Historias cortas en el Festival de Cine de Gibara
Hablemos de cine, teniendo aun fresco en nuestras memorias los intensos días vividos en la edición 20 del Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara, hermosa villa ubicada en la provincia del Holguín.
La crisis energética que vive el país, no fue un impedimento para mostrar una programación de lujo en las pantallas inflables situadas en diferentes puntos de la ciudad.
Dentro del concurso se encuentra la sección de cortometrajes de ficción que compiten por el premio Lucía. Un total de veinte fueron las obras seleccionadas para concursar en este apartado y variadas fueron las temáticas abordadas por las diferentes piezas provenientes de diversos países, especialmente Cuba, abordando temas vinculados con la realidad del país.

El último juego del realizador Daniel Chile de Cuba, fue la obra merecedora del premio Lucía en este apartado. En ella, un niño de 12 años está a punto de abandonar el país junto a sus padres, pero sus amigos del barrio le proponen realizar un último juego que puede comprometer su viaje.
Se destaca el trabajo actoral de los niños que, con naturalidad, dan la fuerza dramática necesaria a la historia que está contada de manera lineal sin grandes pretensiones en su realización. Pero que logra exponer distintos matices en la historia, el tratamiento temático y el referido quehacer de los actores.

La mención especial recayó en el cortometraje Primera enseñanza de las realizadoras Aria Sánchez y Marina Meira de Cuba. Donde, un grupo de compañeros de escuela, aprovechan la oportunidad perfecta, para silenciar definitivamente la voz de Daniela su compañera de estudios.
Se destaca la utilización de la cámara y la fotografía que juegan un papel muy importante para mostrar el enrarecido ambiente del lugar, la escuela.
Otras muchas obras cubanas quedaron dentro de la selección oficial, con una narrativa cinematográficas y problemáticas diferentes, a veces en tonos humorísticos, críticos, o simplemente sugerentes, pero siempre bordeando los temas de índole social, algunos basados en hechos reales.
Muchas fueron las obras de otras latitudes seleccionadas para el concurso, quizás no ricas por tener novedosas propuestas en su realización, pero sí de mucho valor por su temática, donde se destacan.

Cubeta del realizador Joan Barahoma, que nos muestra una realidad rural, por la falta de agua, que dificulta la vida cotidiana y los obliga a un consumo mínimo del líquido, por la cual tienen que pagar al propietario de un lejano pozo.
Historia corta, sin diálogos, de convencional realización, sin pretensiones cinematográficos, donde la imagen lleva el peso de la trama que nos deja ver claramente la vida en esa alejada zona de campo.
Amor chiquito de los realizadores Goretti Ripkies e Iván Ripkies. A través de un amor de niños en la escuela, de las reglas morales existentes y del abuso de género que viven en su casa, llevan a la pequeña a tomar una determinación anticipada de la vida, no enamorarse.
Una historia plana, nada pretenciosa como realización que podíamos catalogar de vieja y quizás cursi, pero con un mensaje sobre la violencia doméstica vista a través de los niños, que hacen cambiar su visión del futuro.

Zahra del realizador Hadi Shatat nos muestra la discriminación a la que es sometida una mujer sola y embarazada en un país árabe, que, al ser despedida de su trabajo por su situación personal y social, es encarcelada por defender sus derechos.
Una vez más está presente la discrimación de la mujer y sus derechos en medio de una sociedad machista y rígida. Historia bien contada de una realización convencional pero convincente.

Muchos otros serían los ejemplos para decir que el cortometraje de ficción sigue marcando con fuerza su presencia en los festivales de cine. En el futuro muchos de sus realizadores, estarán estrenado su ópera prima de largos de ficción. Hay historias para contar.
Muchas de las obras presentadas fueron realizadas por productoras de cine independiente, afianzando su presencia en los diferentes eventos cinematográficos y ocupando importantes espacios en la cinematografía nacional.
La exhibición de estos veinte cortometrajes dentro de la programación del Festival de Cine de Gibara posibilitó que los espectadores pudieran apreciar las maneras de narrar de realizadores muy jóvenes, los que encuentran en la producción de cortometrajes una experiencia para su quehacer en el ámbito audiovisual.
Historias mínimas, capacidad de síntesis y confección de argumentos donde se mezcla el suspenso y la sugerencia, son algunos de los derroteros de las obras incluidas en este apartado. Posibilidad de ampliar los territorios de la creación audiovisual a través del cortometraje.

