“Tenemos que lograr que quien piensa diferente, pero coincide en los principios, sea protagonista”

Gustavo González
24/10/2018
 Las bandas Zona Franca y La Cruzada se erigieron este año como los ganadores del Premio de la Popularidad  durante la entrega de los galardones de música alternativa Cuerda Viva 2018.
Foto: Portal de la Televisión Cubana

Quiero compartir una inquietud, cuando se leyó la relatoría de la Comisión de Música, yo percibí una serie de planteamientos, a mi juicio importantes, que se hicieron en la Comisión que no aparecen en la relatoría final. Hay que hacer una especie de resumen, pero me parece peligroso que ideas medulares no estén recogidas en este documento, sobre todo porque creo que va a servir como una especie de guía de lo que vamos a trabajar luego en función de lo que hemos acordado en el Congreso. Me tomo la libertad de citar algunas que me parecieron muy importantes, sobre todo por la reacción de todo el mundo, como una que aportó Raúl Prieto, de Holguín, que proponía incluir los resultados de las becas en el sistema de giras nacionales del Instituto Cubano de la Música. Eso, por supuesto, implica un análisis mucho más profundo, pero me parece grave que no esté recogido aquí.

Yo insistí, desde la Comisión de Promoción, y analizaba después algunas de las opiniones que generaron otros delegados, sobre la necesidad de crear una beca para la promoción. En la Comisión hablamos de elementos puntuales que requieren un presupuesto destinado específicamente a generar todo un soporte promocional.

Otro elemento importante me parecía la generación o destinación de un presupuesto para la protección del talento de los jóvenes creadores en las fiestas populares. Me parece que somos tan necesarios y estamos muy poco presentes allí. Esos son tres elementos que a mi juicio son importantes y se trataron en la Comisión y que no están ahí en el resumen de la relatoría.

Otro punto un poco más general, a mí me parece asombrosamente incoherente la sorpresa de muchas personas que nos han estado acompañando en todos los debates, cuando evalúan la profundidad de nuestro pensamiento, o lo práctico que pueden ser los análisis que estamos haciendo. Les digo que me parece incoherente, sobre todo aludiendo a nuestra historia. Creo que la primera mitad del siglo pasado tuvo un protagonismo total de gente como nosotros, de gente que, por supuesto, tuvieron otro contexto. Hoy es quizás muchísimo más complejo, lo decía también Graziella Pogolotti. Me parece que detrás de todo eso, sin ninguna mala intención, hay una dosis de subestimación de hasta donde son capaces de llegar los jóvenes que componemos esta masa que hoy está aquí.

En ese sentido, me hago preguntas como estas: ¿verdaderamente cuál es la obra que nos interesa? ¿A dónde es que queremos llegar en realidad? Yo apuesto por creer que la obra verdadera es la gente y que todo lo que generamos son estrategias o pretextos bien intencionados para llegar a la gente, para tocar el corazón de la gente y para que la gente entienda verdaderamente por qué nosotros estamos haciendo todo esto. Creo que si no, esto no tiene sentido. Si todo esto se vuelve de pueblo, si no se logra que la gente haga suya cada una de nuestras batallas, creo que al final las estaremos perdiendo antes de haberlas comenzado.

Por ahí quiero tocar otro punto que es el tema de la vanguardia artística, se nos hace un llamado constante, como vanguardia artística, a cumplir un rol, a completar una acción; pero digo, con muchísimo respeto, y me gustaría que se me entendiera en el límite justo de lo que estoy diciendo, la vanguardia tiene que verse como sujeto y no como objeto; hay que empoderarla, hay que hacer que verdaderamente pueda tener ese papel transformador y estar dispuestos a que sea protagonista, aunque en todos los temas no comparta exactamente las mismas ideas. Por supuesto, siempre y cuando estemos de acuerdo en cuestiones de principios. Esto último me parece que es innecesario aclararlo,  porque por algún motivo todos estamos acá hoy.

 “…la juventud quizás no siempre sabe expresar todo de la mejor manera, pero hay que tener claro que está acá, no está en otro sitio, y eso yo creo que vale muchísimo”. Foto: Radio Cadena Agramonte

Hemos venido hasta aquí con problemas concretos, y no esperamos algo menos que respuestas concretas, y estoy de acuerdo con que las respuestas en muchas ocasiones pueden ser un no o pueden ser un ahora no se puede; pero, lamentablemente, nos ha ocurrido en varias ocasiones que la anécdota pasa de ser herramienta a convertirse en práctica habitual y eso empaña todo el espíritu renovador que estamos proponiendo los jóvenes aquí reunidos. Reitero, no estamos reclamando que haya una solución cuando realmente no la hay, pero a veces sería preferible decir: “no la tenemos o no sabemos, pero los invitamos a que sean parte de esa construcción”, como estamos haciendo hoy. Creo que eso sería mucho más válido que dilatarnos en muchísimas experiencias, que pueden haber sido válidas pero que a veces conducen al fin del diálogo.

A veces, cuando algunos decisores nos hablan de problemas, nos lo dicen como si nosotros hubiésemos generado esos problemas. Creo que se habla de situaciones y se omiten responsables y, con todo el respeto, creo que estamos acá para hablar las cosas sin miramientos o sin pasarle la mano a nada ni a nadie.

Pondré un ejemplo concreto y no quisiera con esto desviar la atención de lo esencial. Hablábamos de la conversión de los Centros Provinciales de la Música en Empresa de la Música y los Espectáculos, pero eso no lo decidimos los que estamos acá. Y hablábamos con tremenda naturalidad de todos los desmanes que ha generado eso, de cómo esa recreación que deseamos proteger se ha visto desprovista, como consecuencia de esas decisiones, pero a la vez nos lo dicen las mismas personas que tomaron esa decisión. Yo creo que estamos para ver cómo resolvemos eso y no para tratar de redefinir ese problema, que ya todo el mundo lo tiene claro.

Otro elemento que me interesa es que nosotros, de alguna manera, disfrutamos y padecemos de decisiones que son propias de un proceso de construcción social, pero tenemos que estar claros de que nosotros no fuimos quienes las tomamos. Hay que, con toda la sabiduría y con todo el rigor que eso implica, permitirnos ser protagonistas activos de todo ese proceso de reconstrucción y de rediseño de nuevas formas, de nuevas variantes de solución a esos problemas.

Graziella Pogolotti decía “nosotros tenemos que tratar de llevar ideas abstractas a proyectos concretos intencionalmente dirigidos”, creo que para eso estamos reunidos acá en este Tercer Congreso. El papel de la institución se ha tocado muchísimas veces y yo creo que todos los que estamos acá estamos de acuerdo con la permanencia de la institución. Seguir redundando en lo mismo sería perder el tiempo. Mejor sería subir un nivel, un nivel superior que no es el verbal y es hacer que la institución funcione. Así es como verdaderamente la vamos a defender.

Hablo desde mi caso como músico y, por supuesto, por más que parezca que pretendo poner el dedo en la llaga, hay una inconformidad general. Hablo del sector al que represento, pero sé que eso pasa de alguna manera en todos los lugares. El sistema con el que nosotros nos relacionamos con las instituciones del Estado resulta ineficiente en muchos sentidos y, en el peor de los casos, creo que carece de moral para muchas cosas. Primero porque las programaciones son deficientes y porque, cuando se hacen, están permeadas por el favoritismo. Y eso lo hacen hombres, pero no es el resultado de la afectación del bloqueo ni fruto de un laboratorio de pensamiento del imperio, sin menospreciar o minimizar la obra de la subversión o la obra desestabilizadora. Son errores nuestros y mientras tratemos nuestros errores con autocompasión no vamos a estar verdaderamente dispuestos a  solucionarlos.

Cuando Graziella Pogolotti hacía su exposición, magistral a mi juicio, nos describía como en la era del 60 todas estas instituciones surgieron, y yo me tomé, por supuesto, el privilegio de anotar, “para proveer estructuras, para hacer exposición pública de las obras, para proveer un auspicio material y para generar un anclaje de reconocimiento de los valores identitarios de la nación”. Nosotros tenemos que hacer que la institución haga eso verdaderamente, así es como nosotros vamos a defender ese bastión.

Hablábamos de la presencia de los hombres en medio de todos los procesos, pero los procesos no van a cambiar si el proceder de los hombres no cambia. De lo que está en nuestro corazón, de eso hablamos. Creo que hay que dirigir intencionalmente las cosas y no hablo en abstracto. Hay que tocar esa fibra dentro de cada cual, preguntarnos qué cosa estamos haciendo porque de lo contrario, honestamente, el nivel de credibilidad de cada uno de los espacios de debate irá disminuyendo. Yo creo que los que estamos acá por algún motivo hemos decidido no claudicar en ese sentido, tratar de llevar las cosas hasta donde podamos, porque si no hubiéramos decidido estar en otro lugar. Yo creo que eso siempre hay que tenerlo en cuenta. La juventud quizás no siempre sabe expresar todo de la mejor manera, pero hay que tener claro que está aquí y no en otro sitio y eso yo creo que vale muchísimo. Nuestras victorias o nuestras derrotas son solamente de nosotros, no son de otra gente. Lo que salió bien lo logramos nosotros y lo que nos salió mal lo destruimos nosotros o no supimos construirlo bien nosotros mismos.

Creo que para generar una verdadera construcción tenemos que lograr que quien piensa diferente, pero coincide en los principios, sea protagonista y no solamente sea escuchado; porque siempre hablamos de la inclusión en términos de que “si, ‘fulano’ piensa diferente, pero lo escuchamos”. Y no debe ser. Hay que dejar que esa persona también sea protagonista. Hablo desde mi experiencia personal también, porque lo digo y los que me conocen lo saben, soy un hombre de fe y en muchas ocasiones he sido víctima de visiones reduccionistas y manipuladoras de lo que es cultura y de lo que se entiende por religión. Yo creo que el verdadero enemigo nuestro es la necedad, es la sordera, es la hipocresía. Son esas las cosas que verdaderamente nos ponen trabas y nos impiden avanzar.

Y cierro con esto, el Ministro de Cultura, en su encuentro con nosotros, cuando comenzaba el Congreso, nos preguntaba: ¿cómo abrimos paso a las ideas más fértiles? Yo, humildemente, propongo, entre otras cosas, hacer que esta masa creadora tenga voz y acción protagónica en todo ese proceso de construcción social y cultural, incluyendo por supuesto las decisiones relacionadas con la legislación y la implementación de políticas.

Muchas gracias.Transcripción: Liliam Lee Hernández