Ese primer encuentro me posibilitó reunirme otras veces con Eliseo, a quien sigo leyendo como un modo de encontrarme con él, sobre todo porque le asiste el poder de hacerme sentir que estoy frente a alguien con el valor de la grandeza, el don de la verdad.
La primera vez que vi a Carilda, fue en la calle Medio, recién me había establecido en Matanzas y aunque había pasado varias veces por Tirry 81, no me había atrevido a tocar la puerta.