Zenovio Hernández Pavón es uno de los investigadores más persistentes que conozco. Trabaja siempre en varios proyectos y tiene un ímpetu que parece infatigable. Nacido en el municipio holguinero de Báguanos en 1959, ha dedicado parte de su quehacer a adentrarse en archivos y hemerotecas tras las huellas de la historia de la cultura en Holguín.

De esta provincia abordó, mediante testimonios, la impronta del Teatro Lírico Rodrigo Prats en un libro que obtuvo el Premio de la Ciudad a inicios de la década de 1990; y en la edición del pasado año volvió a ganar el galardón con un texto sobre el teatro local. Pero el grueso de la obra de Zenovio, sus ensayos, artículos y libros desde 1986, cuando comenzó en estas apasionadas andanzas casi detectivescas, se relaciona con la música cubana.

Zenovio ha publicado libros sobre Faustino Oramas (El Guayabero) y la Orquesta Hermanos Avilés, una de las agrupaciones más antiguas de su tipo en el mundo.

Ha publicado libros sobre Faustino Oramas (El Guayabero), la Orquesta Hermanos Avilés, una de las agrupaciones más antiguas de su tipo en el mundo, Ñico Saquito, Barbarito Diez, Elena Burke, Miguel Matamoros, entre otros músicos, así como investigaciones que abordan determinados períodos, manifestaciones y provincias. Sus más recientes textos son Compositores cubanos. Diccionario biográfico-musical (Unos y Otros Ediciones, 2023) y Ñico Saquito. De guaracha en guaracha (Ediciones Oriente, 2025).

El jazz, desde sus inicios, es parte de la historia de la música cubana. No solo por importantes intérpretes, agrupaciones, las famosas jazz band… pienso además en la fusión con las sonoridades cubanas que dan origen al llamado jazz afrocubano y más tarde al latin jazz, que incluye también confluencias con la música de Puerto Rico y Brasil. Pero en Holguín, ¿cuándo pueden rastrearse los primeros exponentes del jazz, o sea cuáles son los inicios de la historia del género en esta provincia?

Las historias del jazz en Cuba, como casi todo, tiene un énfasis habanocentrista, con perdón de Leonardo Acosta y otros notables estudiosos del género. Si uno lee Un siglo de jazz en Cuba, de Acosta, notará el relieve, la trascendencia, de figuras como Pedro Jústiz Rodríguez (Peruchín), los hermanos Escalante, Juan Pablo Torres, Juanito Márquez y Emiliano Salvador. ¿Y de dónde surgieron, cómo se iniciaron en el jazz? Ellos y muchos otros son resultados de una tradición que fomentaron, desde inicios del siglo XX, las comunidades estadounidenses en enclaves económicos en el oriente cubano.

En Holguín, los primeros exponentes del jazz surgieron en Banes y de esa génesis y evolución dan testimonio reseñas aparecidas desde 1915 en el periódico El Pueblo. En ese diario se mencionan músicos que iban al club de los estadounidenses a tocar con ellos. De particular trascendencia destaquemos tres pianistas en la primera mitad del siglo, por cierto, instrumento rey del jazz holguinero: Peruchín, Absalón Pérez y Carlos Avilés.

Peruchín luego comienza a fusionar el jazz con el son y sus aportes son famosos; Absalón se estableció en México y es un nombre insoslayable en la historia musical de ese país. Por su parte, Avilés fundó una de las primeras jazz band de la región nororiental.

Haciendo un recorrido histórico por nuestra música, ¿cuáles crees que son los nombres y agrupaciones claves de la historia del jazz en Holguín?

Los momentos claves del jazz en esta región nororiental se encuentran en el segundo lustro de la primera década del siglo XX, en que las primeras expresiones del jazz son cultivadas en varias comunidades. En la segunda mitad de los años veinte casi todas las orquestas charangas se transforman en jazz band, iniciando la cubanización del formato a banda cubana. En esta etapa, la Avilés es de las primeras big band de Cuba.

Entre 1927 y 1958 se encuentran dos décadas de oro del jazz, en ellas, además de la Avilés, cuya historia recogimos en un libro, hubo otras muy buenas en toda la región. En Holguín, la Tentación, Roland Swing, Mundo y sus Príncipes; en Gibara, la Villablanca, e incluso en centrales azucareros y pequeñas comunidades, como San Germán y San Andrés, donde la Hermanos Vincench formó maestros como Rodney Vincench, luego líder de Los Chicos de Cuba.

La Orquesta Hermanos Avilés fue una de las primeras big band de Cuba.

La Orquesta Hermanos Avilés aglutinó verdaderos portentos, como los pianistas Ernesto Urbino, Luis Mariano Cancañón y Enrique Avilés, el guitarrista Juanito Márquez y los trompetistas Jorge Varona y Germán Piferrer. Estas orquestas contaban con un amplio repertorio de jazz, igual que de música cubana y otros ritmos de moda.

Finalizando la década oscura en que la tradición jazzística casi se pierde, comienza un lento rescate con el maestro Joel Rodríguez Milord y el grupo Arará. Cuando se funda el Festival Internacional Jazz Plaza en 1980, Arará y el grupo de Joaquín Betancourt de Camagüey son los únicos que representan a los cultores del género en esta parte de Cuba.

Entre los portentos de la Orquesta Avilés estuvieron Juanito Márquez y Jorge Varona (en la imagen), junto a Ernesto Urbino, Luis Mariano Cancañón y Germán Piferrer

En los años ochenta, el jazz se fortalece en esta región, los cursos de orquestación del maestro Armando Romeu por una parte, el trabajo sostenido de Arará, que logra una exitosa gira por parte del circuito jazzístico de Europa y grabar un disco LP, entre otros logros; así como la fundación de peñas, la obra creadora de maestros como Milord y de nuevos talentos como Ramón Valle y Yaroldy Abreu, quien luego va a brillar internacionalmente junto a Chucho Valdés hasta llegar a acumular importantes lauros, entre ellos varios premios Grammys, son verdaderos hitos del jazz y los jazzistas holguineros.

El otro período de particular esplendor se inicia en los noventa con la Asociación Hermanos Saíz (AHS) respaldando la nueva generación de jazzistas y la irrupción del concurso Jojazz en 1997, donde desde entonces han descollado los talentos locales formados en nuestro Conservatorio José María Ochoa y en la filial de la Universidad de las Artes.

En el Jojazz, Cubadisco y otros eventos y escenarios de Cuba y el mundo, se han ido imponiendo nombres como Ramón Valle, el dúo Angelisa, Ernesto Camilo Vega, Alejandro Vargas, Alejandro Meroño y la Jazz band del Conservatorio, Gran Premio Jojazz 2019, e incluso la Orquesta Sinfónica de Holguín, dirigida actualmente por Oreste Saavedra, que ha protagonizado excelentes conciertos en que se mezcla el jazz y lo clásico.

En el Jojazz, Cubadisco y otros eventos y escenarios de Cuba y el mundo, se han ido imponiendo nombres como Ramón Valle, Alejandro Vargas y Alejandro Meroño.

Y cuáles serían, a tu entender, los principales hitos, momentos climáticos y aportes al jazz cubano (o a la historia del jazz en sí) realizados desde la provincia o por holguineros, aunque se encuentren radicados en otras partes del mundo.

La historia del jazz en Holguín y los aportes de los hijos de esta provincia al género ameritan ser recogidos en un libro. O en varios libros, porque la vida y legado de Peruchín, por ejemplo, dan para un libro de relevancia, pues su aporte de fusionar los tumbaos soneros con el jazz, entre otros, le hicieron un pianista de culto en nuestro continente y más allá.

No obstante, en las investigaciones realizadas desde el Centro de la Música, la AHS y otras instituciones, se resaltan algunos de los aportes de nuestros jazzistas a la vida musical.

Jazz band del Conservatorio José María Ochoa.

Alexis Triana, ese gran promotor de nuestra cultura, por ejemplo, en su libro sobre las Romerías de Mayo, recoge cómo este evento ha servido de plataforma del joven jazz cubano, sin olvidar lo aportado por otras iniciativas como el HolJazz, Cubadisco y la Fiesta de la Cultura Iberoamericana. En ellos las actuaciones de jazzistas de varias generaciones, desde Bobby Carcassés a Alejando Falcón, han sido grandes sucesos culturales. Sin olvidar las actuaciones de los jazzistas holguineros en Estados Unidos, España, Holanda o Alemania. La prensa de esos países, incluyendo publicaciones especializadas, han dedicado no pocos elogios a la ejecución del clarinete de Ernesto Camilo Vega, siendo comparado por la revista Down Beat con el genial Artie Shaw. Algo similar se escribe de las actuaciones de Ramón Valle por el mundo o de sus discos con el sello alemán ACT, los cuales confirman que es un maestro del jazz contemporáneo.

En algún momento (sobre el 2021) se habló de que Holguín “bien que ha podido convertirse en una especie de Nueva Orleáns cubano, por toda su tradición jazzística” e incluso se comentó de la intención de que Holguín fuera la “capital del jazz en Cuba”. ¿Lo crees posible (por historia, lógica y actualidad) o acaso parece más una boutade propia del entusiasmo organizativo y del ímpetu holguinero?

Sin dudas Holguín, en distintas etapas, ha dejado importantes contribuciones al jazz. La holguinera costumbre de la apología ha llevado a que nos comparemos con Nueva Orleans, pero pese a las etapas en que el jazz fue moda universal, las figuras y agrupaciones que dieron y dan al género brillo, este necesita más apoyo y difusión para que la Ciudad de los Parques pueda ser considerada una de las capitales del jazz cubano, como lo es del canto lírico o la literatura.

Nuestros jazzistas que triunfan, generalmente se van a otros lares; nuestro Jazz Club a diferencia de los de Santiago de Cuba y otras ciudades fue cerrado, y la radio y las instituciones, más allá de los tradicionales eventos, deben darle un mayor apoyo al género.

“(…) en las investigaciones realizadas desde el Centro de la Música, la AHS y otras instituciones, se resaltan algunos de los aportes de nuestros jazzistas a la vida musical”.

¿Es el holguinero un público consumidor de las expresiones del jazz?

El público holguinero es respetado y querido por los músicos y artistas que la visitan. Pese a su presencia aún escasa en nuestra programación cultural, cuando hay buena divulgación y se presentan reconocidos jazzistas, suele asistir un público interesado y conocedor.

Memorables eran aquellas peñas en el museo La Periquera en la década de 1980 y las descargas en la Uneac o el Conservatorio, las que por suerte no se han perdido del todo, pese a elementos extra artísticos que influyen, como las crisis económicas y otras adversidades.

Finalizando la década oscura en que la tradición jazzística casi se pierde, comienza un lento rescate con el maestro Joel Rodríguez Milord y el grupo Arará

Pienso en eventos que se realizaron en algún momento, como el HolJazz, Jazz en Holguín y La esquina del jazz, en Romerías de Mayo. Y en sitios como el Jazz Club, hoy inexistente… Todo ello ha mermado una “cultura del jazz”. Aunque pienso también en la Escuela Profesional de Música José María Ochoa y los proyectos gestados allí. Al repasar ahora la ciudad (y la provincia), ¿encuentras potencialidades para el fomento del jazz en Holguín? A propósito de esto, ¿cómo valoras la inclusión de Holguín en el reciente 41 Festival Internacional Jazz Plaza?

Indiscutiblemente la inclusión de Holguín como parte del Festival Jazz Plaza es un merecido reconocimiento a los aportes que esta provincia ha hecho a este importante género de gran prestigio universal, pero sobre todo es un estímulo al desarrollo de sus potenciales.

Holguín, como ya destacamos, es cuna de cultores del género que desarrollan una encomiable labor en importantes escenarios y academias de Cuba y el mundo. Uno de ellos es el compositor, arreglista, pianista y director de orquesta Joel Rodríguez Milord, que fue galardonado en la última edición del certamen con la Medalla 40 Aniversario del Jazz Plaza. Más allá de su obra musical, su labor docente sigue siendo decisiva en la formación de nuevos músicos, especialmente cultores del jazz, que continúan su impronta y que necesitan estímulo como este evento para desarrollar la vocación; como también lo necesita un público que a partir de esta edición en la ciudad comenzará a crecer y que, con el tiempo, convertirán a Holguín en una de las capitales del jazz en Cuba.