In Memoriam: El centenario de Rafaela Chacón Nardi
Entre los privilegios que este redactor se guarda, está el de haber conocido a Rafaela Chacón Nardi y haber contado con la inestimable colaboración de la poetisa en cuanto momento lo necesitó. Porque fue ella una mujer empeñada en servir, una dama de nobleza y sapiencia extraordinarias.
Rafaela estudió magisterio y licenciatura en Pedagogía, con brillantes notas; ejerció como profesora en la Escuela Normal para Maestros y en los cursos de verano de las universidades de La Habana y Las Villas. Sus inquietudes creadoras las trasladó, desde muy joven, a las páginas de Gaceta del Caribe, Noticias de Hoy, El Mundo, El País, las revistas Lyceum, Bohemia… Ello, sin dejar de tomar el pulso al aula, donde paralelamente formaba hornadas de futuros maestros.
Con 22 años vio editado en 1948 su primer poemario, titulado Viaje al sueño. Tiempo después recibía una carta de Gabriela Mistral encomiando los méritos de la obra, cuyo texto íntegro fue reproducido al publicarse de nuevo el poemario en 1957. Pero para conocer la dimensión de Rafaela —la Rafaela de Cuba, cual la denominara Gabriela Mistral—, conozcamos esta iniciativa de la entonces catedrática de la Escuela Normal de La Habana:
Reuní a un grupo de alumnos de tercer año para realizar el Primer Seminario Normalista de Educación para el Mejoramiento de la Comunidad. Consistía en brindar a los alumnos la oportunidad de enfrentar las características y problemas sociales de una comunidad pesquera de muy escaso desarrollo y, en la medida de nuestras posibilidades, ayudar a solucionarlos o, al menos, aliviarlos. Playa Cajío, por razones de distancia y condiciones de vida de sus habitantes, era un escenario ideal para nuestro pilotaje…
Así era Rafaela. Aunque su quehacer lírico —más de treinta títulos— ha sido trasladado al inglés, francés, italiano, checo, ruso, rumano, portugués, sueco, esperanto y al Sistema Braille, en el jardín de su cerebro nunca cesaron de brotar flores.
Diseñó y desarrolló originales experiencias pedagógicas en el campo de la plástica para niños con limitaciones físicas. En 1971 fundó, con el auspicio de la Unesco, el Grupo de Expresión Creadora, y a instancias de dicha entidad dirigió en Cuba los clubes de Promoción de Lectura, cuya eficiencia fue altamente reconocida por dicho organismo, sobre todo en la formación de adolescentes ciegos y débiles visuales.
“La Medalla Alejo Carpentier, otorgada por el Consejo de Estado y otras distinciones, honraron a esta singular poetisa y educadora”.
Organizó también talleres infantiles para el conocimiento de la obra martiana, pues vio el arte —y son sus palabras— “como parte insoslayable en la formación de niños y jóvenes. Con el triunfo de la Revolución llegaron las oportunidades de hacer, de experimentar en ese campo. Recuerdo todavía la alegría sentida cuando supe que en el Primer Plan de Estudios promulgado para las secundarias básicas aparecía la Apreciación de las Artes Visuales”.
La Medalla Alejo Carpentier, otorgada por el Consejo de Estado y otras distinciones, honraron a esta singular poetisa y educadora, que habitó en la morada dulce de su:
“Solo de mar”
Dulce morada es esta que me invento
calladamente azul. Azul y sola
en marinera tierra, caracola
para la fina música del viento.
Dulce morada es esta que presiento
terrenal y celeste. Playa y ola
que al aire transparenta y tornasola
su luz y ritmo en libre movimiento.
Los muros de alta espuma, los vidriados
espejos de agua y nácar recamados
y las ocultas puertas de agua viva…
y mucho olvido y lágrima cautiva.
Y mucho gozo y soledad salvada
en mi increíble azul, dulce morada.
Rafaela murió el 11 marzo 2001 y este redactor no puede aceptar, ni comprender, cómo nunca recibió el Premio Nacional de Literatura, pues tiempo y ocasión hubo para ello, en especial por cuanto en ella su labor poética estuvo complementada por el empeño de llevar el disfrute estético a los niños en las comunidades.
Esta gran dama de las letras, una de las personalidades indiscutibles de la cultura nacional, y cuya modestia y altruista espíritu pudimos constatar, nació hace un siglo, el 24 de febrero de 1926. Desde las páginas digitales de La Jiribilla nos sumamos a todo homenaje.

