La soberanía de las formas en la mirada de Jesús Lara Sotelo
La obra de artes visuales de Jesús Lara Sotelo rivaliza con su escritura poética y ensayística, sobre todo con la lírica. O quizá sería más aceptable decir que se complementan. Se trata, vista de conjunto su producción simbólica, un entrecruzamiento de proteicos entramados de culturas occidentales y orientales, o dicho de otra forma, un intenso diálogo intercultural de enorme valía. Es, pues, una obra vital y poderosa, porque vitales y potentes son los sustentos de la que brota y en los que se apoya.
En la exposición Axiomática Lara, recién inaugurada y que ocupa todas las paredes de la galería El reino de este mundo, de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, se puede apreciar lo que acabo de señalar. Obras cuyos alientos y sustancia emergen de culturas disímiles, se exhiben para configurar ese diálogo permanente que es la cultura universal. Y es que en Lara, ya sea en su mundo escritural o en el simbólico, la concepción es a nivel del orbe, una conversación entre esencias culturales y tradiciones de los cuatro puntos cardinales.
“Es, pues, una obra vital y poderosa, porque vitales y potentes son los sustentos de la que brota y en los que se apoya”.
Los retablos ocupan un lugar importante en la muestra, su raíz religiosa cede un poco a lo estrictamente simbólico del arte, son obras de arte sin otras connotaciones que su impacto visual, pero quien conoce la obra escrita y simbólica de Jesús Lara sabe que hay un aliento místico que emana de cada uno de esos retablos. El mismo artista lo revela cuando dice: “El retablo fue altar antes de ser objeto; en mis manos intenta convertirse en pregunta: ¿Que queda de lo sagardo cuando la materia ya no necesita dioses para producir misterio?”.
Una buena preguna, sin dudas, una interrogante de mucha presencia esotérica, pues tratándose de Jesús Lara, un místico de pura cepa, la carga de enigma expresada se adelanta a cualquier otra consideración. El retablo es, pues, en la exposición, un surtidor de signos, signos que son misteriosos abalorios, que se corresponden con los laberintos mentales del artista, señales de una reflexión mayor sobre el arte.

Las piezas, casi todas de madera pintada o policromada, o conformadas a base de telas pintadas en función matérica, ocupan con elegancia el espacio de la galería. Hay tres esculturas, que le dan un toque definitivo al conjunto. Cada pieza tiene a su lado un poema del artista que hace más enigmática aún la exposición: lírica contra lírica, poesía visual contra versos escritos, como si fuera un todo bien pensado.
A la pregunta de una reciente entrevista a propósito de esta muestra, sobre si era una propuesta nueva o significaba una ruptura consigo mismo, el artista respondió:
Las dos cosas. Y quizá una tercera: una reconciliación. Durante mucho tiempo un artista acumula lenguajes creyendo que está cambiando. Después descubre que algunas de esas diferencias eran habitaciones de una misma casa. En Axiomática Lara aparecen cosas que llevo décadas persiguiendo: el dibujo, la materia, la construcción, el objeto, la geometría, el negro, el oro, cierta memoria del retablo y también mi necesidad de destruir aquello que termino de ordenar. Antes quizá estaban dispersas. Ahora conversan. No he cambiado de universo. He descubierto su gramática.
En las piezas, de forma general se puede apreciar un reflejo del contructivismo ruso y de un apego sostenido (aquí estoy tomando en cuenta mi conocimiento de la obra de este artista) a lo geométrico. En la poética visual de Lara Sotelo el enfoque geométrico es determinante. Algunas de las mejores piezas de esta exposición provienen de ese aliento. Pero es el conjunto el que produce la verdadera impresión como espectáculo visual.
Vale la pena expresar que la tarde de su inauguración el país sufrió otra desconexión de su Sistema Electroenergético a nivel nacional y la actividad se tuvo que realizar en penumbras. No obstante, una treintena de personas asistieron a la galería El reino de este mundo. Los fieles de Lara o los que pudieron acceder a la promoción hecha. La inauguración la realizó el reconocido crítico de arte Nelson Herrera Ysla, quien en sus palabras ponderó elogiosamente la obra de Jesús Lara y contó con la presencia de la viceministra de Cultura Lizette Martínez Luzardo, entre otras personalidades.

El artista ha sido firme en su declarada posición estética de no repetirse, sino que prefiere interrogar a los “otros Lara” que ha sido con vistas a perdurar con un latido fresco en el panorama creativo nacional. En ese sentido, reconoce que hay algo de autobiográfico en esta muestra donde la abstracción juega un papel principal, de ahí que, en su caso, lo poético siempre juegue un rol fundamental. Es una muestra ambiciosa, provocadora, enigmática y llena del oficio artístico que Lara ha sabido construir a lo largo de los años.
En un libro que se encuentra en proceso editorial y que operará como una suerte de catálogo razonado de lo esencial de su obra visual, titulado Ascensión al Himalaya interior, Lara Sotelo habla de esos procesos enigmáticos del ser humano, de sus grandes complejidades, las que desbordan el tan socorrido ego para caminar hacia profundidades ignotas y de ahí resurgir hacia la iluminación de la creación. Para su credo personal, es imposible ser artista sin ese indagar hacia el interior de la naturaleza propia. Se trata de un creador que ha reflexionado con hondura las implicaciones de la creación artística, ya sea en lo visual o en lo escrito o incluso en lo musical, porque la inauguración contó en su primera parte con tres piezas del álbum El cielo tiene sótanos (2026), autoproducido por el propio Lara, y que fueron interpretadas por el cellista Rolando Borrero Oviedo (Cheloman).
Y es que Lara ha expresado varias veces que:
Mi obra es la salvación de mí mismo, para no desistir, para no quebrar mi fe en los hombres. No sé si todavía el arte podrá salvar lo que como humanidad hemos perdido, quisiera pensar que sí, espanta pensar. Es tremendamente duro admitir la impotencia del arte frente al horror y al exterminio.
Ojo, salvarse de sí mismo es toda una declaración de principios. No perder la fe en los hombres, una tarea ética y moral. Lara Sotelo es un hombre dominado por las imágenes y a la vez dominador de ellas. Su accionar en las artes visuales es muy versátil, pues ha trabajado la pintura, el dibujo, la fotografía, la escultura, la cerámica, las instalaciones, el video-arte y el diseño gráfico, de manera que posee una cosmovisión propia e integral de la perspectiva visual, de todas las diferentes maneras de producir arte. Al parecer, ningún soporte le basta para manifestar sus deseos de crear formas y símbolos.
Esta muestra, que estará en la galería de la Biblioteca Nacional José Martí durante un mes es como un punto muy elevado de su trabajo creador, ¿una cima de su Himalaya interior? Cada quien debe verla y responderse, sería muy útil que los públicos asistieran a disfrutarla.






