En 1940 llega el refugiado Manuel Carnero a República Dominicana y edita la revista Ozama, voz de los refugiados hispanos en ese país. Pasó a ser entonces “[…] uno de los muchos españoles que llegaron a ese mar salpicado de islas, que es el Caribe, navegaron en busca de su destino y recalaron unos, en Santo Domingo, otros en Puerto Rico y no muchos en Cuba. A los que lo hicieron se les autorizaba a realizar solo actividades culturales, aunque ellos, en la clandestinidad siguieron trabajando por sus ideales, con la esperanza, incluso de un cambio político en España”. [1]

En 1941 llega a Cuba y de inmediato se vincula a la Casa de la Cultura, [2] centro del destierro antifranquista que acogió y organizó a los exiliados republicanos, y trabaja de redactor del periódico Nosotros, órgano divulgativo de esta entidad que tuvo como lemas “Por la libertad del pueblo español” y con posterioridad el de “Portavoz de la lucha del pueblo español”. La Casa de la Cultura fue tribuna de eventos públicos, numerosas presentaciones culturales y ciclos de conferencias, de las que citaría como ejemplo ilustrativo “Los intelectuales y artistas del mundo y la guerra de España”, impartida en noviembre de 1940 por Nicolás Guillén. A partir de 1945 la Casa de la Cultura organizó varios congresos que tuvieron como sede el Centro Asturiano.

En 1943 Manuel se casa con la emigrada catalana Mercedes Canals Farriols, la que en su larga y fructífera vida junto al activismo político por la causa de su patria natal y la de adopción, fue enfermera, masajista y traductora.

En un hospital de Barcelona se graduó de enfermera y también obtuvo el título de profesora de educación física y deportes. Poco después del estallido de la guerra civil fue nombrada directora de la guardería infantil de la fábrica de hilados Tecla Salas, en L’Hospitalet, e ingresó en las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña. Tomó parte en varias tareas de la resistencia antifranquista y ante la caída de Barcelona cruzó la frontera francesa en febrero de 1939. En septiembre viaja a República Dominicana y en abril de 1941 arriba a La Habana, donde se radica. Trabaja como voluntaria en la Casa de la Cultura… [3]

Manuel Carnero llegó a La Habana a inicios de la década de 1940. Foto: Tomada de Internet

Militante del Partido Socialista Unido de Cataluña, Mercedes Canals cumplió tareas en la Unión de Mujeres Españolas. En 1959 se incorporó a los órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior, y durante largos años, hasta su retiro en 1983, se desempeñó como traductora para el Partido Comunista de Cuba. En la última etapa de su vida le fue reconocida por el Gobierno español su condición de viuda de un combatiente del Ejército Republicano, aunque por un ardid burocrático, con el pretexto de no ser Manuel militar de academia, solo le otorgaron la pensión de soldado y no la de oficial, como le correspondía a su grado de comandante.

Es significativa la producción periodística de los exiliados españoles y se calcula en más de 650 las publicaciones periódicas que dieron a conocer durante las cuatro décadas que estuvieron dispersos por el mundo. En Cuba tuvieron un importante apartado, como da fe el capítulo que le dedica Domingo Cuadriello en su pormenorizado estudio, que citamos a lo largo de este texto [4]. Aunque en sentido general es digno de destacar el papel que desempeñaron en los diferentes medios, incluyendo la radio y la televisión. En cuanto a la prensa escrita, un ejemplo de esa actividad profesional resulta la hoja de vida de Carnero Muñoz, [5] retomando la experiencia que le acompañaba desde su primera juventud en la España de los años 30. Del antiguo Nosotros (1938-1947), al que se asocia desde su llegada a la Isla en el 41, pasa en 1947 a ser redactor de Nosotros. España Republicana, como se tituló hasta 1950, cuando quedaría simplemente como España Republicana, [6] órgano bimensual que editó durante más de treinta años y cuya dirección asumió en 1959. En los primeros años de la publicación, cuando tenía una frecuencia semanal, Carnero fue uno de sus principales redactores y colaboró además en otras publicaciones, entre ellas las revistas de la clase obrera cubana. En la segunda mitad de los 40, debido al reconocido anticomunismo de los Gobiernos encabezados por el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), sufrieron algunas hostilidades del Gobierno e incluso fueron víctimas de atentados, aunque en ese período no dejaron de realizar con regularidad su labor.

“Tras el golpe de estado de Batista, la Casa de Cultura fue asaltada por la policía en agosto de 1952 y fueron destruidos los archivos y la imprenta de esta publicación. España Republicana logró salir de nuevo en 1953 (…)”.

Después, durante la dictadura de Batista, estas represalias se recrudecerían, pues fueron víctimas de asaltos por parte del temido Servicio de Inteligencia Militar, conocido por sus siglas, SIM, y el propio Carnero fue detenido, interrogado y fichado por el aparato policíaco del régimen [7], lo que lo lleva a emplear a veces en sus escritos los seudónimos Nicanor Naves y Enrique Manzanares. [8]

Tras el golpe de estado de Batista, la Casa de Cultura fue asaltada por la policía en agosto de 1952 y fueron destruidos los archivos y la imprenta de esta publicación. España Republicana logró salir de nuevo en 1953, de modo irregular, con menos páginas, sin muchas referencias a la situación española y menos a la cubana, dada la represión existente […]. En varias ocasiones sus redactores fueron interrogados por los cuerpos represivos y la publicación llegó a ser semiclandestina”. [9]

Reaparece a unos días del triunfo de la revolución, el 1ro de febrero de 1959, con una frecuencia mensual, y a partir de marzo Carnero fue su director, además de su redactor principal. Más tarde se estabilizó con una periodicidad quincenal. Entre sus colaboradores se encontraban intelectuales y luchadores exiliados de la talla del pedagogo, editor y ensayista Herminio Almendros —al que recuerdo como editor, maestro y martiano—, el periodista y crítico literario José Forné Farreres, el escultor y profesor Enrique Moret, el político y comentarista internacional González Jerez, el poeta y conferencista José Álvarez-Santullano, el periodista y político Pedro Atienza, el periodista Darío Carmona, y el militar y escritor Francisco Ciutat. Algunos de esos nombres, como Almendros y Moret y con anterioridad el profesor y ensayista Juan Chabás [10], constituyen figuras representativas de la cultura cubana. Igual aparecieron las firmas de relevantes intelectuales cubanos como Nicolás Guillén y Roberto Fernández Retamar, entre otros muchos. También en determinado momento apareció mi nombre [11] cuando, siendo un veinteañero, publiqué en sus páginas algunos de mis primeros poemas. El quincenario “le concedió bastante espacio a la literatura y los temas culturales […] También reprodujo textos de Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri y Enrique Líster y publicó por capítulos las memorias del general Juan Modesto Guilloto” [12]. En 1977, tras la muerte de Franco y el inicio de la transición, pasó a llamarse Hora de España.

Antiguo Centro Gallego, hoy Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”, donde tuvo su sede el quincenario Hora de España. Foto: Tomada de Radio Ciudad Habana

Carnero se encuentra además entre los fundadores de la Sociedad de Amistad Cubano-Española (SACE), cuando esta es creada en 1961 y reconoce a España Republicana como su órgano de prensa. Después en 1964 se crea, con protagonismo de la militancia comunista, el Círculo “Julián Grimau”, tomando su nombre del camarada que conociera Manuel en los años 40 en la Casa de la Cultura, y quien regresara a España para vincularse de manera decisiva a la lucha contra el franquismo, donde fue detenido por los cuerpos represivos del régimen, torturado y ejecutado en la nefasta primavera de 1963, crimen que provocó una gran protesta internacional.

En aquel año Carnero Muñoz resultó elegido por el Congreso Constituyente de la Unión de Periodistas de Cuba como miembro de su Comité Ejecutivo, recibiendo el carnet número 243. En 1977 cambió el nombre de la publicación por Hora de España y continuó ocupando el mismo puesto de dirección. En septiembre de este año, en medio de la dinámica de la llamada transición española, regresa a su patria por decisión propia para involucrarse en la nueva etapa que se iniciaba. Se establece en un inicio en Valencia, donde publica de forma puntual algunas colaboraciones en Cal Dir, del Partido Comunista del País Valenciano, y después se radica en 1978 en Madrid, donde trabaja como redactor de Mundo Obrero hasta 1983, en cuyo mes de noviembre vuelve a Cuba, pues ya la salud y la edad no le acompañaban. También la añoranza de la familia cubana y de la segunda patria fueron agotando sus fuerzas, “…su vida, aclimatada al Caribe, no estaba aquí, su mirada estaba en el Caribe”. [13] A su regreso colaboró entre otras publicaciones en La Nueva Gaceta, nombre transitorio que tuvo La Gaceta de Cuba, órgano de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), fundado en 1962. En octubre de 1989 fallece en La Habana, rodeado por su familia. En la isla había recibido reconocimientos como las órdenes “Félix Elmuza” —la más importante de los periodistas cubanos—, y la “Juan Manuel Márquez”.

“Carnero se encuentra además entre los fundadores de la Sociedad de Amistad Cubano-Española (SACE), cuando esta es creada en 1961 y reconoce a España Republicana como su órgano de prensa”.

Gracias al quehacer intelectual de Carnero como militante político y periodista, y de la convocatoria de la SACE y del quincenario que dirigía, ubicados ambos en el antiguo Centro Gallego, tuve noticias muy tempranas de los poetas Blas de Otero, Marco Ana [14] y Gabriel Celaya; y coincidí de niño o de muy joven con el comentarista político González Jerez, el pintor Antonio Saura, el dramaturgo Alfonso Sastre, a cuyas conferencias asistí. Fui además testigo de la generosa y sostenida colaboración para ilustrar España Republicana del excelente dibujante y contertulio asturiano José Luis Posada, conocido muy a la cubana como El Gallego y traído a Cuba por sus padres exiliados. También conocí al escultor Enrique Moret, mentor de mi fraterno amigo y descendiente de canarios, el también escultor René Negrín. Estuve al tanto de primera mano de su amistad con Rafael Alberti, Nicolás Guillén y Luis Marré, entre otros poetas. Como recuerdo de mis visitas a su biblioteca, conservo un ejemplar que me regalara de El poeta en la calle, de Alberti, impreso en el exilio por la colección Ebro.


Notas:

[1] Juan Rubio Fernández. “El amigo de Fidel en Andújar” (Diario Jaén, 23 de marzo 2018, versión digital).

[2] Fundada en 1938 como Casa de la Cultura y Asistencia Social, y a partir de 1944 conocida solo como Casa de la Cultura, donde la militancia comunista tuvo una significativa influencia.

[3] Jorge Domingo Cuadriello. El exilio republicano español en Cuba (Editorial de Ciencias Sociales, 2012). pp. 398-399.

[4] Ibídem, pp. 645-64.

[5] “Una cita aparte le corresponde a Manuel Carnero Muñoz […] bajo su firma o por medio de varios seudónimos dio a conocer a través de (España Republicana) numerosos trabajos sobre la realidad española”. (Jorge Domingo Cuadriello. Ob. cit. p. 178).

[6] “España Republicana Órgano de la Casa de la Cultura, ´portavoz del movimiento antifranquista´. Continuadora a partir de 1950 de Nosotros. España Republicana”. (Jorge Domingo Cuadriello. Ob. cit. pp. 653-54).

[7] Ibídem, pp. 101-102.

[8] Juan Rubio Fernández. Ob. cit.

[9] Ibídem, pp. 653-54.

[10] Fallecido en 1954, colaboró en la etapa de Nosotros y Nosotros. España Republicana.

[11] Ibídem, p. 653.

[12] Jorge Domingo Cuadriello. Ob. cit. p. 654.

[13] Juan Rubio Fernández. Ob. cit.

[14] María Elena Llana. “Marcos Ana, crónica en dos tiempos” (La Gaceta de Cuba, marzo-abril de 2007, pp. 48-49). Estuvo en La Habana, cuando María Elena lo conoció en “la inolvidable SACE, radicada en el Centro Gallego, cuyos inmensos salones desbordó el público”. La escritora termina aquella emotiva crónica, fechada el 6 de febrero de 1963 y publicada en el diario La Tarde, texto que glosa a lo largo de su colaboración en La Gaceta de Cuba, con esta expresiva imagen: “[…] porque los hombres no olvidan la geometría de los árboles”, cita consecuente con las memorias de Marcos Ana presentadas en la Feria Internacional del Libro de La Habana en 2007, Decidme cómo son los árboles”.