Carilda Oliver Labra: la dueña del verbo desordenar…

Yunier Riquenes García
29/8/2018

La muerte física de la poeta cubana Carilda Oliver Labra es noticia. Muchos me escriben y llaman para saber si es cierto. Otros escriben para confirmar. Y ahora, casi al mediodía, ya está publicado en los diarios cubanos y extranjeros, oficiales e independientes.


 

Son muchos los que replican, los que sacan los versos que han utilizado para enamorar, para remover. Los que sacan una que otra historia cierta o no, tal vez un rumor de la historia de vida de “La novia de Matanzas”. Pero creo que es novia de muchos otros que no vivimos en aquella ciudad.  Carilda no es poeta para un solo lector. Somos muchos los que creímos en aquel poema, “Me desordeno, amor, me desordeno”, que nos llevó al impulso y nos quitó el miedo.

No creo que antes se moviera tanto una noticia literaria cubana en las redes sociales. Va de un comentario, a otro, de un ícono a otro. Somos muchos lo que deseamos poner una foto suya, y dejar un poema. Hay quien ha comentado Al sur de mi garganta; Lázaro Castillo, poeta, comparte el poema “Constancia de la muerte”, del libro Memoria de la fiebre; el poeta Arístides Vega Chapú dice “Ha muerto Carilda, el último poeta cubano capaz de conquistar cualquier auditorio”; Víctor Rodríguez Núñez dice que es “Una enorme pérdida” y Norge Espinosa dice algo hermoso y profundo; escribe que ella es la dueña del verbo desordenar. Y me quedo con eso y pienso. Cuantos y cuantas hicieron suyas esas estrofas, hombres y mujeres.

Por estos días recordé en un programa radial un texto suyo donde habla de los gatos, uno que la mordió celoso. Pienso en la Carilda cuentista y en la que tuvo hasta en los últimos días el ímpetu de que la cultura cubana debe seguir.

Una vez estuve en su peña en una feria del libro en Matanzas. Y la miré desde lejos en silencio. No me hice foto con ella. No la abordé, no le hice entrevista. Me quedé con su sonrisa, con su palabra.

Son muchos los que escriben y se despiden, los que sacan de los libreros sus libros. Los que ponen alguno de sus poemas musicalizados. Y en la medida que corre la noticia muchos más escriben y muestran el pesar. Lo cierto es que, quién lo duda, en estos tiempos en que dicen que no se lee Carilda entró a la gente, se burló de aquello de que la poesía no se lee, ni se vende.