Eduardo Flores: “caramba, me está abrazando la historia”
En un mensaje de Whatsapp, Juan Grillo —entrañable amigo de probada cultura y apasionado lector de ciencia ficción— me pregunta si me interesa entrevistar al cineasta mexicano Eduardo Flores (Tato), realizador del documental Fidel de cerca, un retrato íntimo de Fidel Castro…
Está por La Habana —me precisa en el texto— y sería una oportunidad para ti, el poder indagar sobre este documental. Juan es un provocador nato, distingo que caracteriza a los mortales de probado intelecto. Sabe de mi pasión por la vida y el pensamiento de Fidel sobre el que estoy trabajando desde hace un tiempo en un proyecto, donde el cine documental es también protagonista. Al rato recibo de Grillo las coordenadas del documentalista quién aceptó que lo entrevistara.
Después empieza lo otro. El visionaje del documental, el leer todo lo que se haya escrito sobre el filme. Y lo más importante. Concretar el cuándo, el dónde y la hora de la entrevista. Primero, Eduardo Flores, me manda el tráiler. Obviamente no es pertinente hacer un dialogo de rigor con un material promocional: en este caso de poco más de cinco minutos. Después, vía Whatsapp, me llegó el documental integro.
Se había producido, por esos días, la caída del Sistema Electroenergético Nacional. Los apagonesse empeñaban en ser los protagonistas de nuestras vidas. La luz en el barrio la habían puesto un miércoles de madrugada y el insomnio se vistió de cómplice, a sabiendas de que tenía en pausa otros encargos pendientes.

Abro mi ordenador, activo el Whatsapp y recibo: Fidel de cerca. Sin pensarlo dos veces lo descargo e inmediatamente lo veo acompañado de un café, que a esas horas se saborea seducido por sus trampas.
Ya tenía en mi libreta de papel reciclado algunas preguntas. Con este primer tope logré ampliar el inventario de interrogaciones que fui perfilando en la mañana tratando de centrarme en lo que me parecía fundamental: las razones que impulsaron a Tato Flores a hacer el documental, así como las pautas creativas y los procesos que hicieron posible la materialización del filme. Tras una segunda ojeada del documental, la reescritura de algunas otras preguntas que me guiaran hacia un abordaje preciso.
Sobre el mediodía le dejé un mensaje precisando que estaba listo para el dialogo. En toda la tarde y hasta muy entrada la noche no hubo señales de él. Ya casi pegado a las once de la noche me escribe con intermitencia. Me propone vernos esa misma noche, pero decliné y le hago la contrapropuesta de hacerlo al día siguiente o en otro momento que le fuera posible según su agenda.
Se produjo un silencio el jueves. El viernes, en el entorno de las nueve de la noche, redobla palabras para vernos con el empeño de concretar la cita. Aun no sabía el lugar y la hora. Le pido que me adelante ese dato para ubicarme en el posible escenario. Otra pausa y aun sin señales claras.
“Con este dialogo apuesto por narrar, una vez más, la vida de un hombre excepcional que un cineasta mexicano pintó con sentidas palabras y erguidas imágenes”.
Voy tomado mi block de apuntes construido con papel reciclado, el móvil y el bolígrafo de turno. Acopio todo en mi bolso de lo cotidiano, más un ejemplar del número 208 de la revista Cine Cubano, que dirigí durante un tiempo. Tras un nuevo mensaje, no fue el último, emerge el Hotel Nacional como espacio para la cita. Le preciso que me tomara media hora llegar hasta allí (ingenuo yo). Parto por las arterias posibles, donde la luz fuera compañía y no ausencia.
Un buen tramo de mi caminata fue por la calle 21 que se extingue en el Hotel Nacional. Esa noche ni las luciérnagas estaban como puentes de luz, aun cuando la temperatura era fresca y abrazadora. La avenida 23 era la opción posible que apisoné hasta tomar la Calle L. Volví mis pasos por la calle 21 y llegué al final de mi ruta una hora después. Nada que ver con mi espíritu y vocación británica, cuando se trata de cumplir con una hora pactada.
El patio del legendario Hotel Nacional estaba concurrido. El móvil fue la opción para localizar al entrevistado. Tras un darnos la mano, desató con llano acento mexicano su legítima molestia por mi llegada tardía. Mis palabras de rigor y la sentada en una mesa (muy cerca del sofá donde estaba a la espera) fueron abruptamente interrumpidas por una agrupación de pequeño formato, que desató el “Chan Chan”, uno de los temas que puso en la estratosfera internacional el Buena Vista Social Club.
“(…) no hay obra posible si no se desata con los albores de la pasión”.
Ante la escapada repentina del clásico compuesto por Compay Segundo, apostamos por un lugar más “privado”, por un escenario donde no fueran un obstáculo para la entrevista las sonoridades musicales y la convergencia de voces. Las mesitas que rodean la piscina que está en el lado oeste del hotel se advertía como la mejor opción. Tomamos una escalera, buscamos una zona donde la luz nos acompañara. Y se produjo, al principio, la ruptura de la lógica. De entrevistador pasé a entrevistado. ¿Quién soy? ¿Qué hago en mi vida profesional? ¿Qué planes me absorben el mayor tiempo? Gustoso y escueto respondí a la enumeración de preguntas, que asumí como un recurso para crear una atmosfera de confianza entre dos personas que no se conocen, tesis que después Eduardo Flores me reveló en la entrevista.
Dos cervezas Cristal y una piña colada fue suficiente para platicar poco más de hora y media en compañía de su compatriota, el camarógrafo Luis Adán Zayas, quien fue testigo de sus palabras y de las mías. Todo esto ocurrió en marzo pasado.
Descorché la primera pregunta sobre el proceso creativo que transcurre con la fuerza del empeño y el acto sublime de documentar historias de vida. Con este dialogo apuesto por narrar, una vez más, la vida de un hombre excepcional que un cineasta mexicano pintó con sentidas palabras y erguidas imágenes. Y es que no hay obra posible si no se desata con los albores de la pasión.
¿Qué motivaciones te impulsaron a realizar documental Fidel de cerca?
Yo crecí con la figura monumental de Fidel. Era un nombre que todos los días se mencionaba y se repetía en la mesa del comedor de mi casa desde que yo era muy pequeño.
Cuando fui adquiriendo mi propia conciencia política me intrigaba mucho conocer quién era este señor y qué era esto de la Revolución cubana de la que todo el mundo hablaba también. Desde muy chico se sembró en mí la semilla sobre este líder que años después devendría en este documental. Fidel de cerca, un retrato íntimo de Fidel Castro… Es mi propia exploración por conocer esa figura de la que yo he escuchado hablar siempre. Además, a lo largo de los años, me tocó convivir con el Comandante en dos ocasiones aquí, en Cuba.
¿Qué tiempo duró la realización del documental desde la idea inicial, cuando son delineados los primeros bocetos, hasta la terminación del último corte con la edición final?
Yo diría que cuatro o cinco años, porque fue un proceso muy accidentado en cuanto a que el financiamiento no era muy fluido y eso entorpecía la agenda de trabajo del documental. La incorporación de Gabriel Beristain, amigo y mentor cinematorgráfico mio, nos llevó a ir conformando el equipo. Así fue, muy al principio, que por medio de Gabriel conocí a Roberto Chile y decidimos emprender los tres juntos este proyecto.

Desde el principio la mera construcción temática, la investigación y el desarrollo del documental nos tomaron tiempo. Yo había conocido un ángulo de Fidel, pero me faltaba conocer mucho más y además pasar tiempo en Cuba hablando con la gente, entendiendo lo que significaba la figura de Fidel para la gente, ya sea de un lado del espectro político o del otro. Esa investigación fue lenta y fue larga.
A la mitad del proceso del documental muere Fidel. Cuando se produce su deceso, a finales del 2016, nos vimos obligados a parar más o menos un año, pues se detuvo todo lo que tuviera que ver con Fidel; nadie sabía qué hacer. La gente que nos estaba apoyando por instrucciones directas, tanto de Fidel como de su oficina y de su esposa, se paralizó. Tuvimos que esperar aproximadamente un año para poder retomar nuestras labores.
Después, una vez que habíamos construido el hilo argumental de toda la película, el proceso de ilustración también fue muy lento, porque acá, en Cuba, adquirir imágenes resulta muy dilatado. Puedes esperar meses por una solicitud, como fue nuestro caso. Yo concebí este documental en su forma actual, digamos que a mediados del 2015. Fidel muere a finales del 2016.
“La película la presentamos en el Festival de La Habana a principios de diciembre del 2019. Después vino la pandemia y la película ya estaba terminada”.
La película la presentamos en el Festival de La Habana a principios de diciembre del 2019. Después vino la pandemia y la película ya estaba terminada. Para poder concretarla tienes que pasar por todos los procesos de postproducción y todo lo que implica esta fase. Después, modificar no es fácil, ni es barato, ni es sencillo.
La pandemia también trajo una parálisis en la promoción de la película. Aún los organizadores de festivales de cine no sabían si la presentación iba a ser online o presencial, pero ambas eran un desastre. En esas aguas tuvimos que navegar durante los dos años siguientes.
En ese tiempo me di cuenta que yo le haría un bien a la película si le hacía un ajuste editorial, si le recortábamos el final para que el arco dramático de la historia culminara muy cerca de cuando muere Fidel en la película y no tuviéramos tanto tiempo de reflexión posterior. Esa reedición la hice en el 2022. La película en su formato actual, la que tú viste, la sellé en el año 2022. Sin embargo, en Internet, verás la de 2019, el año en que se presentó. No es un ajuste menor de edición el que hice porque resulta en un impacto fuerte de la película. Por eso digo que es del 2022.
¿Ese tiempo tan dilatado de cuatro años sin poder terminar el documental fue un obstáculo para poder centrarte en lo que querías hacer en principio o lo asumiste como una fortaleza para hacerte llegar a ese punto?
Por un lado, es una fortaleza, porque tuvimos más tiempo de reflexión y análisis. Pero, al mismo tiempo, es frustrante, porque uno quieres terminarla y poder hacer el siguiente proyecto. Esa era una época en la que yo, mi trabajo habitual, que es de director de fotografía, lo ejercía mucho. Entonces iba a un trabajo, a una comisión de fotógrafos y regresaba al documental. Iba, venía, iba, venía. Eso me tenía ocupado también con la necesidad de atender las distintas cosas.
A diferencia de ahora, que estoy haciendo otro documental, también con temática cubana, sobre el bloqueo, en el cual estoy completamente abocado en ello. Lo estamos empezando y espero acabarlo antes de fin de año.

El documental Fidel de cerca evoluciona con un tono reflexivo y en paralelo reconstruyes alguno de los momentos icónicos de la vida del Comandante. ¿Esos son dos signos, dos maneras integradoras de narrar tu documental?
Desde el principio lo visualicé con una narración polifónica, que es muy complicada, pero así fue como me la imaginé. Ese fue un elemento que mantuve firme de principio a fin. Yo decía: “yo quiero conocer de Fidel a través de muchas voces que hayan estado con él, que hayan presenciado esos momentos, que hayan visto el sentir, el pensar y el actuar de Fidel ante determinadas circunstancias”.
Con esa idea hice un listado muy grande de personajes a los cuales quería entrevistar sobre distintos temas, para ir generando esos diálogos y poder ir hilvanando el discurso y legitimar una narrativa.
Esto es complicado porque, si lo notaste en el documental no hay ni una palabra de narrador. Todos son testimonios o entrevistas, el 90 porciento hechos por mí. Hay algunas otras de archivo, por ejemplo, hay una entrevista con Alfredo Guevara, otra con Chomy (José Miyar Barrueco), e incluso hay unos testimonios del Comandante cuando es más joven, que obviamente no hice yo tampoco. Ese intercambio y ese brinco de unos a otros le dan mucha agilidad hasta elaborar la idea y la imagen de Fidel.
El elemento pueblo como “personaje” tiene una presencia notable en buena parte del documental. Se visualiza como “actor” relevante. Le das una importancia simbólica no sólo desde el punto de vista fotográfico, también en interacción con Fidel. ¿Cuál fue tu intención en ese capítulo del documental?
Yo quería mostrar que, efectivamente, el liderazgo de Fidel y la supervivencia misma de la Revolución, en gran medida, se sentaba en el apoyo popular.
Hay un episodio que narro mucho porque es muy representativo de cómo era Fidel. Yo coincido con él en un evento, te acordarás, fue la develación de la estatua de John Lennon en el parque que está en 17 y 6, en el Vedado. Fui con mi hermano, estábamos en una edición del Festival de Cine de La Habana, eso fue en el año 2000. Un amigo de mi padre, funcionario cubano, nos invita al evento con el gancho de que iba a cantar Silvio Rodríguez. Pues claro que fuimos. Escuchar a Silvio Rodríguez en un evento así, chiquito, gratuito.
Nos fuimos caminando hasta allá. Desde que llegamos había indicios de que no era un evento cualquiera. Pero nosotros no conocíamos los procesos propios del país. Llegamos al lugar, nos recibe el amigo de mi padre, nos pasa un filtro de seguridad, nos pasa otro y nos pone hasta delante de una zona reservada. Digo, qué raro que no hay nadie. Hay como una pequeña tribuna de periodistas allá y sillas vacías.
De pronto se aparece Fidel, aparece Silvio, aparece Alarcón y se llena aquello instantáneamente. Y Fidel se sienta a unas cuantas sillas de la que yo estaba.Y se sienta ahí, empieza el evento, los discursos, la develación de una placa y la estatua de John Lennon. Y Silvio cantando. Inolvidable.
Después, acaba aquello, se levanta todo el mundo. Yo doy un paso hacia Fidel, él se voltea hacia mí y me echa el brazo encima. Le digo algo (yo tendría unos 27 años). Me echa el brazo encima, le hago una pregunta. Acababa de estar en México. Me contesta.
“Dejan acercar a la gente como era en todos los eventos de Fidel. Y empieza un intercambio de Fidel con los que están ahí (…) ese es un ejemplo que yo viví de cómo era la política de Fidel y cómo era su cercanía con la gente. Y eso quise mostrarlo en el documental”.
Dejan acercar a la gente como era en todos los eventos de Fidel. Y empieza un intercambio de Fidel con los que están ahí, que duró cinco minutos. Todo tipo de preguntas nacían y todo tipo de respuestas. Y los cinco minutos él con el brazo encima de mí hablando. Pues yo estaré en un montón de fotos de todas las que se habrán tomado. Yo estaba ahí, lo oía, lo veía allá, veía su mano. Y decía: “caramba, me está abrazando la historia”. Entonces, ese es un ejemplo que yo viví de cómo era la política de Fidel y cómo era su cercanía con la gente. Y eso quise mostrarlo en el documental.
En México eso ha cambiado un poco, pues estábamos acostumbrados a que el poder se ejercía en la distancia. Había tantos círculos que rodeaban al poder que para el pueblo no era muy fácil acercarse. Y yo veía y viví aquí una dinámica distinta de intercambio. Y lo quería plasmar en la película. Espero haberlo logrado en el sentido de que quedara claro que había una comunicación y un contacto constante de Fidel con la gente.
Los testimonios que aparecen en Fidel de cerca, fluyen con desenfado. Me has confirmado que un gran porciento de las entrevistas es de tu cosecha. No veo en los testimoniantes acartonamiento ni respuestas preconcebidas. Tiene que ver también con el cuadro fotográfico que solventas. ¿Lo consideras como un valor fundamental del documental para entender al personaje Fidel?
Sí, es importantísimo lograr eso, que los testimonios sean así, ligeros. Para conseguirlo yo trato de tener cierta relación con el entrevistado. Odio, por ejemplo, conocer al entrevistado cuando le estoy poniendo la cámara encima. Me gusta trabajarlos antes, generar cierta empatía, cierta relación. La confianza es fundamental en esta labor.
En el filme aparecen materiales fotográficos que son del entorno familiar de Fidel. Muchosde los que aparecen en tu documental no los conocía, diría que son inéditos. ¿Cómo pudiste obtenerlos sabiendo que Fidel —lo defendió públicamente y es su derecho— fue muy celoso con su vida privada?
Le acercamos el proyecto principalmente a Dalia (la esposa de Fidel) y le reseñamos lo que queríamos más allá del Comandante, del jefe de Estado, del presidente de gobierno. Queríamos conocer al hijo, al amigo, al padre, al abuelo, a ese Fidel sin uniforme, como yo le llamaba. Dalia nos dio acceso a algunas fotografías del álbum familiar que nunca antes se habían visto.
Las imágenes que están en el documental son autorizadas por ella; es la primera vez que se ven fuera del entorno familiar. Roberto Chile fue fundamental en este resultado. Él supo dialogar y sensibilizar a la familia sobre la naturaleza y las intenciones de este proyecto. Con mucho tacto manejo nuestro pedido de manera que ellos vieran que lo que estábamos haciendo era legítimo, que lo que estábamos pidiendo era auténtico. Él fue el que consiguió estas imágenes inéditas.
El tema de la historia tiene una presencia sustantiva en el documental. ¿Qué pauta narrativa estableciste entre el personaje Fidel y la historia que se mueve en torno a su vida? No es solo de ese hombre combatiente, revolucionario. Es también ese hombre humano, que siempre resulta revelador y que a ti también te importa reflejar en el documental.
Sí, es cierto. Otro de los asuntos que quisimos plasmar en el documental fue a partir de dos líneas narrativas intercaladas en una forma, digamos, helicoidal. Por un lado, la historia de la Revolución de esos años y la historia de Cuba. La segunda, la evolución de esos años y la evolución misma de Fidel. Por eso vamos intercalando fragmentos familiares o comentarios de la familia. Por ejemplo, el testimonio de Mariela Castro, pero hablando muy cándidamente de él, de su tío, de las cosas que habían hecho. De cómo era su relación, lo que sentía ella de su tío Fidel, siendo su padre Raúl.
Entonces tratamos de hacer ese viaje entre una historia y la otra para tener siempre claro que la gran figura del liderazgo, también tiene una vida personal, una vida privada como todos.
No es un documental que apele al orden cronológico. Le das importancia a los sucesos a los núcleos temáticos (familia, internacionalismo, educación, cultura, deporte) para dar una dimensión fragmentada de la vida de Fidel.
Contestar eso es importante porque efectivamente, aunque es una biografía, no me gusta llamarle biografía, yo digo que es un retrato. Y aunque tiene cierta lógica cronológica, no tiene un rigor cronológico. No es un recuento estricto de su vida y el documental empieza con él en su vida universitaria.
Después hacemos un viaje hacia atrás, tomamos su infancia en Birán y su vida familiar, etcétera, hasta la universidad y después hasta la Sierra Maestra. A partir de ese pasaje fundamental se rompe el orden y lo abordamos como bloques temáticos: la familia, el internacionalismo, la cultura y la educación… Acabamos con dos episodios que son muy importantes, o a mí me parecen muy importantes para entender el accionar de Fidel que es el asunto de los cinco héroes y el retorno del niño Elián González.
De acuerdo, pero ¿esos bloques temáticos que tú identificas responden a la intencionalidad de fortalecer al protagonista del documental?
Totalmente. Para nosotros era muy importante entender y explorar los temas que convergen con Fidel.
¿Qué buscabas al profundizar en esos temas en particular, en esos dos primeros?
A mí me parecía fundamental entender que hay algunas singularidades de este proceso de transformación que son válidos para cualquier país. La fortaleza de la cultura como pilar principal en el proceso que caracteriza a Cuba y la exportación de ciertos valores que en este caso es el internacionalismo, esencial para la humanidad. Vale la pena resaltarlos.
Hay gente que reduce el internacionalismo solamente a las brigadas de médicos, que ahora se ha hablado mucho de ellas, y que es una parte del internacionalismo. O antes se hablaba del internacionalismo solamente de Angola. El internacionalismo es una filosofía que Fidel lleva a la práctica con distintas manifestaciones y que en el documental quedan bastante bien plasmadas. Es lo que dice en algún momento su hermana: Fidel puso a Cuba en el mapa.
En la construcción de tu filme se advierte el subrayado de Fidel como un símbolo. Para mí es un referente. Es ese hombre que nos aporta luz para la vida y los destinos de la nación.
No solo para Cuba, sino también para buena parte del mundo, sobre todo en el campo del pensamiento de la izquierda.
¿Es también esta construcción cinematográfica otra suma de tus propósitos con el documental?
Sí, sí, sí. O sea, Fidel también es un símbolo para nosotros y es una figura que debemos perpetuar. Lo veo como un símbolo, así lo siento yo también, así lo he sentido siempre, y parte de la idea de la película era resaltar esa figura simbólica que es Fidel para tantas generaciones de jóvenes que apenas están empezando a involucrarse, a conocer qué es lo que ha pasado antes deellos. Y por qué la figura de Fidel en este proceso que estamos viviendo es tan importante en el mundo que se está construyendo… o que se está destruyendo.
Los relatos de los escoltas del Comandante tienen un peso en la construcción de significados en el documental. ¿Qué razones te impulsaron a incorporar sus testimonios?
Mira, sobre los escoltas de Fidel, efectivamente, se habla muy poco, y es una voz que muy pocas veces se escucha. Yo sabía de algunos casos de una relación muy cercana. Siempre en México, por ejemplo, se había mencionado mucho la escolta de Fidel. Era algo así como esta imagen mística, más que mística, mítica.

Y cuando tuve acceso a ellos vi que tenían una gran historia. Son cinco los que hablaron, porque también habló el chofer; Ángel, el cocinero. Combatientes que estuvieron con Fidel muchísimos años, cuya vida se modificó por esta relación, y cuya relación también modificó la vida de los demás.
No recuerdo ningún documental de un líder mundial donde se les dé voz a las escoltas, a aquellos que lo acompañan a todos lados; más sobre alguien como Fidel que desde los Estados Unidos se gestaron más de 600 planes para asesinarlo. Entonces, ser escolta de Fidel no era tarea fácil, y era un asunto que te obligaba a estar todo el tiempo alerta, porque no se sabía de dónde podía venir la agresión.
¿Hubo variaciones en cuanto a la tesis o el enfoque que inicialmente tenías delineado para el documental?
Bueno, sí. Este tipo de documental, naturalmente tiene muchas modificaciones en el proceso. Debes tener la sensibilidad de reconocer cuando la historia te está llevando de un lugar a otro y tomar ese camino. En ese sentido, el intercambio y la vision de los tres (Yo, Gabriel y Roberto) nos llevaron a tomar decisiones en el proceso. Sin duda, había muchos capítulos que yo quería hacer y que no hice y otros que ni siquiera tenía pensado hacer y que terminamos haciendo, porque la propia naturaleza y la dinámica de un documental de esta temática te llevan hacia otros derroteros.
Junto con Gabriel y Roberto descubrimos temáticas con algunos de los entrevistados que notamos daban más de lo que habíamos pensado, incluso hubo muchos caminos que exploramos y que no llevaron a ningún lado y que tuvimos que abandonar.
¿Volverías a hacer un documental sobre Fidel? Y si lo harías, ¿Cómo lo soñarías?
No, yo siento que mi tarea con Fidel concluyó ahí.
Quisiera hacer un documental sobre Raúl. Es otro personaje al que yo fui conociendo más y más a lo largo de mi trayecto, de mi trabajo sobre Fidel. A Raúl muchas veces se le cataloga solamente como el hermano Fidel. Yo tenía esa idea, y no. Ahora tengo clarísimo que no.
Es un hombre con convicciones, con capacidades muy propias que lo hacen o lo hubieran hecho sobresalir indistintamente. Claro, es el hermano de Fidel, y eso tiene un peso importante. Pero él tiene una serie de atributos que bien me gustaría poder retratar pronto.
Ojalá, ojalá que lo hagas. Gracias Eduardo por tu tiempo.

