Ludi Teatro tiene una estética singular, defendida por su director Miguel Abreu y por todos los que forman parte de ella. Con sus 12 años de creada—celebrándose este 12 de junio— la compañía reafirma su identidad creativa, comprometida con un teatro auténtico y profundamente expresivo.
El caracal, escrita por una de las grandes autoras teatrales y poetas del Reino de los Países Bajos, Judith Herzberg, toma cuerpo en la actriz Claudia Alonso y bajo la dirección de Miguel Abreu y Arianna Delgado. Su estreno en El Ateneo de La Habana el pasado 29 de mayo y su segunda función al día siguiente, evidenció que la obra, intensa y profunda, conecta con todos los públicos, y aún más ahora, cuando se introdujeron en ella elementos y códigos de la realidad mundial actual.
El ritmo fue cuidadosamente construido, respetando la sensibilidad estética que demandaba una pieza teatral en la que la combinación de elementos simbólicos y una narrativa intensa en un entorno minimalista, creó una atmósfera envolvente que invitaba en todo momento a la reflexión y a compartir una experiencia íntima.

La sentimos cercana, muy cercana, y la expresividad corporal y la interacción directa con el espacio para conectar con el público fueron ingredientes totalmente acertados.
Claudia Alonso regaló una interpretación poderosa y conmovedora, que atrapa desde el primer instante. Su capacidad para transmitir emociones complejas y su presencia escénica consolidan el núcleo dramático de la obra, al darle vida a un personaje lleno de matices y riqueza interior.
Ella, quien confiesa su añoranza por su personaje de El carnicero en El diario de Ana Frank, demuestra su potencia interpretativa en coherencia con la visión teatral de Ludi Teatro, donde siempre se privilegia la autenticidad y la introspección.
“Reconozco en la compañía, aunque sea farsa o comedia, esa genialidad de mezclar el horror y la poesía de una manera extraordinaria. Escarba en el interior del ser humano, saca a flote lo más oscuro y lo convierte en algo poético. He tenido que cantar, que hacer reír, que llorar, que desafiarme todo el tiempo y lo agradezco infinitamente”.
Originalmente la obra trata sobre una maestra de escuela que todo el tiempo habla por teléfono, así desahoga sus ansiedades. En esta versión se alude a las redes sociales, más a tono con el contexto actual. Ella tiene su doble vida, una en el ámbito real y otra en el ámbito virtual a través de un perfil denominado El caracal.
“El caracal es un felino, ágil y siempre en alerta. Con esa metáfora y manteniendo el sello de Ludi Teatro hemos respetado el texto original. Tomar el animal como punto de partida nos llevó a buscar la mejor manera para representar la capacidad para enfrentar desafíos y adaptarse a circunstancias adversas, sin olvidar que como animal solitario que es, se aborda entonces el estado emocional o existencial del personaje.

“Incluir los códigos de las redes sociales nos situó ante el reto de no perder lo genuino del texto original, donde el mundo interior de la mujer y sus conflictos toman el protagonismo. Fue un poco complicado, aunque no mucho, porque la obra conserva su esencia y propone un diálogo con el público que, considero, es muy fructífero. Por eso abundan los teléfonos celulares en la escena y solo mediante un teléfono fijo o con cable ella se aferra a un amor del pasado.
“¿Hasta qué punto estamos dispuestos a hacer pública nuestra vida, a recontextualizar la privacidad y asumirla al desnudo? Tuve que estudiar e investigar mucho para comprender por qué las personas hacen eso y cuán beneficioso les resulta. La maestra lo hace y hay que entenderla y no juzgarla. Por eso, y es un aporte, saluda a sus seguidores y a sus alumnos diciendo ¡Hola, cachorros!, y es el primer signo de introspección devenido lo contrario, en esa búsqueda por lograr la empatía”.
Claudia ha encarnado disímiles personajes en Ludi Teatro, “porque Miguel Abreu siempre ha confiado en mí y yo confío en él porque siempre me da la fuerza que necesito. Cuando asumí El carnicero, apenas dormía, bajé de peso y me sentía muy estresada, porque demandaba mucho de mí desde el punto de vista físico y también psicológico. En aquel momento le dije que tenía mucho miedo y él me dio un gran consejo: Hazlo, con miedo pero hazlo. Lo comprendí todo”.
El caracal, entonces, es un acercamiento a la mujer desde una perspectiva universal pero a su vez singular. Lo que se ve en la escena trasciende el vestuario “cósmico”, la peluca platinada, la música e incluso los distintos estados de ánimo que ella experimenta… El caracal somos todas, a veces, y siempre.

