en los últimos años, en una conversación que abordó la poesía rusa contemporánea, el desarrollo de la literatura en general y las particularidades del proceso literario actual. Su trayectoria, que incluye dos poemarios y el Premio literario Yuri Kuznetsov, la convierte en una de las voces más versátiles de la delegación.
Aliona Karimova, poeta, prosista y autora de literatura infantil, presentó ese mismo día el libro infantil El regreso del Pelikén, obra galardonada con el Premio nacional en la esfera de la literatura infantil y juvenil en la nominación Mejor obra en prosa para niños. El libro, que narra las aventuras de Pelikén, un personaje que ya ha conquistado a los lectores rusos, llega a Cuba como parte de la apuesta de la delegación por la literatura infantil y juvenil. Karimova también presentó el programa de apoyo a las literaturas nacionales de los pueblos de Rusia, una iniciativa que refleja la diversidad cultural y lingüística de la Federación.

El miércoles 13, el stand ruso acogió una serie de encuentros con los autores, los cuales incluyeron un diálogo con Elena Pogorelaya sobre “Los rostros de la literatura contemporánea: acerca de los autores relevantes de distintas generaciones”. Pogorelaya, poetisa, crítica literaria y redactora del departamento de literatura contemporánea en la revista “Cuestiones de la Literatura”, es autora de la antología de versos Mednye spitsy y de dos libros en la serie “Vida de hombres ilustres”, entre ellos una biografía de la misteriosa poetisa Cherubina de Gabriak. Su mirada crítica, reconocida con el Premio Belinski en 2021, la convierte en una de las voces más autorizadas para hablar del panorama literario ruso actual.
El mismo día, la delegación realizó un encuentro en la Biblioteca Nacional José Martí con especialistas en lengua y literatura rusa, lingüistas y estudiantes de ruso, un espacio de intercambio que estrechó los lazos académicos entre ambas naciones. Afanasii Mamedov, Aliona Karimova, Elena Pogorelaya y Natalia Shukhno compartieron con el público cubano sus experiencias y lecturas, en un diálogo que devino uno de los momentos más emotivos de la programación.
El jueves 14, Nikita Anisimov regresó al stand ruso para ofrecer una conferencia sobre la importancia del desarrollo de la diplomacia cultural y pública para la construcción de un mundo multipolar justo, un tema que resuena con especial fuerza en el actual contexto internacional. El viernes 15, en la Casa del Alba Cultural, se celebró la actividad de premiación de los participantes del programa literario, un reconocimiento a los lectores y jóvenes que han participado en las actividades de la delegación.

La clausura de la Feria, el sábado 16, contó con la intervención artística de Piotr Lundstrem en la ceremonia de clausura, un broche de oro para una presencia rusa que ha logrado, en palabras del embajador Viktor Koronelli, demostrar que “la cultura rusa no se cancela” y que “es imposible cancelar a Pushkin y Lermontov, a Dostoievski, Tolstói y Bulgakov”.
La muestra literaria rusa incluyó más de 1.500 títulos, que fueron donados a bibliotecas e instituciones cubanas. Asimismo, el público pudo encontrar desde las grandes obras de los clásicos hasta la dramaturgia de Mayakovski y Gorki. Como parte del intercambio editorial, Cuba aportó ejemplares rusos publicados por la editorial Arte y Literatura, como La madre de Gorki o La muerte de Iván Ilich de Tolstói, y se prevén antologías de autores cubanos traducidos al ruso, en un gesto de cooperación que fortalece el diálogo entre ambas culturas.
