Mitos en el imaginario y la cultura cubana: una selección ineludible
Temas de mitopoética cubana, selección compilada por Rafael Acosta de Arriba y Maikel Rodríguez Calviño de reciente presentación en soporte digital y que el público lector podrá ver en su edición impresa, es el más reciente aporte bibliográfico sobre este campo interdisciplinario que en la presente edición es contentivo de diversos análisis teóricos, estético-artísticos y literarios sobre los mitos aborígenes.
La presente edición nos adentra en zonas que aún no han sido lo suficientemente publicadas en nuestra bibliografía. Es, por ello, no solo una invitación a internarnos en aquellas, sino también una voluntad por integrar otros estudios desde diferentes enfoques.
“Sobre lo africano y nuestra identidad y cultura sí existen numerosos estudios, por lo que creímos pertinente reforzar lo menos abordado, lo proveniente de la cultura y creencias arahuacas”, asegura el Doctor en Ciencias Históricas, escritor, crítico de arte, Rafael Acosta.
No menos importante es cómo se señalan los antecedentes bibliográficos de Ramón Pané, José Juan Arrom, Antonio Bachiller y Morales, Fernando Ortiz y Felipe Pichardo, pero también los conocedores citarían a Claude Lévi-Strauss. Resulta interesante adentrarnos en esa explicación de cómo las etnias aborígenes y las africanas tuvieron aquellos procesos de asimilación e intercambio, aunque las creencias de las primeras aún se consideran menos presentes que las segundas, así como la cultura metropolitana proveniente de España.
“La presente edición nos adentra en zonas que aún no han sido lo suficientemente publicadas en nuestra bibliografía”.
Quizá uno de los valores de este libro —en versión digital y por tanto asequible para más lectores que, además tendrá una versión impresa, aún en la complejísima coyuntura de la Cuba de hoy—, es la visión múltiple desde varios campos disciplinarios sobre estos temas que apunta a lo multidisciplinar y transdisciplinar.
Poco habría que añadir al texto de presentación de Rafael Acosta que titula “De cuando las piedras hablaban”, porque si en algo podemos incentivar a la lectura de Temas de mitopoética cubana, es a través de una confluencia común que es aquella que nos descubra, en las antípodas de cualquier intento reduccionista, ese mismo cauce de interés en investigaciones que nos aportan las metodologías, y saberes que al incluir visiones desde disciplinas tan diversas como la sociología, la mitología, la antropología, el estudio de las religiones y otras, indudablemente contribuyen a ofrecer una panorámica pocas veces reunida a través de estos estudios.
Para aquellos lectores que no seamos especialistas los ensayos permiten aproximarnos, por tanto, a esa urdimbre en que se mixturan los mitos, las creencias, la cosmología, la sociología y otros saberes.

El ensayo antológico “Función del mito en la cultura cubana” de Miguel Barnet Lanza nos motiva a aquellos menos conocedores al abordar, con la ya conocida elegancia de su prosa, al apasionante universo de lo mítico, mas no desde el intelecto que le examina desde un eurocentrismo distante, si bien ya revisitado en el mundo, sino desde una cosmovisión que asume desde la empatía, la participación viva de la oralidad y la canalización de los credos de esas culturas a partir de esas posiciones que tan bien conocemos: aquella del comprometimiento ético y máxime, humanista, un hilo que solo el etnólogo sabe tejer, no solo por toda una vida dedicada a la investigación, sino desde esa intuición e inspiración poética por el que es, asimismo, conocido.
Se trata, como bien sabemos, de uno de sus expertos más renombrados, quien se ha adentrado como pocos en las mitologías de origen africano, la transculturación, y sus respectivos contextos históricos, además de su vasto saber en etnología, sincretismo religioso, antropología, et. al., su afirmación nos devuelve una visión profundamente humana y vivencial de lo sociológico cuando escribe:
“El mito en Cuba ha sido un factor realmente pujante en la formación de una conciencia cultural”, para más adelante definirlo de un modo comprensible para todos, y sobre todo sencillamente abarcador “ (…) los mitos han contribuido a dar una imagen auténtica del mundo subjetivo del hombre desposeído de tablas exactas y universales para interpretar la vida. Más que una explicación de los fenómenos naturales, los mitos nos dan una explicación de la vida del hombre, de la sociedad (…)”.
“Barnet no solo define con una síntesis magistral y asequible a la vez el mito en el contexto del desarrollo de las ciencias actuales, sino también aquello que aún se le otorga el valor de la permanencia en nuestras sociedades contemporáneas (…)”.
Barnet no solo define con una síntesis magistral y asequible a la vez el mito en el contexto del desarrollo de las ciencias actuales, sino también aquello que aún se le otorga el valor de la permanencia en nuestras sociedades contemporáneas, pese al paso de más de mil siglos desde el paleolítico en que pudiera considerarse la aparición de los primeros signos de los mitos en la humanidad hasta la actualidad.
A Barnet le debemos, pues, este texto memorable, cuya densidad antropológica, sociológica y filosófica nos adentra en una honda reflexión sobre los mitos, comprensible gracias a una escritura avezada, la suya, capaz de enhebrar conceptos y leyendas de hace centurias mas que surten nuestro acervo y actuales imaginarios (hoy tan minados para muchos, ciertamente, por los escarceos en redes sociales), y ensayo que será de inevitable consulta para futuras generaciones.
Rinaldo Acosta, editor de la reciente edición de Temas de Mitopoética cubana, y autor del que se incluye su “Prefacio” al Diccionario de imágenes, símbolos y términos mitológicos, es uno de los autores imprescindibles contemplados. Para aquellos que conocemos su labor tanto editorial, como investigativa y ensayística, no podemos dejar de recordarle por su rigor exhaustivo en las ediciones de la Colección Criterios, desempeño que siempre contó con la anuencia en Cuba del consagrado teórico del arte, la literatura y la cultura, Desiderio Navarro. Un repertorio en el que Rinaldo Acosta tuvo una participación como traductor del ruso, en la inclusión de un glosario, y de la mencionada introducción que ahora leemos en Temas de Mitopoética cubana, para suerte de los lectores de hoy que no pudieron adquirir entonces aquella apreciada edición impresa. Premio Nacional de Edición 2016, este prestigioso editor ya había aportado a fines de los noventa, su libro Temas de mitología comparada (que recibiera Premio de la Crítica).

Cuando la edición propuesta por Rafael Acosta de Arriba no halló su curso por otra vía, fue precisamente el aludido traductor y editor quien lo propuso a la Editorial Letras Cubanas por donde ve la luz en todos los formatos y soportes. Por cierto, me he detenido en resaltar la dedicación a la pormenorizada faena editorial porque sigue siendo, generalmente, un eslabón endeble en las reseñas y artículos sobre los libros publicados (y de igual modo en sus presentaciones en Cuba). En el caso que nos ocupa, el acreditado editor de Temas de mitopoética cubana no solo es autor contenido en ésta, sino que gestionó su aparición en la Editorial Letras Cubanas, sin dejar de mencionar que realizó la edición, la maquetación digital del epub y el emplane. Y es que para él como investigador —según me expresara al entrevistarle―, esta obra representa el desafío a una subestimación ya tradicional sobre el legado cultural aborigen, pese a que Cuba fue de las grandes Antillas, el archipiélago que mantuvo por más tiempo una presencia aborigen directa. Parecería que me extiendo en detalles nimios, sin embargo, mi cuarto de siglo de permanente quehacer en editoriales cubanas me impide el no mencionar ese esfuerzo en una actividad que observo hoy es en exceso múltiple y por parte de un investigador premiado nacionalmente en edición, y cuyas tareas se realizan en uno de los contextos cotidianos más duros por los que haya atravesado la sociedad cubana.
Rinaldo Acosta desbroza con claridad para el lector las escuelas, autores principales y en relación con ello las definiciones de los mitos para, a continuación, establecer de modo didáctico mas abarcador para los no entendidos —entre quienes igualmente me considero—sus funciones, sin dejar de integrar enfoques críticos.

En su ensayo “El largo viaje en el tiempo de los cemíes taínos” el Doctor Acosta de Arriba aborda los güijes o jigües muy presentes en el acervo popular, en un discurso donde se entretejen el saber historiográfico, salpicado de alguna anécdota, y esa narratividad lírica que es consustancial al ensayista diestro en suscitar el interés mediante imaginarios poéticos que atemperan el rigor de la investigación. Nos va delineando su interés y aquellas personalidades que han tributado desde distintos enfoques al tema, entre las que resaltaría su encuentro con Thelvia Marín, escultora, escritora, poeta, ensayista y estudiosa de estos temas, y no menos resaltable, autora de El ritual de la Cohoba, y del Viaje al Sexto Sol, esta última una obra mayor por su desbordamiento de géneros, y las narrativas vivenciales en las que desliza su indiscutible saber sobre la espiritualidad mesoamericana.
Las diversas pesquisas de Acosta de Arriba van aflorando a través de sus propios periplos en la producción escrita sobre este tema de los mitos cubanos y la colonización indoantillana y mitos que se iniciaran, nos dice, hace miles de años en la cultura arahuaca y que no abandonó, con el paso de varias décadas en que dio continuidad a sus investigaciones en lo que considera, parafraseando a nuestro Alejo Carpentier, un “viaje a la semilla”, pese a sus tan exigentes como diversas responsabilidades en frentes de la cultura cubana y, paralelamente, a su producción ensayística en el campo de la historia y las artes visuales.
“Las diversas pesquisas de Acosta de Arriba van aflorando a través de sus propios periplos en la producción escrita sobre este tema de los mitos cubanos y la colonización indoantillana (…)”.
En ese trayecto, las imágenes en blanco y negro también enriquecen un texto, el de Acosta de Arriba, que incluye la visualidad que no deja de referir en sus páginas.
La historia de un personaje en una zona rural cubana llamada Juan Benítez, en la provincia de Sancti Spíritus es hilada de modo seductor por Pedro Evelio Linares, escritor e investigador cultural que se ha adentrado en la mitología cubana, a quien también como otros autores incluidos en estas páginas, le asiste esa vocación poética y la narrativa lírica de las anécdotas de los güijes, esas criaturas que pueden dar suerte en la pesca u otros azares, capaces de tomar asiento sobre el agua, que son tan graciosos como vivarachos y que para nosotros, lectores interesados mas no especialistas, sentimos mitiga la complejidad teórico-antropológica y social de estudios sobre mitologías. El segundo de sus textos “La madre de aguas de la turbina”, premiado por la revista Videncia de Ciego de Ávila que fue asimismo incluido en un libro publicado recientemente en Madrid (La caldera de brujo), es aquel en que, a través de Linares accedemos al mito de la Madre de aguas, un estudio que ejemplifica en su ensayo en el que se hace referencia a Samuel Feijóo, Gerardo Chávez Espínola y Manuel Rivero Glean, apuntando a esas creencias en la provincia mencionada antes, y su presencia en la literatura, pese a que las generaciones más jóvenes desconocen estos mitos de serpientes y majás. Además de la fusión de estas creencias con la santería cubana. La descripción viva de estas fuentes testimoniales del autor establece con claridad para el lector el simbolismo de este mito a la vez que la experiencia vivenciada en la historia comunitaria. Es así como logra llevarnos a través de la memoria oral investigada y organizada para aproximarnos a una comprensión más nítida, sin que el lector pierda la sensación de que lo importante, y le cito, “es contar con el misterio mismo, y que el misterio permanezca intacto, única forma de no perder nunca la enorme carga de poesía y seducción…”.

Maikel Rodríguez Calviño, historiador del arte y escritor avezado en temas mitológicos, símbolos y literatura fantástica se adentra en uno de los temas que, pudiera considerarse, ha sido apenas acometido en el campo investigativo de las artes visuales cubanas. “La galería del güije: seres fantásticos en el arte cubano” es, pues, qué duda cabe, un aporte ineludible para esas tan futuras como imprescindibles antologías sobre la historia del arte en Cuba que aún esperan por enriquecer la bibliografía cubana. Como bien señala con el debido espíritu crítico, pareciera que carecemos de prehistoria en nuestro prestigioso Museo Nacional de Bellas Artes donde, apunta Rodríguez, “inician con arte español importado en los albores del período colonial.
Es así como el autor nos visualiza el viaje de determinados seres fantásticos en nuestra pintura cubana desde el siglo XVI hasta el XX, ya sea el dragón, el centauro, entre otros. Sin dejar de pasar por uno de sus temas predilectos el de los monstruos zoomorfos y teriomorfos en la época del siglo XX y en las vanguardias artísticas. Cabe resaltar cómo el autor se detiene en obras de Wifredo Lam, el más trascendente artista cubano, su definición respecto al concepto de lo monstruoso está precisamente vinculada al entorno en que creció y se formó el artista durante su infancia en referencia a sus experiencias biográficas de lo irreal temible, aunque no se reduzca a ello.
Otros vanguardistas cubanos y sus referentes a lo afrocubano y las creencias de la Regla de Ocha, entre otras referentes a mitos, son examinadas en estas páginas, vistas incluso asimismo a través de lo fantástico u onírico incluso. Uno de nuestros pintores más paradigmáticos es Ever Fonseca, cuya imaginería se centrara en los jigües o güijes, mencionados continuamente en estas líneas y en relación con los ensayos de Pedro Evelio Linares ya abordados aquí. Sin continuar mencionando alusiones a diferentes personalidades de nuestro universo plástico, pudiera decirse que Maikel Rodríguez prácticamente ha tocado a todos los creadores visuales al respecto y es, desde todo punto de vista, una escritura y análisis inusual, pues su mirada es otra que aquella, también necesaria, de los estudios desde la antropología, y las religiones afrocubanas, y ensayo de Rodríguez Calviño que muy bien pudiese estar en una antología de esa historia del arte cubano por la que seguimos esperando, y que enriquece esta notoria selección, de la cual es compilador junto a Rafael Acosta de Arriba.

Hacia el final de la compilación hallamos “Norma y función en el arte de los aruacos”, de Yolanda Wood Pujols quien ―como quizá conozca el lector interesado en este libro, y no está demás subrayarlo―, es una de las historiadoras, investigadoras y críticas de arte más relevantes respecto al arte del Caribe y América Latina. Para la investigadora, poner en valor los objetos simbólicos de la sociedad aruaca es un ejercicio crítico decolonial y cito a Wood: “El fuerte apoyo de la cosmovisión taína en el pensamiento mítico y el modo en que desde él podía actuar sobre esos elementos nos permite observar cómo su sistema de creencias constituía un sostén de sus necesidades primarias. Ellas son, a su vez, el soporte esencial del arte taíno de función ritual, directamente vinculado a sus cosmogonías y formas de culto.” La doctora Yolanda Wood nos va describiendo los rasgos de este arte arauco no solo desde el pensamiento del mito, sino también desde lo primigenio para ese hombre de la naturaleza, los animales, la cosecha para el alimento indispensable, la importancia de los ritos, y de ahí la funcionalidad de las imágenes, tallas y otras producciones y lo describe como “una estética funcional ligada directamente a la conciencia comunitaria”.
La lírica de un poema de Miguel Barnet y una prosa poética de Rafael Acosta son la coda final de esta compilación que, además de constituirse en una referencia bibliográfica de trascendente valía, ha sido realizada por Acosta de Arriba y Rodríguez Calviño en los inicios del segundo cuarto del siglo XXI en una de las coyunturas más graves vivida por los cubanos, valga pues este empeño que resaltamos en estas líneas, y asimismo el del equipo de la Editorial Letras Cubanas del Instituto Cubano del Libro.

