En el mundo hay bodas suntuosas, cumpleaños felices, mansiones de lujo y yates de recreo, superfluas sonrisas de suficiencia; hay jóvenes que pisan el suelo con autoridad de dueños y no conocen, ni quieren conocer la vida de los otros; pero dentro de aquel, hay otro mundo signado por la pobreza y el trabajo extremo, muy cerca y muy lejos del primero, el de los fieles subordinados, muchos llegados de oscuros rincones, donde nada es seguro, ni un puesto de trabajo, ni una renta, ni un futuro, donde el sueño de ser como los empleadores envejece con los empleados.

Hay otro peor, pero más digno: el mundo de los insubordinados, al que se le declara la guerra, donde un misil puede reventar mañana una escuela, no sabemos cuál, y un disparo atravesar una ventana. La guerra tiene otras maneras más sutiles de hacerse: la asfixia “preventiva”, para que la dignidad parezca obstinación, y la obstinación, suicidio. Hay bombas de palabras e imágenes, de insinuaciones y falsas noticias (bombas de humo) que copan y obstruyen las redes sanguíneas del planeta y construyen estados de ánimo. Pero las víctimas responden: en la guerra cognitiva de las redes, de la mano del humor, ganamos batallas, porque la mentira no sabe reír. El fuego se expande y quema a quienes lo avivan. Sí, aunque parezcan mundos distantes, todos son uno solo.

“En la guerra cognitiva de las redes, de la mano del humor, ganamos batallas, porque la mentira no sabe reír”.

¿Por qué Cuba organiza una Bienal de Humor Político, en medio de los extensos apagones y las carencias que el imperialismo provoca? El humor es un arma infalible; no se trata solo (aunque también, ¿por qué no?) de burlarnos del agresor, al que hay que despojar de sus múltiples máscaras. El humor hace inteligible el caos, demuestra que nuestras desgracias no son locales (ay, esas mentes aldeanas, neocolonizadas, que no saben que el gigante que lleva siete leguas en las botas nos las quiere poner encima), genera solidaridad, hunde el bisturí hasta mostrar el tumor. La Bienal demuestra que en el mundo real hay cientos, miles, quizás millones de seres pensantes, que no se quedan cómodamente encerrados en el cuarto de los espejos, porque saben que no hay historias bilaterales con el imperialismo: Palestina, Líbano, Irán y Cuba, entre otros escenarios latentes, constituyen un frente común de resistencia, y en él todos peleamos por todos. Son decenas de miles los civiles muertos en el Medio Oriente, pero la victoria definitiva no es la que provoca la muerte física, sino la que asesina el espíritu, la capacidad de pensar, de reír y de pelear. Y cuando pueblos como el palestino, sobre el que se ejecuta un genocidio, o el iraní, bombardeado de manera indiscriminada, se sobreponen al dolor, cantan y ríen, son invencibles.

“En esa batalla cultural, que se libra mente a mente, nadie es prescindible”.

No encontrarán quizás en estos dibujos motivos para la carcajada, la del chiste fácil que utiliza, como en ciertos deportes de combate, la fuerza del enojo, y provoca la risa superficial, liberadora. Hallarán, sí, el choteo cubano, que desmonta la prepotencia, la falsa solemnidad de los agresores, la ridícula impostura del asesino que se disfraza de héroe. En las exposiciones de la Bienal, prevalecerá la sonrisa que provoca el descubrimiento en el otro de un razonamiento propio, expuesto en líneas precisas.

Permítanme decir algunas palabras sobre el Mundial de Fútbol que se inauguró ayer. No quiero desairar a los miles de fanáticos cubanos y latinoamericanos de ese deporte que también disfruto, aunque no tanto como el béisbol. Pero ¿cómo es posible que la Humanidad permita que el país que financia el genocidio en Gaza, estrangula, agrede y amenaza a otros pueblos y al suyo propio, sea una de las sedes, podría decirse que la principal, de un evento deportivo de esa magnitud? Existe un antecedente: los Juegos Olímpicos del Berlín nazi en 1936. El mundo más rico y el que pretende imitarlo, hará como si la guerra mundial en curso no existiera. Millones de fanáticos gritarán eufóricos cada vez que sus selecciones anoten un gol. En ese mismo instante, quién sabe, niños, mujeres y ancianos estarán siendo masacrados; pero la noticia será relegada a planos inferiores.

“Nos colonizan culturalmente cuando nos inoculan la cultura del tener (…), la desconfianza en nuestras posibilidades de vencer, la creencia de que el colonizador es más fuerte, o más culto, o más capaz”.

El equipo de Irán jugará todos sus partidos de la primera fase en Estados Unidos, pero tendrá que entrar y salir del país el mismo día de cada juego. Por eso han tenido que hospedarse en México, cerca de la frontera. Quince integrantes de su cuerpo técnico no recibieron la visa.

Tampoco recibieron la visa los aficionados que pretendían respaldarlos desde las gradas. Pero asistir y jugar, a pesar de todo, será un acto de resistencia: como el humor, expresa la voluntad de vencer. El gran humorista belga que hoy nos acompaña lo expresa magistralmente en un dibujo de pocos, pero elocuentes elementos: el cerquillo de Hitler se acompaña de un bigotico, que es a su vez el perfil de Trump. El mejor árbitro de África, Omar Artan, un somalí designado para actuar en el campeonato, con visa concedida, fue devuelto a su país al llegar a un aeropuerto estadounidense. La FIFA guarda silencio. Son solo algunos hechos que se anticipan a lo que ocurrirá en los estadios o en las calles de los Estados Unidos, que permanecen en alerta máxima, ante el posible intento de los indeseables de permanecer en el país.

“En las exposiciones de la Bienal, prevalecerá la sonrisa que provoca el descubrimiento en el otro de un razonamiento propio, expuesto en líneas precisas”.

En contraste, la presidenta de México, Claudia Sheilbaum, en perfecta coherencia con su toma de partido, diría que martiana, de “primero los pobres”, no asistió (es la primera vez que ocurre en la historia de estos eventos) al estadio de su país, donde se inauguró el campeonato. Ante los altos costos de las entradas, presenció el acto de apertura desde una pantalla abierta en la calle, junto a los aficionados. ¿Alguien puede decir que el mercado del deporte nada tiene que ver con la política?

La Jiribilla, ese medio digital que participa con elegancia y humor en la batalla de ideas”.

Lo que llamamos colonialismo cultural, no es la simple sustitución de unas tradiciones nacionales por otras. La cubana ha demostrado que es capaz de asimilar y procesar todas las influencias foráneas sin dejar de ser. Nos colonizan culturalmente cuando nos inoculan la cultura del tener, preámbulo de toda colonización política, la desconfianza en nuestras posibilidades de vencer, la creencia de que el colonizador es más fuerte, o más culto, o más capaz, cuando abandonamos la Patria que nos necesita.

En esa batalla cultural, que se libra mente a mente, nadie es prescindible. No somos pueblos bárbaros. José Martí, señalaba con inigualable agudeza que la civilización “es el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre europeo”, y que la barbarie “es el nombre que los que desean la tierra ajena le dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea”.

“Lo que llamamos colonialismo cultural, no es la simple sustitución de unas tradiciones nacionales por otras”.

La Jiribilla, ese medio digital que participa con elegancia y humor en la batalla de ideas, publica una sección gráfica diaria que ha titulado “La caricatura de guardia”. Sus guardianes han sido Ares, Adán, Lacoste, Martirena, Osval, José Luis, Lema. Los dibujos impresos en estas lonas fueron seleccionados entre muchos otros aparecidos en esa sección. Bienvenidos los amigos que comparten su humor incisivo con nuestro pueblo bloqueado que vive momentos difíciles, y resiste. Sí, Cuba, con una larga tradición, es el epicentro hoy del humor gráfico político; verá, en los oasis de luz, algunos partidos del Mundial, y seguirá la Liga Élite cubana de béisbol, en la televisión cuando sea posible, o en las redes; también las telenovelas de turno; acudirá, a pie, a los espectáculos artísticos más cercanos a su barrio y a las concentraciones populares en defensa de la soberanía nacional y de apoyo al pueblo de Palestina. Los cubanos no dejarán de reír, de pensar, de soñar, a pesar de los apagones, de las carencias, de la precariedad del transporte público, y de las amenazas. Por eso, una vez más, venceremos. Los invito entonces a disfrutar de las obras expuestas.

* Palabras pronunciadas en la inauguración de una muestra de la sección La caricatura de guardia de La Jiribilla, expuesta en la verja de la Uneac.