En la ciudad de Barcelona, la tarde del pasado jueves tuvo lugar un homenaje de real interés histórico para la arquitectura catalana en particular y la de esta manifestación en general: el centenario de la muerte de Antonio Gaudí, ocurrida el 11 de junio de 1926. Considerado uno de los arquitectos más representativos del movimiento modernista a nivel internacional, el homenaje tuvo por escenario su obra cumbre: la basílica de la Sagrada Familia.

El mismo dio inicio con una misa del papa León XIV, y la coronó un espectáculo de luces realmente inolvidable, que lo motivó la inauguración de la torre principal en honor a Jesucristo, al iluminarse su estructura de 172 metros por sobre las restantes torres de la basílica, lo que la hace la más alta de iglesia alguna a nivel mundial. Por último, y ya de noche, cientos de drones se elevaron y proyectaron sus luces de un azul claro, dando forma al rostro de Gaudí, el que, con un leve movimiento de cabeza, fijó su mirada sobre la citada torre, como para dar testimonio de su mayor sueño, en vías de alcanzar su total plasmación.

La basílica de la Sagrada Familia es la obra cumbre de Gaudí.

En efecto, todo apunta a que la terminación de la Sagrada Familia concluirá dentro de unos años, aun cuando desde mediados del pasado siglo ya era un icono de la ciudad Condal. Su construcción ha tenido varias etapas desde que Gaudí la asumiera e iniciara a fines del siglo XIX. Esta primera etapa se vio interrumpida debido a su inesperada muerte en 1926, cuando fue atropellado por un tranvía; tenía al morir la misma edad de Jesús: treinta y tres años.

La Guerra Civil Española sería la causa de la segunda interrupción, cuando los combates librados en Barcelona destruyeron el estudio del arquitecto. En consecuencia, la mayor parte de los planos, apuntes y maquetas relativos a la obra en cuestión, se perdieron. Serían los discípulos de Gaudí los llamados a continuar la obra del maestro, a partir de una ardua labor de investigación y reconstrucción de los “restos” de su trabajo proyectual, que no destruyó el fuego ni la metralla enemiga.

Cientos de drones se elevaron y proyectaron sus luces de un azul claro, dando forma al rostro de Gaudí, quien miraba a su creación.

La tercera y última interrupción estuvo relacionada con la pandemia de la Covid-19, en 2021. Finalmente, superada la pandemia, las obras se reanudaron con el propósito de darle feliz término, lo que, justo este 11 de junio, ya puso de manifiesto la inauguración de la Torre de Jesucristo, obra mayor y central del simbolismo implícito en toda la construcción abacial.

Si bien aún están por darse ciertos toques finales, ya puede descansar en paz Antonio Gaudí; su sueño es una realidad que, independientemente de credos e ideologías, toda persona humana seguirá admirando en siglos venideros.